Por: Javier Rosales Ortiz08/12/2010 | Actualizada a las 16:56h
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Fuera de la obra que realizó que está a la
vista, un aspecto esencial se puede resaltar de la gestión de los seis años de
gobierno de Eugenio Hernández Flores: Que es un hombre agradecido. Y lo es, porque no se olvido de quienes lo
acompañaron en la difícil aventura de gobernar a Tamaulipas, una entidad que se
gano con creces un nombre a nivel nacional por pujante y por moderna, pero
también ahora, tan complicada. Pero unos meses de sacudimiento y de zozobra
no bastaron para que su mandato brillara con la luz que merece el trabajo de un
victorense bien intencionado que atacó las carencias, la marginación, la
soledad que exterminaba en gajos a los hombre del campo, a los obreros, a los
abuelitos, a los maestros, a los jóvenes en desventura y a las mujeres, si ellas
que ahora que se va le gritan que no las olvide. A esas mujeres que siempre lo llamaron “mi
güero”, que eufóricas lo despidieron entre aplausos y ruidosos vivas una vez
que rindió su último informe de actividades, en un evento aquí, cálido, bien
organizado y, sobre todo, emotivo. Y es que tuvo palabras de agradecimiento
para todos los que estuvieron a su lado he inclusive para sus amigos los periodistas,
a los que siempre vio como un complemento, por eso los respeto, los valoró y se
los echó a la bolsa. Tuvo, además, cariñosas deferencias para su
esposa Adriana, para sus hijos que ahora si podrán estar con su padre en su
fecha de cumpleaños, para su madre Susana, para su padre y, para sus hermanos. Independientemente de las cifras que ya
decoran los rotativos sobre lo bueno que le regalo a Tamaulipas, Eugenio no se
olvido de los amigos en desgracia y fue así como una vez más clamó justicia
para esclarecer los asesinatos del Doctor Rodolfo Torre Cantú, de Enrique
Blackmore Smer y de tres escoltas, una petición que miles apoyaron y
aplaudieron de pie y que se dieron cita en el Polyforum, porque ese asunto cala
y sigue pendiente. Y allí, ante un nutrido grupo de
gobernadores de diversos estados, del representante de la dirigente, Beatriz
Paredes Rangel, y de los legisladores tamaulipecos en las cámaras federales, Eugenio
agradeció también las gestiones que impulsaron que le permiten heredar un
Tamaulipas sano financieramente, lo que es una proeza en estos tiempos de
vaivenes económicos. Es, el de Tamaulipas, uno de los seis
gobernantes de la república mexicana que obtuvo las mejores calificaciones por
su gestión administrativa, lo que el candidateable Enrique Peña Nieto no
ignora, a decir de los aplausos que le obsequió al aun mandatario estatal a lo
largo del evento. Pero más que todo él está agradecido con
los tamaulipecos que le entregaron su corazón y que le permiten hoy salir por
la puerta principal con la cara en alto y satisfecho y con su partido, por la
oportunidad que le brindo para que condujera los destinos de Tamaulipas durante
seis años. Con relación a los datos que coronaron a
este evento con el que prácticamente se cierra esta administración, los
periodistas midieron el aplausómetro y las palmas se las llevaron Rodolfo Torre
Cantú, Eugenio, la señora Adriana y Peña Nieto. Tan cotizado se sintió el Gobernador del
Estado de México que al termino de la ceremonia durante 20 minutos se tomo
fotos con las alocadas féminas que se disputaban el clásico abrazo y el beso,
entre ellas Blanca Valles Rodríguez. Algunos caballeros no perdieron tampoco la
oportunidad de saludarlo. La obra de Eugenio está allí y luce erguida
y Tamaulipas lo recordara por su trabajo y por su calidad humana. Por eso, misión cumplida. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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