Por: Carlos Santamaría Ochoa16/01/2011 | Actualizada a las 16:05h
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La estadística se constituye como arma de dos filos,
porque de igual manera nos permite saber el comportamiento, por ejemplo, de la
sociedad, que en exagerar o minimizar alguna situación. De acuerdo con la
manera que se manejen los datos es el resultado mediático.
Pero hay datos que realmente espantan en toda la
extensión de la palabra, y cuando se habla de violencia de género, simple y
sencillamente resulta inadmisible que seamos una nación de golpeadores, aunque
haya mujeres que sepan hacerse justicia, golpeadoras, que delinquen y demás. El estado de Hidalgo, por ejemplo, establece según
información publicada en la prensa nacional que 7 de cada 10 mujeres sufre
violencia, y que las organizaciones civiles de aquel estado buscan crear la
figura legal del “feminicidio”, para que se tenga una aplicación de la justicia
un poco más clara y que, redundantemente, haga justicia a las féminas
maltratadas. Dicen que cada agresión deja en promedio pérdidas
económicas de mil 500 pesos a la semana, o sea, el daño psicológico físico, y
agregue el económico. Poco o nada se hace para evitar estas prácticas. Y la diputada panista Josefina Vázquez Mota recuerda que
en el país cada 15 segundos se registra una agresión a una mujer. 4 por minuto,
o sea, 240 por hora que también suma 5 mil 760 al día, y si nos vamos un poco
más, diríamos que la estadística arroja ¡2 millones, 102 mil 400 mujeres
agredidas! No todo es golpe físico: el maltrato emocional,
intimidación, abuso sexual y otros están presentes, según la legisladora blanquiazul,
en los hogares mexicanos. ¿Qué estamos haciendo al respecto? El discurso es interesante, brillante, emotivo y
enérgico: ¡No más violencia para la mujer!, pero dicho sea con toda honestidad:
de ahí no salimos. Es como escuchar aquello de los “daños colaterales” o de las
“condolencias rutinarias”. Los varones tenemos la fama de ser agresivos y
golpeadores porque tenemos grandes complejos y frustraciones, ideas
equivocadas, pero también hay que entender que muchas mujeres sufren distintos
tipos de violencia porque así lo han decidido. Llegaban al HospitalGeneral a atenderse, y cuando se les pedía que denunciaran, algunas
decían: “no, ya que él me pega porque me quiere”, y como ésta, había muchas
razones por las que llegaban así. Sin lugar a dudas, quien abusa de un ser humano
físicamente menor o con capacidades limitadas no merece clemencia: deberían
imponerle penas muy severas,y a veces
se antoja que deberían aplicar la ley de Tailón, que tiene como base el “ojo
por ojo, diente por diente”, es decir, que les hagan lo mismo que hicieron. Claro, eso no quita lo retrógrada a quien lastima ni el
trauma a quien sufre este tipo de violencia, y eso lo tenemos más que claro. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e
Informatica, dos de cada tres mujeres son víctimas de violencia a manos de su
pareja; más de medio millón en el ámbito urbano fueron amenazadas por sus
parejas con matarlas. Esa es la realidad que tenemos que enfrentar… y aliviar,
porque de nada sirve la energía de los discursos “bonitos” de quien gobierna si
no hay castigos severos para quien comete estos ilícitos. Duele leer el testimonio de Guadalupe, quien dice: “fui
agredida por él desde los primeros días en que me embaracé de mi primera hija,
hace 26 años, y eso nunca cambió. Debí dejarlo a tiempo…”. Algo se debe hacer al respecto, y seguramente, quienes
conforman la LXI legislatura local buscarán la manera de cambiar las
estadísticas, aunque la principal labor debe emanar de la casa, del hogar donde
debemos dejar de “enseñar” a la mujer que el hombre es el pilar de la casa, el
bastión, la autoridad, porque siempre hemos sido de la idea que los privilegios
y responsabilidades, cuando uno contrae nupcias, se deben compartir, y ni ella
es propiedad de él ni él de propiedad de ella: ambos somos iguales y tenemos
los mismos derechos. Debemos dejar de enseñar a las hijas que deben sumisión
al marido, y a ellos, abrirles la mente para que acepten la maravilla que es
una mujer con sus virtudes y defectos, y que tiene tanto valor en una relación
como él mismo. Aprender a valorar, a dimensionar las consecuencias de
una buena o negativa relación nos ayudará a evitar muchos casos de violencia de
género. En este sentido, seguramente que diremos adiós a las
famosas “cuotas” de cargos de elección popular, de puestos y posiciones,
porque, cuando ambos nos consideremos iguales, las oportunidades en todas las
actividades de la sociedad tendrán dos protagonistas: él y ella, con la misma
valía y posibilidades de ser lo que desean ser. El éxito y al felicidad no tienen género, la valoración
del ser humano tampoco, y seguramente, ante los ojos del Creador, seguimos
siendo como nos enseñaron hace miles de años, en aquellos tiempos: iguales a
los ojos de Dios. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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