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Sección: Editoriales / Desde esta esquina

Deudas, aguinaldo y consumismo

Por: Melitón Guevara Castillo 05/12/2010 | Actualizada a las 17:10h
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Prácticamente ya estamos en fiestas navideñas. Al menos el pretexto sirve para reuniones, convivencias y pasarla bien. Ello significa, llanamente, que el espíritu navideño ya empieza a hacer estragos en la economía familia: pre posadas, posadas o simples reuniones de amigos, de compañeros de trabajo, despedidas del año, entre otras cosas. Y es cuando, de plano, uno se pregunta: ¿hay crisis económica?
 
Claro, basta ver el ánimo, la expresión, el comportamiento de Eugenio Hernández Flores, el gobernador, para pensar que todo va bien, que no hay crisis. Y es que, el gobernador, está concluyendo su gobierno de seis años a tambor batiente: incomparable su obra de gobierno, si tomos en cuenta algunos ejemplos; pero más, si, más impresionante, es como en la medida que se acerca el fin de su mandato, se observa como si fuera el primer día: entregado a cumplirle a los tamaulipecos.
 
Ya con el común de la calle, el hombre o mujer, que es empleado de un comercio, burócrata (federal, estatal o municipal), la cuestión es distinta. Sabe lo que cuesta el dinero; sabe, también, que su aguinaldo no da para mucho; de ahí que unos, digan, que es para pagar las deudas; y, además, buena parte de la gente sabe que, con el, es posible comprar regalitos para navidad, preparar la cena de noche buena. ¡Vivir la Navidad!
 
Con estas fechas, o esta época, en la práctica medio mundo se pone contento: el común de la gente, convencida de que el aguinaldo servirá para aliviar “problemas económicos”; los comerciantes, que bien dirige Patricia Araujo de la Torre, saben que es su oportunidad para recuperarse de las pocas ventas. Se saborean de solo pensar que el aguinaldo pronto estará en las carteras de sus potenciales clientes.
 
Imposible, por otra parte, negar que somos mexicanos.  Como los descritos por Octavio Paz en su “Laberinto de la Soledad” o por Alan Riding en “Vecinos Distantes”, con una personalidad que José Alfredo Jiménez pinto en sus canciones, como esa de “La Vida no vale nada” o que me sirvan “pa todo el año”. Y es que, como buenos Guadalupanos, es fácil decir “Ya mañana Dios proveerá”, por lo pronto, a gastar todo. Muchos viven al día.
 
Somos, los mexicanos, consumistas por naturaleza. De ahí la alegría, digamos mexicanos, de los correligionarios de Patricia Araujo: se frotan las manos de solo pensar que, en unos cuantos días, todo aquel que trabaja y tiene patrón cumplidor, tendrá en sus manos el “aguinaldo”. Consumimos, gastamos, pensando en que pronto nos ira bien, que saldremos adelante, “gracias a Dios”.
 
La navidad es, en la práctica, una época para gastar y estar feliz, con la familia, con amigos y compañeros. Nos olvidamos del motivo y la razón de la Navidad; olvidamos que, de acuerdo a la fe religiosa, se festeja el nacimiento de Jesús; cuya vida, descrita en la Biblia, con sus enseñanzas, debería llevarnos a momentos y etapas de reflexión, de meditación, de pensar en la vida y lo que sigue de ella, la muerte. La vida, a fin de cuentas, si vale; si no fuera asi, ¿Por qué llorarle al ser querido que se nos adelanta en el viaje? Comentarios: meligue@prodigy.net.mx

Melitón Guevara Castillo.

Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).

Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).

Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.

Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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