Por: Carlos Santamaría Ochoa17/12/2010 | Actualizada a las 16:17h
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Una de
las formas en que se mide la efectividad de lo que las personas llevan a cabo
es, sin duda alguna, la sonrisa de enfrente. Cuando alguien tiene la forma de
sonreír por haber obtenido algo, es porque quien ha proporcionado un bien o
servicio, un gesto o frase, tiene la satisfacción de haber hecho bien las cosas
para beneficio de otros. Tal es el caso de una serie de personas que hacen cuanto
pueden por lograr que las acciones oficiales tengan repercusión directa en
quienes más lo necesitan. ¡Vaya!
Una de las áreas que el gobierno de Eugenio Hernández Flores cubrió con
excelencia sobrada es, sin duda alguna, la oficina de Compromisos, que luego se
convirtió en la de “Relaciones Públicas y Compromisos del C. Gobernador”. Es
probable que algunas personas piensen que no es congruente hablar en exceso de
alguna persona, pero en este caso, somos de la idea de que hay que criticar y
denunciar lo malo, pero también, aplaudir, elogiar y mencionar lo que bien se
hace. El equipo
que conforma esta dependencia que llega prácticamente al final de una
fructífera labor fue encabezado por una joven entusiasta servidora pública:
Rocío Pérez Cantú tuvo el tino de encontrarse con un buen jefe, un excelente
mandatario que supo depositar su confianza en quien demostró en cargos
anteriores su eficiencia. Hoy, el
resultado no puede ser más que satisfactorio, no para Rocío, sino para el mismo
gobernador tamaulipeco, y más aún, para los miles de personas que tuvimos
necesidad de acudir a solicitar algún apoyo por encontrarnos en situación de
requerirlo y en situación crítica de nuestra economía. Los
grandes logros en esta dependencia se podrían reducir a aspectos económicos,
dado que los que llegamos a acudir fuimos por una consulta, un medicamento,
estudios clínicos o una intervención quirúrgica. Por una beca académica o por
una prótesis que requería alguien sin recursos para adquirirla. Son
literalmente, miles de casos los que se lograron atender. No tenemos el número,
pero las muchas veces que llegamos a ese rincón del Palacio de Gobierno,
siempre había mucha gente en espera de la solución a su problema. Siempre hubo
una buena respuesta, y eso lo puede constatar cualquiera de esas personas que
tuvieron la tarjeta, el recurso o el vale a tiempo para cubrir su necesidad más
sentida. Pero el
gran mérito de Rocío Pérez Cantú ha sido, también, el tener la inteligencia
necesaria para conformar un equipo muy “sui géneris”. En su mayoría, del sexo
femenino, supieron imprimir esa parte sentida que la gente busca: el cariño, el
“apapacho”, la frase amable de ánimo para sobrellevar los problemas y todas
esas cosas que supieron entregarnos gente como Karla, Mirna, Lidia, Lupita y
muchas más que, en seis años, tuvieron la delicada función de atender a esos
tamaulipecos que llegamos con angustia, con ansiedad y con una necesidad
gigantesca. Supieron encontrar una buena solución a nuestros problemas, y eso,
simplemente, se tiene que agradecer. Decíamos
que en lo personal tenemos mucho que agradecer a quienes manejaron las áreas de
servicio para la ciudadanía, y en especial a Rocío Pérez Cantú, una joven
funcionaria con mentalidad de primer mundo, con capacidad ejecutiva probada a
grado tal que Eugenio la mantuvo en el cargo no por ser mujer o amiga, sino por
esa probada capacidad en beneficio de todos los que llegamos a sus oficinas. Y mire
que hay que ver las coincidencias de la vida: dice la Real Academia Española
que Rocío significa “vapor que con la frialdad de la noche se condensa en la
atmósfera en muy menudas gotas, las cuales aparecen luego sobre la superficie
de la tierra o sobre las plantas”. En este
sentido figurado, entendemos que esa frialdad de la noche es la que vivimos los
que tenemos graves problemas, y que nos encontramos con una atención y
sensibilidad que se “condensó” y convirtió en muy menudas gotas, gotas llenas
de optimismo y apoyo a los necesitados, apoyo a quienes no supieron a donde más
ir para ver que su familiar se cure, ante la imposibilidad de pagar un
tratamiento costosísimo, producto de la severa crisis que México padece hace ya
mucho tiempo. Esas
gotas de optimismo convertidas en una medicina o una mochila de útiles
escolares, convertidas en una intervención quirúrgica o una prótesis, en una
despensa o un viaje en ambulancia para curarse; convertidas en un ataúd para
llevar a cabo una cristiana sepultura o en un ramo de flores para premiar la
constancia y el valor de los tamaulipecos. Esas gotas de rocío que caen en
tierra fértil no tienen más que recoger el agradecimiento de miles de personas
en el estado. Suponemos
que Rocío, a su corta edad debe sentirse muy orgullosa de haber sido el
instrumento para servir a tanta gente, y que Eugenio ha de saber premiar y
recomendar a quien con profesionalismo y entrega total ha desarrollado un
trabajo que no cualquiera puede manejar. Porque
manejar la sensibilidad del ser humano no es nada fácil, y pocas personas
tienen esa habilidad, esos dones. ¿Qué
decir? Solamente dos palabras: Gracias, amiga.Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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