Muchos de nosotros recordamos aquellos tiempos en que llegó la crisis tan fuerte que nos orilló a echar mano de los créditos en todos los rubros; las tarjetas bancaria...
Por: Carlos Santamaría Ochoa10/01/2011 | Actualizada a las 15:37h
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Muchos de nosotros recordamos aquellos tiempos en que
llegó la crisis tan fuerte que nos orilló a echar mano de los créditos en todos
los rubros; las tarjetas bancarias no fueron la excepción, y hubo quien tuvo
necesidad-o gusto- para endeudarse más
allá de lo que sus posibilidades le permitieron, lo cual constituyó un grave
error que se pagó caro: los bancos quebraron prácticamente y el gobierno entró
al quite, con el famoso Fobaproa, que no hizo más que condonar las deudas de
los más ricos del país y empobrecer a los pequeños deudores, es decir, los
ciudadanos que nos quedamos atorados por falta de un ingreso justo. En esos tiempos, era muy fácil obtener un crédito: todo
mundo ofrecía el endeudamiento y cualquiera podría cargar en su cartera tres o
cuatro micas de distintos bancos, aunado a las de tiendas departamentales que
de igual forma imprimieron tarjetas al por mayor. Luego vinieron los problemas: la gente sin liquidez y las
demandas al por mayor; el Buró de Crédito se dio vuelo con las enormes listas
de “deudores”, abusando algunas instituciones bancarias de este recurso, dado
que por cualquier cosa anotaban a alguien y difícilmente lo quitaban. Existe en el país un banco que cada año “renovaba” la
lista de deudores en el Buró, a manera que, pasaban diez años y la gente seguía
apareciendo, a pesar de que un sinnúmero de deudas fueron canceladas y
cubiertas con los recursos del Fobaproa, que, insistimos, se aprovechó para la
clase pudiente políticamente hablando, en todo el país. El caso es que fue una época difícil para millones de
mexicanos. Hoy, la situación podría repetirse porque durante 2010 la banca
nacional –aunque es extranjera en su mayoría- ha lanzado una muy agresiva
campaña de tarjetas de crédito, aunque dicho sea con toda claridad, mucha pero
mucha gente ha hecho un buen uso de este recurso: pagando a tiempo, procurando
no endeudarse más de lo que pueden pagar y demás. Diciembre se constituye como el mes donde las compras se
incrementan en un importante porcentaje por la temporada de navidad. Lo
anterior y las campañas consumistas tan fuertes orillan a mucha gente a querer
quedar bien con sus allegados a través de regalos. La apertura de una nueva
tienda departamental en Victoria también llevó a muchos a obtener créditos o a
emplear los bancarios para satisfacer sus necesidades de obsequios, costosos en
su mayoría, pero finalmente, que engrosaron las cuentas de estas empresas en
detrimento de los consumidores. Hoy se presenta algo así como una “resaca” o “cruda”,
porque la gente no tiene con qué pagar en un porcentaje importante, al menos
esos son los datos de la banca, la que augura un sinnúmero de conflictos por
resolver a través de la Condusef, órgano creado para la defensa de los
consumidores de productos bancarios y garantizar sus derechos, aunque en la
realidad son pocas veces las que se ajustan a la realidad y a la justicia. Hay
casos en los que pareciera que son accionistas de un banco, porque hacen de
todo menos defender al usuario. En este caso, ¿qué se puede esperar? Los cambios obligados en la administración estatal han
dejado a mucha gente sin el ingreso con que contaban: o ganan menos o están
desempleados, y eso repercutirá seguramente en la calendarización de sus pagos. Cierto es que el incumplimiento de pagos denota una falta
de responsabilidad: muchos sabían que la administración anterior concluiría el
31 de diciembre y podrían quedar en el aire laboralmente hablando, sin embargo,
aun así hicieron uso de sus créditos. Ahora, hay que pagar y punto. Entonces, habrá que esperar la actitud de la banca en
este sentido: no se puede obligar a la gente por la mala a que pague, porque si
uno no tiene el recurso, no es que se niegue, sino que valida aquel dicho:
“debo, no niego: pago, no tengo”, que mucho se emplea en tiempos difíciles. Habrá que ingeniárselas para buscar nuevas estrategias
que nos permitan estar al corriente y avanzar en el pago de la deuda, porque
luego sucede que uno paga y paga y no avanza, por lo elevado de los intereses.
Se paga puro interés y nada de capital. De hecho, si usted tiene un crédito hipotecario o
automotriz, dele un vistazo a la lista de pagos y verá que los primeros meses
–o años- se avanza muy poco en el pago de la deuda. Claro, los banqueros no tienen la culpa de la falta de
organización o liquidez de nosotros los usuarios: finalmente, es su dinero y
nos lo prestan para satisfacer nuestras necesidades y gustos, y lo justo es dar
a cada quien lo suyo, en este caso, pagar lo que nos han financiado o prestado. Pero llama la atención el que autoridades de Condusef
estén preocupadas porque visualizan el fenómeno ya cercano. Esperemos que en todos los que tengamos un crédito o
deuda pendiente podamos enfrentar esa responsabilidad, hacer lo que debemos,
pagar a tiempo y evitarnos conflictos que pueden derivar en pleitos judiciales
que a nadie benefician, salvo a los abogados que participan en ellos en forma
profesional. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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