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Sección: Editoriales / Escenario político
Dos tipos de cuidado, Moreira y Calderón
Con sus cristalinos diáfanos, transparentes, límpidos, traslúcidos y purificados pensamientos, el descendiente de franceses MARCELO EBRARD...
Por: Marco Antonio Torres de León
23/12/2010 | Actualizada a las 09:01h
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Con sus cristalinos diáfanos,
transparentes, límpidos, traslúcidos y purificados pensamientos, el
descendiente de franceses MARCELO EBRARD, jefe de gobierno del DF, comienza su
carrera política rumbo a la definición de su vida, conquistar la presidencia de
la República.
Con todo el decir y desdecirse de DIEGO
FERNÁNDEZ DE CEVALLOS.
La verdad Marcelo Ebrard inicia su
carrera rumbo a Los Pinos con muy buenas posibilidades, hasta hoy.
Y por lo pronto, cándidamente Marcelo
revela su realidad, o como dijo Niurka, habla su veldá, cuando externa: “soy el
único que no se da por muerto”.
Envuelto así entre tumbas de mármol
(Marcelo significa guerrero, soldado, marcial) y entre guturales sonidos de
ultratumba, al defeño Marcelo no le resta más que aceptar el reto de lanzarse
en pos de ganar la guerra del posicionamiento.
Pues busca derrotar a aquéllos lobos
esteparios. Aunque primero que todo, a AMLO, su enemigo interno.
Marcelo
expresa su ideario así, pues, con aquélla candidez, -soy el único que no se da
por muerto-.
Lo manifiesta tratando de llamar la
atención de los “tetos” de la política, gente sin profunda definición pero
dueños absolutos de la nómina electoral que por antonomasia existe; y que a su
vez rige al país.
Porque ciertamente enfrente de él –de
Marcelo, a él nos referimos- existen puros viejos lobos de mar, o diríase de
otra forma más peyorativa, puro pellejito.
O si no lo cree, amable lector, cuéntele
usted mismo.
Uno, AMLO es todo un sesentón sin
privilegios; súmele ahora a Diego Fernández de Cevallos, de 68 floridas
primaveras y con una barba que debiendo ser gris tras 220 días de claustro y
confinamiento, “milagrosamente” su barba le apareció en público totalmente
blanca, límpida, como recién lavada con shampoo Pantene.
Por cierto, seguimos preguntándonos,
cómo es que DIEGO PIÑAS primero admite que leyó (leí no más de lo que se me
permitió hacerlo, para lo cual no entraré en detalle, dice) algunos libros, y
luego asegura que no.
Por lógica se deduce que para leer
libros durante su secuestro le fue quitada la venda de los ojos, si no ¿cómo
diablos iba a poder leer?
Por eso enfatizamos que la duda y el
sospechosismo lo persigue.
Pero luego Diego Fernández sostuvo que
si le quitaban el vendaje de sus ojos, “moriría irremediablemente” con el
eventual riesgo de ver a mis secuestradores cara a cara, de frente, aunque sea
un segundo.
La verdad no entendimos. Primero dice
una cosa y luego otra.
Y por último tenemos –y contamos- a
Santiago Creel, un aspirante presidencial con poco menos de 60 de edad en la
concha, edad casi igualita que AMLO. Pero con un pasado caciquil lleno de
manchas de sangre y de esclavitud pues en aquélla pre-revolucionaria,
entiéndase época de haciendas y latifundios, sus ancestros –los Creel de
Chihuahua- fueron dueños de vidas, de conciencias y haciendas. Lo fueron hasta
decir basta.
En otros términos, Santiago Creel es un
hombre que proviene de una casta distinta a la que conforman al menos 85
millones de habitantes.
Existe además un cuarto aspirante
presidencial en potencia, de cara al año 2012; es un hombre viejo, carcacho,
arcaico, antiguo, veterano, vetusto y todo un anciano de la tercera edad.
Para acabar pronto, llámase CARLOS
SALINAS DE GORTARI. Carlos también pretende posición y desea fungir nuevamente
como candidato a la presidencia de México. No deja de suspirar por el poder
perdido y va tejiendo sus tenazas.
Hará todo por ganar. Aunque para ello
tenga que usar –como los alacranes- su cola mortífera, dejando su veneno en la
humanidad de Enrique Peña Nieto.
Así pues tenemos que los tres o 4
aspirantes presidenciales citados son por igual, unos perdedores en hechos,
fama y en verdad.
Ejemplos: Santiago Creel perdió las
elecciones en el DF cuando fue candidato del PAN a la jefatura de gobierno.
