Llama mucho la atención una noticia aparecida este domingo en el diario “El Universal”, fechada en España, donde habla sobre el desempleo y la crisis que afecta ...
Por: Carlos Santamaría Ochoa19/12/2010 | Actualizada a las 14:52h
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Llama mucho la atención
una noticia aparecida este domingo en el diario “El Universal”, fechada en
España, donde habla sobre el desempleo y la crisis que afecta a millones de
jóvenes, quienes están desempleados o subempleados, ganando cualquier cosa para
sobrevivir. Se habla de salarios
oscilantes alrededor de los mil euros, que no les permiten subsistir
dignamente, pensar en casarse o independizarse: la crisis es fuerte, difícil,
pero, ¿será exclusiva para los jóvenes? Alma es una gran mujer:
secretaria ejecutiva como pocas: resuelve cualquier caso y cosa que se le
presente en el trabajo; ahorra muchos asuntos al jefe porque prácticamente
lleva la oficina. Es bilingüe, pero su capacidad ejecutiva es realmente
impresionante. Personalmente, es
divorciada, tiene una hija de 18 que acaba de ingresar a la universidad con los
consabidos gastos que ello implica. Su ex marido nunca se ocupó de su hija y se
desobligó. No fue demandado porque Alma piensa que no es bueno desear mal a
nadie. Sabe manejar la oficina,
resolver, administrar; no es mala persona, y colabora con todo lo que se le
pide pero… sí, tiene un enorme pero: su edad: 54 años bien vividos, con mucha
experiencia, pero siguen siendo 54 en un país donde el mayor pecado capital es
ser viejo o ser considerado como tal. Para México, como en
pocos lugares del mundo, los que pasamos de los 40 ya somos viejos para muchas
cosas: ya no nos emplean aunque haya mucha experiencia. Hay excepciones, pero
son mínimas, y es probable que no lleguen al 2 por ciento. ¿El resto? A
defender la plaza en una dependencia, a condenarse a vivir como burócratas mal
pagados pero con “un sueldito seguro y prestaciones”, porque la vida no nos
permite tener más. Estudios universitarios,
posgrado que bien puede ser maestría o doctorado, pero en una nación como la
nuestra donde el “influyentismo” y el amiguismo deciden los puestos, no sirve
de mucho, dado que llegan a ocuparse a personas realmente “viejas” cronológica
e intelectualmente, personas que no tienen más valor que un par de amigos igual
de viejos pero con mejores oportunidades en la vida, que no tienen más valor
laboral que ser conocidos por muchos, pero su capacidad está en duda, porque
nunca la han sacado a relucir. Aquí no cabe el examen de
oposición para obtener un puesto. ¡Vaya! ni donde ser supone deben estar los
más capacitados como son las universidades, funciona esta máxima justa: ahí
también llegan los recomendados, los que tuvieron primero que todos una
“tarjetita” del jefe del jefe, y así por el estilo. Es la realidad laboral de
nuestro país. Y por consiguiente, hay
paro. En México le conocemos como desempleo, pero para efectos económicos es lo
mismo: estajos jodidos, sin trabajo, sin sueldos decorosos, y con una juventud
condenada a buscar una recomendación antes que su capacidad intelectual. Las administraciones se
llenan de amigos. En la entidad vemos por ejemplo, una enorme desesperación por
encontrar al compadre que hace veinte años no veíamos, pero que es cercano a
las esferas del poder, con la esperanza de obtener un empleo y “que nos haga
justicia la revolución”. Pero, ¿Dónde está la
justicia para el que se prepara? El desempleo no perdona
condición intelectual: no importa ser máster o doctor en alguna disciplina.
Pocos sitios valoran estas condiciones reales de preparación. Tampoco es
importante el haber pasado diez o veinte años en una actividad que nos ha
dejado una enorme experiencia. Estamos mal, y seguiremos mal si no tenemos esa
relación exacta. Cierto, el problema es
muy grave: en España ya se habla de un éxodo importante de personas hacia los
lugares a donde fueron hace más de cien años: Argentina, Chile… y México,
porque acá, con ser extranjero tienes un plus para emplearte, más, cuando
provienes de la mal llamada “madre patria”. Los jóvenes españoles
están desesperados, ¿y los nuestros? ¿Dónde están acabando por la falta de
oportunidades laborales y académicas? Todos sabemos lo que acontece aunque no
queramos decirlo, y a falta de inversionistas seguirá incrementándose el
desempleo con las consecuencias sociales y económicas conocidas ya por la
mayoría de nosotros. El enorme reto para las
autoridades será, sin duda alguna, otorgar una garantía a quienes estudiamos
más para mejorar, pero sobre todo, fijar su atención ya no en los viejitos y
los niños, en las mujeres y madres abandonadas: son tan importantes como quien
mantiene la fuerza laboral y familiar de México: los señores “cuarentones” y
más que se encargan de sostener al país. Somos ese grupo de
marginados por los “jóvenes talentos” o por los desamparados quienes nos
estamos convirtiendo en los pordioseros del mañana, porque, por mucho que
sepamos, por mucho que hayamos estudiado, en la iniciativa privada nos ven como
viejos ya casi inservibles, y en los gobiernos como algo que ya no se usa o
estila. Y nuestras familias,
nuestras hijas e hijos, nuestros viejitos que cuidad, ¿quién los va a mantener? El paro es injusto con la
juventud, pero aún más con los maduros, los adultos, los que sin ser viejos
estamos considerados peor que ellos, porque no aspiramos a una pensión, sino a
vivir de las dádivas que puedan existir. Eso, ¿es justicia social? Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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