Por: Melitón Guevara Castillo13/01/2011 | Actualizada a las 18:21h
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La democracia funciona donde las distintas fuerzas
políticos cuentan con líderes capaces de dialogar, de ofrecer alternativas y
sobre todo, de llegar a acuerdos. De ahí, luego entonces, la necesidad que
tiene cada partido político de construir un liderazgo: para la elección
presidencial del 12, prácticamente todos los partidos políticos en Tamaulipas
deberán renovar a su líder. El PRI, en este caso, se adelanta en virtud de la
renuncia presentada por Ricardo Gamundi.
¿Quién será el nuevo líder partidista? Se entiende que
tiene que ser alguien que, mínimo, se identifique o responda a los intereses de
quien, por la vía de la praxis política, es el líder real del PRI en la
entidad. No miento, si digo que en este caso, medio mundo lo sabe y dice, es
una atribución, diría Jorge Carpizo, metaconstitucional de Egidio Torre Cantú.
¿Quién, entonces, para el liderazgo? En este sentido, como bien dice un colega,
la especulación periodística ha fallado y se han dado sorpresas, al menos eso
sucedió con el gabinete estatal. El método de la exclusión funciona bien: ya se descarto
Oscar Almaraz y entre los expertos hay la certidumbre de que Manuel Muñoz no
tiene la menor oportunidad. Siguen, en el cotorreo, nombres como el de Enrique Cárdenas
y el de Lucino Cervantes, más claro, los que aparezcan de aquí al domingo. Lo
cierto es que, si fuera Enrique o Lucino, se estaría privilegiando la
experiencia, la capacidad; en el entendido que Lucino es, hoy por hoy, el mejor
conocedor de los vericuetos de la operación política partidista. Ya esta,
dicen, inventariado ahí. En la práctica, para ser el líder del PRI en la entidad,
no se requiere de una capacidad extraordinaria: solo de una condición, tener el
apoyo –formal y practico-, de quien ejerce el poder político. A partir de ahí,
quien cumpla tal encomienda, podrá desarrollar un buen o mal ejercicio de liderazgo,
según sea su capacidad para tomar decisiones, responder a los intereses del
grupo en el poder y construirá, así, paso a paso, un andamiaje que aceite toda
la estructura partidista, la que proporciona poder al garantizar triunfos
político-electorales. Los líderes del PRI estatal enfrentan una realidad:
tienen que ganarse a la base militante, a los electores; luego entonces, deben
buscar apoyar las causas populares, ser promotores y gestores de bienestar
social para todos los grupos, en especial, para los vulnerables.Y no pueden, en esa coyuntura, actuar como lo
hacen otros partidos políticos: que para tener clientes electorales no vacilan
en despotricar en contra del gobierno, en organizar mítines y plantones frente
a gobierno y, en el caso extremo, tomar las oficinas de alguna dependencia
publica. El imán clientelar para el liderazgo partidista tiene que
darse a través de la función pública. El gobernador tiene que ganarse a los
gobernados; tiene que cumplir y vincularse con ellos; en la medida que crece su
imagen popular, se entiende, su partido se fortalece. Ahí es donde está la
cuestión del asunto: no basta con administrar, es decir, cumplir con eficiencia
las tareas de la función pública, de hacer obras y mas obras, de apoyar a los
grupos sociales vulnerables, es preciso también hacer política. Ahí es donde
está, como quien dice, el vinculo de lo que han denominado el PRI-Gobierno.
Quien administra y no hace política, crea condiciones para perder el poder
político. CONTRAESQUINA. Alfredo González Fernández anuncia disminución de sueldos
y compensaciones a los servidores públicos; Jorge Abrego, propone que las
direcciones se conviertan en Subsecretarias, es decir, les incrementa nivel
jerárquico y, por ende, el sueldo. ¿Disminuyen y aumentan? ¿Quedan igual? Elba Ruth Vázquez ya evidencio que será un “cadillo” en
el gobierno municipal de Miguel González Salum, en la capital. Ya tuvo su
primer agarre con Amelia Rincón Tuexi; compadrazgo y nepotismo de por medio. Erika Crespo, regidora del PANAL en Victoria, no quiere
horario de trabajo. Su postura es válida: que el servicio público no tiene
horario. La cuestión es, en todo caso, que el servidor público esté disponible,
que no se esconda y que haga la talacha que le corresponda.Comentarios: meligue@prodigy.net.mx
Melitón Guevara Castillo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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