Diego Fernández de Cevallos –por su
parte- fue el candidato perdedor en aquéllas elecciones presidenciales de 1994,
con Ernesto Zedillo Ponce de León como ganador.
Y AMLO, como ya dijimos, fue junto con
los demás personajes citados un candidato perdedor en dos ocasiones; una, en
Tabasco y otra, en las presidencialistas del 2006.
Así pues, cada uno cuenta con un
historial para llorar puras lágrimas de cocodrilo.
La segunda derrota que sufrió Andrés
Manuel es vastamente conocida.
Se trató de la elección por la
presidencia de la República. Esta ocurrió en el año 2006, en donde López
Obrador tuvo qué llorar lágrimas de sangre porque FELIPE CALDERÓN HINOJOSA lo
derrotó con escasos 500 mil votos de diferencia.
¿ Alguien recuerda aquélla trillada
expresión que a la letra dice:
- ¡!Voto por voto, casilla por casilla,
voto por voto, casilla por casilla?
Por eso hemos sostenido, este es el
momento histórico de MARCELO EBRARD, es su período de brillo. Marcelo no es un
perdedor, por donde se le vea.
Nos da la impresión que está dispuesto a
superar las expectativas.
En síntesis, MARCELO EBRARD debe de
aprovechar el momento de algidez, indiferencia y sequedad que vive la
ultraderecha (¿cuándo no ha sido así?), así como la fragilidad de la izquierda
convenenciera simbolizada por el PRI.
Ambos partidos tienen hundido al país.
HUMBERTO MOREIRA, aun gobernador de
Coahuila, amante de las estirpes y de la cesión familiar de derechos
gubernamentales, se apresta a ocupar la presidencia del PRI nacional.
Lo hará con total impunidad. Pero con la
lengua suelta.
Así pues, tenemos que Marcelo Ebrard
posee una juventud que no tiene ninguno de sus futuros competidores, ni AMLO,
ni DIEGO FERNÁNDEZ ni tampoco Santiago Creel Miranda.
El único que se iguala con él en juventud
es ENRIQUE PEÑA NIETO, el mexiquense que recién se casó con La Gaviota y quien
a su vez es poseedor de un gel muy parecido al moco de un elefante africano; un
gel duro muy pero consistente.
Resumen: mucho más joven que sus
maduritos adversarios, entre quienes destacan los aspirantes DIEGO
FERNÁNDEZ DE CEVALLOS, CARLOS SALINAS DE GORTARI y ANDRÉS MANUEL LÓPEZ
OBRADOR y SANTIAGO CREEL, el defeño perredista persecutor de alianzas
estratégicas multipartidistas de izquierda y a la vez gobernante del Distrito
Federal, avanza a paso firme.
Mientras tanto, Humberto Moreira
–con sus declaraciones afrentosas- ha desenterrado el hacha de guerra de
manera tácita, a menos de año y medio de la celebración de las elecciones
presidenciales.
Evidentemente lo hace en el peor de los
momentos, desentierra su arma de guerra contra Felipe Calderón, el que mal o
bien, es el que reparte el queso.
Todo esto, créalo, beneficiará
indirectamente a AMLO o a MARCELO EBRARD. Y confrontará al PRI con el PAN.
Como quiera que sea, hablantín o como se
le llame, el norteño Humberto Moreira ya le declaró la guerra a Felipe “el hijo
desobediente”.
Así pues se espera para el PRI un premio
bonificado por concepto de “pronto pago”.
Sinceramente pensamos que lo hecho por
Humberto Moreira, o séase pelear con Calderón Hinojosa, lo hace en el momento
menos indicado.
Diríase pues que Calderón es todo un
peladito con mecha corta, por aquello de su ira incontenible.
Pero Moreira le dice a Calderón, quítate
que a´i te voy.
El coahuilense está poquito peor, con
daños patológicos acentuados, debido a un “complejo de inferioridad” que sufre,
y que es imposible de ocultar, el mismo que preludia afrenta entre él y
Calderón.
Ambos son tipos de cuidado. “No le
metas, no le saques; no le saque, sí le saco”, así reza aquélla añeja canción.
Mucha de la culpa se la debe Moreira al
costumbrismo de abrir su boca de más, repetimos.
Su lengua es incontinente; aunque allá
él.
De orejas grandes y zapatos como del 12
americano, parece ser en síntesis que en el espectro político mexicano solo
veremos mole y más mole, a partir de ahora.
La mitad de la sangre saldrá de las
narices de CALDERÓN y la otra mitad de las narices de MOREIRA.
Bien, es todo, hasta mañana.
Como si no bastara el show que acaba de
montar Diego Fernández de Cevallos.
Hasta aquí.
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