Por: Carlos Santamaría Ochoa20/01/2011 | Actualizada a las 16:23h
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No podemos seguir en nuestro país con la
mentalidad de que los cargos de la administración pública, sea cual sea el
nivel –municipal, estatal o federal- tienen que ser cuotas de poder. Es una
vieja práctica que ha dañado a la nación en forma irreversible. Recordemos que en los gabinetes, a través
de la historia, se ha colocado a cada individuo con una nula capacidad en el
área, que han terminado por echar por la borda lo que se logró construir en
años o décadas; otros llegan por compadrazgo y no tienen idea de qué hacer, por
lo que optan por lo más fácil: gastar dinero en imagen, en sus cosas
personales… pero nada en obras o en la cobertura de necesidades de la
población. Estas viejas prácticas siguen vigentes en
muchas áreas y lugares, en todo tiempo y sitios donde la administración tiene
injerencia. Peor aún es el hecho de que, cuando un
partido –cualquiera que sea- destapa a un candidato o lo “nombra”, como
garrapatas se adhieren cientos de personas que son capaces de cualquier cosa:
ir de mensajeros, choferes, estar en la oficina recibiendo recados, y para
desgracia de México, los menos son los que proyectan un buen plan de gobierno.
Eso es natural y nefasto, pero es lo que nos ha tocado vivir. Existen nuevos políticos que quieren
arrancar esos viejos vicios de las estructuras gubernamentales, sin embargo, lo
anterior tiene riesgos que pueden resultar altamente significativos y costosos,
porque en ocasiones, el que se quiere agarrar con todo del “hueso” no lo dejará
solamente porque alguien le ha dicho “con permiso”. Tratará de conservarse sin
importar el daño que pueda hacer a la estructura, la dependencia o a los mismos
trabajadores. Pero otro fenómeno que afecta enormemente a
la sociedad es el hecho de que alguien piense que debe llegar y echar abajo
todo: los programas que hubieron funcionado o no son cosa del pasado y tendrá
que hacer nuevas cosas que, aunque no sean mejores, deberán llevar el sello
propio. Nada más alejado a la eficiencia gubernamental. Y existen áreas que son muy difundidas por
la opinión pública: salud y educación son las que más se ven en medios, y no
porque las otras referentes a productividad y administración no tengan la misma
importancia, ya que para que una entidad pueda avanzar, se requiere de un plan
que abarque todas las actividades del hombre. Salud, educación (repetimos ambas),
agroindustria, ganadería, acuacultura, industria maquiladora, bienestar social,
obras públicas, seguridad y otras son determinantes, aunque, insistimos, las
dos primeras gozan de una mayor difusión. En este sentido, el dirigente de los
profesores en Tamaulipas, perteneciente al Sindicato de Nacional de
Trabajadores de la Educación –SNTE- Arnulfo Rodríguez Treviño ha exigido a la
administración del ingeniero Egidio Torre Cantú la correspondiente cuota de
puestos para sus agremiados, argumentando que bien se “fajaron” en la campaña
que ha llevado a nuestras autoridades a ocupar los cargos de elección popular
que hoy ostentan. Es menester que los dirigentes
magisteriales pongan los pies en la tierra y entiendan que los tiempos de
aquellos caciques ya concluyeron, pese a que en su dirigencia nacional tienen a
la pupila de Carlos Jongitud, quien dejó una huella poco grata en la vida
sindical mexicana. El sistema educativo tamaulipeco no puede
ser rehén de un individuo que no tiene más criterio que el que le dicte la
mujer que, solapada por la autoridad federal ha hecho y deshecho en la
educación del país, y ha convertido al SNTE y la propia secretaría de Educación
en un singular y gran negocio. Arnulfo no ha entendido que los tiempos han
cambiado y Tamaulipas quiere mejorar en muchas cosas que, si bien es cierto que
se avanzó según parámetros de medición nacionales, se debe hacer mucho más. Lejos están los tiempos en que las pruebas
ENLACE sean detonante para medir la calidad de la educación que tenemos en la
entidad; lejos, también, está ese tiempo en que vuelvan los ciudadanos a
confiar en los mentores como antaño, y los dejen de ver como vividores del
sistema burocrático. El gobierno de Tamaulipas está trabajando
en forma distinta a lo que los maestros esperaban, porque se pretende que haya
una administración eficiente y eficaz, lejos de cacicazgos e imposiciones y no
se requiere tener a esos cuantos vividores de las nóminas incrustados en cargos
de primero o segundo nivel. No están ellos para elegir: los maestros, y
lo debe entender el “profe” Arnulfo, están para educar, para aplicar los
métodos y sistemas de enseñanza con calidad y eficiencia, a fin de lograr que
México y Tamaulipas puedan avanzar en la ruta del progreso que todos queremos. Lejos está el tiempo en que debemos
supeditarnos a los caprichos de uno o dos lidercillos, solamente porque piensan
que hicieron los méritos suficientes: cargar una maleta o estar de
recepcionista durante una campaña no garantiza que estos personajes tengan
capacidad para un cargo de vital importancia en el sistema educativo, y lo han
demostrado a través de los años. Zapatero, a tus zapatos, dice aquel refrán,
y los profesores deben entender eso: a educar se ha dicho, que para eso
estudiaron, y dejen la administración a los que sí saben, y punto. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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