Condenadas últimamente, las tiendas existentes en escuelas oficiales han sido duramente criticadas por la opinión pública por ser, aparentemente, las “culpables”...
Por: Carlos Santamaría Ochoa02/02/2010 | Actualizada a las 14:32h
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Condenadas últimamente, las tiendas existentes en
escuelas oficiales han sido duramente criticadas por la opinión pública por
ser, aparentemente, las “culpables” de que nuestros hijos estén gordos.
Perdone el lector la expresión, pero el problema
de salud pública llamado obesidad y sobrepeso es realmente gigante: hoy en día,
la mayoría de los pequeños experimentan esas llantitas y voluminosos vientres
que les hacen parecer caricaturas mal dibujadas. No es lo mejor, y todos lo
sabemos, y el que piense que no es cierto lo anterior se está engañando solo.
El estar obeso o con sobrepeso no es sano.
Olvídese de que si se ve uno bien o no, porque, finalmente, el carácter nos
puede permitir superar los complejos de mucha gente que tiene circunferencia
mayor a la habitual.
Hay quien supera estos aspectos, pero… ¿y la
salud? En ese sentido, no hay para donde hacerse: quien tiene problemas con su
peso ideal está jugando a una lotería muy peligrosa donde el premio mayor,
irónicamente llamado “el gordo” es precisamente un conjunto de padecimientos
que puede uno captar por no cuidar el peso idóneo.
Entre éstos, se encuentra la diabetes
mellitus, hipertensión, problemas cardiovasculares y de articulaciones, ya que
quien pesa más de la cuenta expone a su organismo a esfuerzos poco comunes, lo
que se refleja en problemas de postura y del desarrollo de los huesos. Esto, es
entre otras cosas, consecuencia de la obesidad.
Y culpar a las cooperativas no es la solución. En
primera instancia, tan buenas o malas resultan las cooperativas de escuelas
oficiales como privadas, ya que todo mundo ha criticado las existentes en las
primarias que no son de paga, pero no se atreven a criticar a las de
instituciones caras, donde estudiar es un lujo más que un privilegio.
Las gorditas y bocoles son tan malos o buenos en
una y otra, por lo que debiéramos ser más objetivos en ese aspecto.
Ahora bien, quien se atreve a hablar de los
jugosos negocios de las cooperativas sinceramente consideramos que está en un
error, aunque puede resultar cierto que en algunas escuelas se desvíen
recursos.
No podemos olvidar que el hecho de manejar dineros
es delicado. Las damas de las cooperativas por lo general emplean los dineros
de nuestros hijos para comprar insumos que sirven a ellos mismos: papel
higiénico, aromatizante y desinfectante, fotocopias para los grupos, pago de
servicio telefónico, algunas cosas para el botiquín y así podríamos seguir la
lista que se convierte en interminable.
Resulta curioso también que quienes critican lo
hacen en base a declaraciones de uno o dos sujetos que, enquistados en
agrupaciones que aparentemente representan a padres de familia les da por
criticar sin conocer. Claro, no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace
compadre reza el refrán, y en este caso, quien le da voz a los que no la deben
tener, también tiene algo de culpa.
Hay que enfatizar que a esos “representantes” de
los padres de familia, NADIE los ha elegido y utilizan el membrete como un
modus vivendi o un modus operandi, es decir, le utilizan en beneficio propio.
Las cooperativas tienen su justificación y deben
seguir existiendo; en este sentido, nos hemos pronunciado por años, con la
salvedad de que es importante que haya una normativa para la elaboración de
alimentos, lo que nos lleva a otro problema mayor: ¿quién va a preparar
ensaladas y lonches sanos?.
Es probable que usted y yo critiquemos los tacos
de frijoles y las gorditas, las papas fritas empaquetadas o las galletas que
ahora proliferan. ¿Está dispuesto a preparar usted lo que comerán sus hijos?.
Hay que entender que si los chicos llevan dinero
para la cooperativa es porque los padres no les mandaron a la escuela con su
lonche. Lo anterior nos lleva a pensar que si usted o yo no pudimos –o
quisimos- preparar un “lonchecito” para nuestro hijo, ¿tendremos la capacidad
para preparar lo mismo, pero para 50 o 100 niños?.
Es fácil ponerse en la barrera, pero tomar la
muleta y el capote para lidiar con el toro… no cualquiera, y eso lo sabemos de
sobra.
Somos de la idea de que se cambie el “menú” de las
cooperativas, pero también, que los que nos llamamos padres de familia nos
pongamos “la pila”, que entendamos que el problema es más que una tiendita. Si
logramos con presiones a través de la opinión pública que se cambie la ley de
cooperativas –reglamento-, es porque tenemos la solución, y que bien podría
implicar dar de comer bien a nuestros hijos, propiciar la convivencia con ellos
para que dejen un poco los juegos de consola, y además, llevarlos a que
desarrollen actividad física.
Con quitar las “tienditas” no evitaremos tener
hijos gordos, pero sí lograremos que no haya insumos que las autoridades no
surten en las escuelas, y que de alguna parte tiene que salir. Pensemos en lo que significa para nuestros hijos
ir a un baño limpio o tener recursos para educarse, y entonces, será tiempo de
cooperar, antes de criticar.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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