Por: Melitón Guevara Castillo15/12/2010 | Actualizada a las 19:45h
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Siendo México el campeón de la corrupción, el primer
lugar se lo llevan –en volumen y proporción-, en términos generales las
instancias gubernamentales. Es conocida la expresión de que: amistad que no se
refleja en la nomina, no es amistad. Así, con esta expresión, se valida el
compadrazgo, el nepotismo y los intereses cupulares.
¿Qué es la complicidad institucional? Es el contexto, el
escenario, donde entre los mismos servidores públicos ante evidencias de
ilícitos se hacen de la vista gorda. El ejemplo más claro, sin duda, puede
verse en el ramo de la administración de la justicia. Jaime Rodríguez
Inurrigarro, Procurador de Justicia, y Alejandro Ettiene, como Presidente del
Supremo Tribunal de Justicia, no pueden cerrar los ojos ante la corrupción en
sus dominios. Al menos, medio mundo, sabe perfectamente que en una y
otra instancia, para que avancen los procesos, los expedientes, casi siempre es
necesario aceitar la maquinaria. La mordida es cosa normal ahí; en unos casos,
los mismos ciudadanos la ofrecen; en otros, cínicamente, la solicitan agentes
del ministerio publico o jueces. El caso es que, de manera generalizad, la
gente está convencida de que hay una justicia “al mejor postor”. Recuerdo que en un sexenio anterior, un alcalde de Mante
era señalado de manera insistente como corrupto; los medios periodísticos daban
cuenta de una y otra tropelía del alcalde, ciudadanos que se quejaban de
abusos, atropellos y hasta de despojos. Y, para nadie, era un secreto que el
alcalde hacia buenos negocios. ¿Qué tan cierto es todo eso?, le pregunte al
Secretario Particular del entonces gobernador. Su respuesta fue: todo,
lamentablemente, es cierto. ¿Por qué no proceden?, fue mi siguiente pregunta y la
respuesta fue, precisamente, la justificación de cómo hay una complicidad
institucional: ¡Es sentar un mal precedente! Perjudicaría al gobierno y a
nuestro partido, respondió. Creo que la visión debió ser invertida: que
acciones de ese tipo, combatir la corrupción, dan buena imagen al gobierno. Y
la complicidad, lamentablemente, se da en todas las instancias. Ya ven lo que sucedió en la Cámara de Diputados con Julio
Cesar Godoy. Lo hicieron rendir protesta, alegando que era objeto de una
persecución político-policiaca. Al final se rindieron ante las evidencias: los
perredistas ya no quisieron ser involucrados como defensores, o cómplices, de
quien se presume es un delincuente… Y todo, como lección, se rompe por el hilo más
delgado: no hicieron caso de las grabaciones… pero si reflexionaron al ver que
tiene más de 24 millones de pesos en sus cuentas que no puede comprobar.
Presume la PGR que es dinero lavado. Los cómplices institucionales son, por la estructura burocrática,
los contralores de una y otra dependencia. Jose Zermeño dice repetidamente que,
en el Gobierno de Eugenio Hernández Flores, nadie se hizo rico a costillas del
erario, ni se aprovecho del cargo. Esperemos que los hechos, dentro de un par de meses, no
lo desmientan. Así suele suceder, toda vez que un gobierno que inicia, para
mostrar un rostro de estar en contra de la corrupción y la impunidad, se dan a
la tarea de enjuiciar, encarcelar, a uno que otro funcionario del gobierno
anterior. La historia es una verdadera maestra: descubre las mentiras. Comentarios: meligue@prodigy.net.mx
Melitón Guevara Castillo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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