Por: Carlos Santamaría Ochoa23/12/2010 | Actualizada a las 17:45h
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Como
suele suceder en estos días, los mejores sentimientos y pensamientos de la
gente están con cada uno de nosotros: los amigos que encontramos en algún
almacén, tienda o avenida, no deja de regalar el abrazo y las felicitaciones,
los buenos deseos y todo eso típico de la Navidad. Es una época para compartir
y lo sabemos todos, a grado tal que muchas veces sacrificamos hasta los
aguinaldos para compartir con los demás lo poco o mucho que tenemos. Lo que sí
es cierto, es que, de cualquier credo religioso, la navidad tiene un
significado muy especial y todos, absolutamente todos tenemos injerencia
directa, por la fe, por las tradiciones… o por ambas. Y pese a
que este año los convivios se redujeron en forma significativa, quizá por la
inseguridad o porque mucha gente ha entrado en crisis y ha preferido dar a sus
colaboradores un regalo modesto en lugar de hacer grandes comilonas, hoy la
navidad luce distinta para muchos de nosotros. Fría,
seca, como que algo le falta. Y es que el calor humano es fundamental, más,
cuando vas por una de nuestras calles y ves a los vecinos platicar o caminar
por la acera de enfrente. Hoy, desoladas, nuestras calles muestran aún más el
frío invierno que entró el pasado día 21 y comienza a hacer mella en el
organismo de algunos que, ya entrados en años, hemos de padecer los dolores en
articulaciones u otra parte del cuerpo. Pero es
Navidad, y hay que dar gracias al Ser Supremo, cualquiera que sea nuestra idea
de EL. Y
seguramente estaremos también con las últimas compras, los últimos movimientos
y los últimos abrazos a los amigos, para ingresar a ese especial mundo familiar
que debe rodear a la Navidad; no es como el año nuevo: hoy, como que se antoja
estar con la familia, y en la cena del año viejo y año nuevo, entonces
podríamos considerar otras opciones, pero esta noche será de la familia y de
nuestra fe o devoción, de nuestros sueños e ilusiones. Muchos
nos quedamos en casa, otros, tuvimos oportunidad de salir a otros lugares, pero
lo importante es que podamos disfrutar de estas fiestas tan especiales. Y
pretender regalar, como lo hace el famoso gordo de traje rojo, una serie de
cosas a los nuestros: regalar esos dones que la vida otorga y nos proporciona
para utilizarlos en bien de los demás, para convivir y para ayudar a cuanta
persona nos rodea. Los
donde, como decía alguna ocasión un gran escritor, que son los de la amistad,
el amor y el perdón, la humildad y la sencillez, el entusiasmo y la alegría, la
salud y la risa, entre muchos otros. Es la
hora de elegir entre todos éstos al que más convenga a cada uno de los que
están cerca de nuestros afectos y corazón, para que pueda hacer un responsable
y eficiente uso del mismo, y pueda compartir entonces esas cosas que nos hacen
diferentes cada día cuando les cultivamos, y que cuando les dejamos en el
olvido, nos pasan un atento recordatorio para que no olvidemos la misión a la
que fuimos llamados a participar cuando llegamos a este mundo. Quizá uno de los más importantes regalos de
esta índole sea el de la amistad, porque de este don –o sentimiento, o valor-
parte prácticamente todo lo que podemos hacer en relación con los demás: un
buen padre es, antes, un buen amigo, al igual que el hijo, que primero es amigo
y luego lo que la vida le otorgó. Una
pareja siempre se empapa del amor que crece cuando la amistad está muy bien
cultivada, al igual que los amigos o compañeros de oficina: cuando logramos
compenetrar sus mundos y conocer un poco de su intimidad, de su ser más
profundo, entonces los consideramos amigos, porque éstos difícilmente le fallan
a los demás. Los
amigos son, quizá, el mejor regalo que la vida puede dar a una persona, y
tenemos que valorarlos, aquilatarlos y cuidarlos como si fueran una pieza única
que, finalmente, lo son, ya que nunca tendremos dos amigos iguales. Y entre
esos dos sentimientos fundamentales como son el amor y la amistad surgen muchos
más: la confianza, la honestidad y todos los que comentamos antes y que
conforman la etiqueta que hemos de seguir y llevar durante nuestra existencia. Hoy, hay
que desear lo mejor de lo mejor para cada uno de los que nos rodean, pero
tratar de que este pensamiento sea durante 365 días cada año, para que entonces,
las buenas cosas lleguen a todos los que las merecen, y para los que no las
merecieron, que lleguen para que las conozcan, valoren y cultiven en el próximo
período. Nos da
mucho gusto compartir la navidad con seres maravillosos, con amigos queridos y
con esas personas que están siempre cerca. Que el
gordo de la ilusión llene sus hogares de felicidad, de alegría, y que el amor y
las buenas cosas materiales nunca abandonen la casa. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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