Por: Carlos Santamaría Ochoa16/12/2010 | Actualizada a las 16:31h
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Nada
fácil resulta el hecho de convivir en paz con los demás. Pensar de una manera
implica querer imponer este punto de vista, sin embargo, en una sociedad como
la nuestra es prácticamente imposible tener siempre la razón. Aceptar la
opinión de los demás y adaptarse tiene su chiste y no cualquiera lo logra de
una buena manera. Podemos
citar como ejemplo el pertenecer a un grupo de diputados; el congreso local o
el de la Unión son clara muestra de que se requiere de un consenso para
convivir, pero no es honesto no participar cuando la opinión generalizada no
concuerda con lo que nosotros pensamos. Imagine
el lector: hay tres posturas básicas: la del PAN, PRI y PRD, que
filosóficamente son distintas; pensar diferente no es un error, y muestra que
tenemos valores personales que aplicamos a nuestra forma de vida. La izquierda
y la derecha son distintas, y a veces, en una votación, pueden darse resultados
en favor de una u otra ideología. Lo que no se vale es no aceptar la voluntad
de la mayoría. Democracia
es precisamente el dar el poder al pueblo, que las mayorías decidan, y nos
lastima ver a algún representante popular abandonar una sesión porque se votó
contra su forma de pensar. Y eso lo
vivimos todos los días en todos los ambientes. En algún momento de nuestras vidas nos ha
sucedido que tenemos que aguantar la decisión contra nuestra voluntad, pero si
quisimos entrar al juego de la decisión mayoritaria, tenemos que entender que
no siempre se impone nuestro punto de vista. Respetar
a los demás y su forma de ser y de pensar es una cualidad que no todo mundo
tiene y que se debe aceptar por sobre todas las cosas. Esa es la
verdadera libertad de elección. Y en el
caso de Tamaulipas, encontramos con que hay gente que piensa que estamos
concluyendo una administración muy positiva, contra algunas voces que
consideran lo contrario. De
cualquiera de las dos formas de pensar existe una verdad que cada quien acomoda
de acuerdo a su forma de pensar, preparación y lo que ha vivido y ha marcado su
existencia para bien o para mal. No
podemos, aunque lo correcto es decir NO DEBEMOS imponer a fuerza nuestra
voluntad, amenazando con retirarnos de donde estamos, por el solo hecho de que
la gente no acepta nuestra propuesta. Nadie les
obliga, y el caso es aprender de los demás, aunque es menester entender que
existen técnicas para persuadir a la gente, lo que muchos llaman “cabildeo”, y
que no es más que una forma de tratar de que todos emitan su decisión
final-voto- en el mismo sentido que
nosotros. Casi
siempre funciona, porque a nadie le gusta quedar mal aunque lo haga muy
seguido. Estas son
algunas de las formas básicas para aprender a convivir: entender que no siempre
se acepta nuestra opinión, participar activamente y respetar lo que los demás
han decidido que se haga, siempre y cuando haya sido una elección justa,
honesta y sin manchas que entorpezcan la declaratoria de un diagnóstico
positivo. Desgraciadamente,
encontramos en las cámaras representativas de la sociedad algunas personas que
no tienen idea de lo que es participar en un proceso democrático, porque ellos
emanan de un instituto donde no se presentan cosas claras y las elecciones son
dudosas en cuanto a su proceder. Quienes
aspiramos a vivir bien, tranquilos y seguros de haber hecho lo correcto
respetamos las decisiones mayoritarias. Recordamos cuando aquel candidato
afirmaba tener un número determinado de votos, que eran muchos, pero no quería
aceptar que más de ese número había elegido otra opción. Vivir en
democracia significa respetar la decisión y la opinión de otros. Quien no
lleva a cabo esta sana práctica se convierte en fanático y su cerrazón le puede
llevar a no tener precisamente cosas positivas para su desarrollo. Y en
cuanto inicien los trabajos en el Congreso del Estado, ya con la nueva
legislatura, hemos de ver si se respetan estas cosas, y los representantes de
la llamada minoría legislativa aceptan las decisiones que tomen los más de
quienes sí asisten a las sesiones. Porque
luego sucede que los que más protestan son los que más faltas tienen, y no van
al día de la decisión, pero salen muy buenos para criticar. Siempre
hemos dicho que si no se participa no se tiene derecho a la crítica o
descalificación, y para poder emitir un punto de vista que sea respetado por
los demás es necesario respetar lo que otros piensan, dicen y opinan. El voto
de cualquiera, en el sentido que sea, es tan importante cuando viene de manos
ajenas, desconocidas o propias. Es necesario respetar esa decisión, y defender
el derecho a hacerlo. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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