Por: Luis Lauro Carrillo17/01/2011 | Actualizada a las 22:13h
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En
estacapital y en todos los rincones del
país se escucha el clamor de la población, por la preocupación por las alzas generalizadas
en los precios de alimentos, bienes y servicios. La
entrada en vigor de impuestos aprobados en el 2010, el miserable incremento al
Salario Mínimo General del 4.85%, son variables que han generado consecuencias
inflacionarias, originando un aspecto
multiplicador en los efectos nocivos del comportamiento del resto de la
economía. Enero
comenzó con malas noticias: aumentos de precios en tabacos, refrescos,
impuestos, gasolinas, electricidad entre otros. A esto, había que sumar el
incremento en alimentos del 30%, en promedio, así como un alza arriba del 20% en
materias primas. El
gobierno de Felipe Calderón conforme a la ley de ingresos de la federación
incrementó los precios de las gasolinas y la energía eléctrica, con lo cual
afectó la maltrecha economía de la población en los peores momentos en que se disparaba
el aumento de precios en alimentos y materias primas. En
las tiendas de autoservicio, en los mercados, los comerciantes ven cómo la
gente huye al leer o escuchar los precios y la gente no sabe qué hacer para
estirar el gasto; la opción que les queda, empezando por eliminar de su mesa
los productos más caros y comer una o dos veces al día si acaso, De
septiembre pasado a la fecha el arroz aumentó 33%; el aceite, 50%; el huevo,
casi 60%, la tortilla 12 % y el frijol, 12%. En
esas circunstancias la Confederación Nacional Campesina (CNC) anunció una megamarcha
en contra de la creciente carestía, por la pérdida del 70% del poder
adquisitivo de las familias y la inseguridad que vive el país. Los
analistas no consideraban que los incrementos a los precios se dieran tan
rápido, lo esperaban a finales del primer trimestre de 2011. Así mismo se
estimaba que los inventarios y las buenas cosechas del sector agropecuario evitarían
el encarecimiento. Según
el manual de libre mercado, en la medida en que se incrementan los precios de
las materias primas, como los combustibles, los productores tienen que reflejar
esos aumentos en los costos y precios de venta. En
lo que respecta al salario mínimo general, su ridículo incremento ha sido
tomado como un insulto por el sector laboral, ya que para nada corresponde a la
realidad económica que vive el país, mismo que estará generando mayor pérdida
del poder adquisitivo del salario real, perdiendo capacidad de consumo. Para
el Gobierno federal es más importante mantener
a toda costa la estabilidad de los indicadores macroeconómicos contra el beneficio
social, parece existir de parte del las autoridades una obsesión por mantener
lo primero, subestimando lo segundo. La
carestía provocará que el dinero cada vez alcance menos y que la crisis
económica se agrave aún más entre las familias de menores recursos y las que
viven en la extrema pobreza, desamparadas y en el olvido, que suman millones en
México, con grave riesgo de estallidos sociales y más ingobernabilidad. El
saldo es de desigualdad social y económica, expresada en sesenta millones de
pobres que habla por sí sola del fracaso de la política económica. Garantizar
la alimentación de la población más allá de ser es una obligación del estado es
un tema de seguridad nacional. Es irresponsable dejar en manos del mercado esta
obligación, cuyos actores violan las reglas para enriquecerse más, peor aun
cuando se les faculta autorregularse. De
ahí que el Estado debe regular o limitar la rentabilidad del encarecimiento
cuando se pone en riesgo la estabilidad social, con castigo a los acaparadores
y hambreadores ya sea pecuniario o privativo de libertad. Ahora
bien si a las personas se les diera a elegir entre una democracia con hambre y
una dictadura próspera, eligen la segunda. Tener el estómago lleno es la
prioridad. El gobierno no está para especular sobre la gravedad de lo que
sucede. La
crisis económica, el desempleo, la carestía solo es cuestión de tiempo para que
los niveles de la pobreza en México lleguen a su máxima expresión que es la
pobreza extrema, con las previsibles consecuencias. En
definitiva los mexicanos al margen de quedar a expensas de la guerra contra la
delincuencia organizada, enfrentarán una economía familiar más deteriorada, con
más desempleo, más carestía y más pobreza, además de ver canceladas las
posibilidades de crecimiento y desarrollo integral de país. carrsot_l@hotmail.comTwiter: @luiscarrs
Luis Lauro Carrillo:
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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