Es increíble que haya personas que sufran los efectos de los marinos de primer viaje: el mareo es una de las características de quienes se hacen a la mar...
Por: Carlos Santamaría Ochoa17/01/2011 | Actualizada a las 14:32h
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Es increíble que haya personas que sufran los efectos de
los marinos de primer viaje: el mareo es una de las características de quienes
se hacen a la mar y no tienen la experiencia necesaria. El arrullo de las olas les mece hasta provocar el mareo;
en el caso de los marinos, sucede que se ponen mal, vomitan o caen y tienen que
acostumbrarse a su nueva vida. Igual sucede en la vida real, en el mundo citadino, en
las esferas del poder. La Real Academia de la Lengua dice que mareo es acción de
marearse, y marear, lo define de la siguiente manera: “Dicho de una persona o
de un animal: Desazonarse, turbársele la cabeza y revolvérsele el estómago, lo
cual suele suceder con el movimiento de la embarcación o del carruaje y también
en el principio o el curso de algunas enfermedades”. Sobre lo anterior, conocemos una “enfermedad muy
socorrida y frecuente, que se presenta cada tres años, aunque cada seis se
advierte en la sociedad con mayor intensidad. El mareo de la gente que llega y
piensa que los cargos son eternos. En este sentido, cobran vigencia las palabras de la
profesora Blanca Anzaldúa Nájera, quien durante su gestión al frente del
Instituto de Cultura, allá por el sexenio de don Américo Villarreal Guerra (+)
decía: “mira, el cargo éste es para servir al estado y para hacer amigos; estoy
consciente que puedo dejarlo si me lo piden, el día de mañana, o concluir el
sexenio, por eso, me debo llevar muchos amigos”. Y algunos servidores públicos han hecho eco a esta
recomendación, ya que al tomar posesión, luego de haber sido incluidos en el
equipo de trabajo del ingeniero Egidio Torre Cantú, se han dispuesto a cumplir
con la encomienda encargada, y servir a los demás: han entendido que es un
premio y un compromiso, porque se han convertido, de políticos a servidores
públicos, siendo esto lo más importante. Quien no aprende a servir, no sirve
para estar en un cargo, y eso lo tienen claro los triunfadores. Claro, en todos los equipos hay gente que no sabe
adecuarse a su nueva realidad, y sufre ese mareo que dice la RAE que marea a
algunos sujetos, pero sobre todo, a los animales, a quienes, entre otras cosas,
se les turba la cabeza. Victoria, la capital, está de plácemes porque hemos
elegido a un excelente político como presidente municipal: Miguel González
Salum, lo comentamos hace meses, es un hombre de principios, moral, honestidad,
eficiencia, disciplina y mucho trabajo, y ha invitado a su equipo a gente que
tiene que entender la mística del alcalde González Salum: trabajar para los
demás. Aquí no caben pretextos infantiles como “que pase primero
la señorita”, o el de “son del sindicato, pasan primero, porque los criterios
los establezco yo”. ¿Así o más autoritarios? El organigrama municipal tiene muchos nombres, cargos y
puestos, todos, enfocados a cumplir con las expectativas que tiene la
ciudadanía de sus servidores públicos. Los síndicos y regidores llegan al
Cabildo por elección, ya que se conforma una planilla electoral que encabeza el
candidato a alcalde, y luego se nombra a los que llegan por porcentaje de
votos. Pero los funcionarios… esos tienen que elegirse
cuidadosamente, ya que uno de éstos puede echar a perder el buen trabajo o
intenciones de quien dirige los destinos del gobierno local, en este caso, don
Miguel González Salum. No entendemos, sinceramente, el hecho de que se manejen,
a 17 días de haber tomado el cargo, con la prepotencia típica de una persona
que no tiene la adaptación necesaria para servir; el pensar que las audiencias
se manejan a criterio del servidor es una grave falla que se ha
institucionalizado: las personas son las mismas, sea cual sea el cargo, y nadie
tiene por qué ser autoritario, menos en una administración que encabeza una persona
con tacto político, mucha educación y disposición de hacer el mejor de todos
los papeles como alcalde. Miguel no merece tener en su equipo de trabajo a gente
que no tiene mística de servicio, porque destrozan las buenas intenciones. Y sucede que éstos –los que llegan sin estar preparados-
se marean muy pronto: cierran sus oficinas con llave y no permiten a nadie
entrar; “conceden” audiencias según su criterio, cuando la ciudadanía no tiene
por qué padecer ese sentimiento endiosado que manejan. No son dioses, no son sagrados: son seres humanos con la
oportunidad de servir, nada más. Así de sencillo es el asunto. Existen áreas en una administración que son vitales para
su buen funcionamiento, dado que tienen mayor roce son la comunidad, y dentro
de ésta hay gente de todo tipo, es decir, hay que tener el talento necesario
para el manejo de los diversos asuntos que llegan ahí. Suponemos que estos personajes deberán entender la
“línea” de gobierno, y entenderán que más que un premio, el haber sido invitados
a su cargo implica un gran honor y una enorme responsabilidad, porque podrán
servir sin marearse, para que los ciudadanos entendamos que la autoridad está
para eso: para servirnos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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