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Sección: Editoriales / La Ley de Herodes

El sistema penitenciario ¿papa caliente?

Por: Miguel Ángel Isidro 19/12/2010 | Actualizada a las 19:25h
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La escandalosa fuga masiva de 151 internos de un centro de readaptación social ubicado en Nuevo Laredo, Tamaulipas, pone nuevamente en evidencia uno de los eslabones más débiles de nuestro sistema judicial: la inoperancia de nuestro aparato de readaptación social.
 
En un sistema moderno de instituciones, la readaptación social debería ser el mecanismo más sano del aparato judicial, ya que es el espacio donde se da cumplimiento a las sentencias emitidas por los jueces, y al mismo tiempo, debieran ser la herramienta que permita la rehabilitación de los individuos que con su comportamiento han lesionado a la sociedad.
 
Sin embargo, en nuestro país ocurre todo lo contrario, habida cuenta del mal endémico de nuestras estructuras sociales, que no es otro que el de la corrupción. Hoy en día, no hay una persona en sus cabales que crea que el sistema carcelario mexicano es funcional.
 
Este ha sido uno de los motivos por los cuales hemos señalado que la supuesta guerra del gobierno de Felipe Calderón contra la delincuencia organizada carece de estrategia y dirección. No sólo se trata de que el largo brazo de la ley alcance a los delincuentes, sino garantizar que una vez sometidos al  resguardo de la autoridad, no podrán seguir haciendo daño a la sociedad.
 
Resulta sumamente preocupante que después de que trascendiera la aparatosa fuga del pasado jueves – detectada hasta que se procedió a un pase de lista- las autoridades estatales y federales estén enfrascadas en una guerra de recriminaciones mediáticas en la que lo único que ha quedado claro es que ni el gobierno local ni el de la República son capaces de poner orden en las cárceles del país.
 
Son varios los factores que se deben corregir en el sistema penitenciario mexicano. Analicemos algunos de ellos.
 
1.- La capacidad carcelaria está rebasada:  En México se llega a la cárcel fundamentalmente por dos motivos. Primero, cometiste un delito y no te pudiste evadir, o … segundo, no tuviste dinero para comprar a la justicia, seas inocente o culpable de un delito. Las cárceles están llenas de inocentes o ignorantes que no pudieron costear una defensa.  Si a ello agregamos el hecho de que normalmente en muchas cárceles conviven sin distinción reclusos procesados con sentenciados… eso complica más el asunto.
 
2.- Las cárceles no son seguras:  Ninguna autoridad tiene el control de lo que ocurre al interior de los penales. Se ha comprobado muchas veces que algunos grupos delincuenciales operan desde el interior de las cárceles, y que otros tantos pueden fugarse de las mismas en el momento mismo en que lo decidan.  Probablemente ha llegado el momento de pensar en nuevos modelos de reclusión.
 
3.-    Las cárceles mexicanas no readaptan:  El calificar a los penales como “universidades del crimen”  constituye un lugar común sumamente gastado, pero es sin duda una dolorosa realidad. El autogobierno carcelario es aceptado en muchas de las ocasiones como un “mal necesario” por las propias autoridades. A nadie sorprende que se detecte que al interior de las cárceles se trafique con alcohol y estupefacientes.  La masificación de las cárceles impide su control y resguardo.
 
4.- Las cárceles mexicanas son sumamente costosas: No tengo el dato actualizado, pero póngase a pensar en lo que representa el costo operativo de un penal. Construirlo, acondicionarlo, equiparlo. Dotarlo de personal administrativo y de custodia.
 
Proporcionarle los suministros alimentarios. Todo de nuestros impuestos. A ver, entonces ¿los contribuyentes pagamos con nuestro dinero la manutención de los sujetos que nos roban, extorsionan, defraudan, ultrajan y asesinan a nuestros conciudadanos? Así es. Triste pero cierto.
 
Por estas razones y muchas más, es urgente que nuestras autoridades trabajen, pero en serio, en una profunda reestructuración de nuestro sistema judicial. Es inaceptable que en nuestro país existan cárceles donde se recluya bajo el mismo techo a delincuentes de alta escuela y a personas que roban por hambre. Lo peor de todo es que este tipo de reformas las tenemos que dejar en manos de un poder legislativo que ha dado repetidas muestras de ser escasamente preparado, incapaz , indolente, cínico y voraz. Tal vez haya excepciones, pero la mayoría es evidente.
 
La pregunta sigue siendo la misma. ¿A dónde pondrá el señor Calderón a los grandes capos en el remoto caso de que pueda echarle el guante a todos? ¿Quién los va a vigilar? ¿A qué costo?
 
DE BOTEPRONTO:  Hasta antes de que se conociera el caso de la quinta fuga masiva del sexenio, entre los planes de arranque del equipo de Egidio Torre Cantú figuraba una extensa gira por todo el territorio de Tamaulipas, como  proyecto inaugural de su gestión como gobernador constitucional del estado. Debemos suponer que  la idea sigue en pie, pero necesariamente con diversos ajustes logísticos, de seguridad y agenda. ¿Será así?  
  Por el momento es todo. Agradezco sus comentarios a mi correo electrónico: miguelisidro@vanguardiamorelos.com . O si prefiere, sígame en Twitter: @miguelisidro

Miguel Ángel Isidro

Columnista

Su columna La Ley de Herodes se publica en varios medios informativos de Tamaulipas y el centro del país.

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