La tradición y costumbres religiosas indican que el pasado fue el primer domingo de Adviento, tiempo que debe ocupar el fiel en su preparación para la celebración...
Por: Carlos Santamaría Ochoa29/11/2010 | Actualizada a las 17:33h
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La tradición y costumbres religiosas indican que el
pasado fue el primer domingo de Adviento, tiempo que debe ocupar el fiel en su
preparación para la celebración del natalicio de Jesucristo, el 24 de diciembre
de cada año. Esta temporada inicia con una significativa ceremonia en
la que, en los templos –y por lo general, en casa- se prepara una corona de
pino con cinco velas: una blanca al centro, tres moradas y una en color de
rosa, ubicadas estas cuatro en forma de cruz. Entonces, la época de adviento inicia cuatro domingos
antes de la Navidad, y se enciende una cada día festivo, previa oración,
petición, homilía, lecturas bíblicas y reflexión que, cuando se hace en forma
familiar resulta muy interesante y agradable. En estos casos, es una buena costumbre el que cada uno de
los miembros de la familia participe, ya sea con la lectura, la oración o algo
que también puede ser las peticiones que se acostumbran: por la paz, la armonía
o muchas otras cosas que suelen fomentarse en estos tiempos. Claro que no todo mundo lo hace: por lo general, el
Adviento según algunos sacerdotes es esa época de preparación. Digamos que
podría compararse con los días de la Semana Santa que, lejos de ser de fiesta,
son de preparación teológica y espiritual. El Adviento es una forma para
mejorar, y lo ideal es que la gente que hace alguna petición o piensa en
sacrificios por cumplir, lo haga, es decir, se supone que uno hace un propósito
para mejorar, pero el encanto es cumplirlo, si no, pierde su chiste, pues. La idea principal es llegar con una buena dosis de
espiritualidad a la Navidad, y que todo eso que es positivo pueda incidir en el
trato a la familia y a los demás. Y así, como la Iglesia dispone del Adviento como tiempo
de preparación, en la administración pública también se establecen tiempos
similares, aunque no precisamente con la espiritualidad de la época decembrina,
sin más bien con el deseo de poder hacer bien las cosas… o no caerse de la
lista anunciada. A estas alturas, los funcionarios actuales están tratando
de rendir buenas cuentas al gobernador Eugenio Hernández Flores, quien estará
al frente del gobierno tamaulipeco hasta el día 31 de diciembre, fecha oficial
de la conclusión de su mandato. Los trámites de las contralorías y demás están a todo: ya
se preparan los cierres, la famosa entrega – recepción, para que quien se va no
tenga problemas, y quien llega pueda saber con qué cuenta en términos reales. Ya algunos servidores han presentado su renuncia a los
cargos que ocuparon durante más de un lustro, en aras de subir al barco del
nuevo sexenio que encabezará el ingeniero Egidio Torre Cantú a partir de enero
de 2011; unos fueron invitados y otros buscan la forma de serlo. Quieren la
oportunidad de servir o de no bajar del tren de la administración pública, dado
que una necesidad de búsqueda de opciones laborales en las que probablemente no
haya salarios decorosos ni compensaciones. El caso es que todos están en lo que algunos mal pensados
llaman el “adviento político”, y cada semana también, prenden su velita de la
esperanza, para ver si se ilumina el camino y son elegidos para seguir en las
nóminas distintas. Otros, de plano. Llenaron de servir o servirse y se dedicarán a algunos
negocios dentro de la iniciativa privada. Muy pocos se jubilarán y verán el
paso de unos y otros desde lejos, sin meterse más en conflictos con grupos
políticos o sociales. Existen casos que debieran investigarse de personajes que
han amasado grandes fortunas en un lustro y meses, lo que resulta sospechoso,
pero bueno, hay un poco de todo entre los miles de servidores públicos que
pertenecen al gobierno del estado en todos sus niveles. En el caso de Eugenio Hernández Flores, seguros estamos
que prepara su siguiente etapa política que para muy pocos es conocida. Tiene
sus aspiraciones y sueños. Es un hombre joven aún y pretenderá seguir siendo
productivo, para la causa que se decida tomar, y para consolidar el futuro de
sus hijos, porque, finalmente, para eso trabajamos los seres humanos. Hay que prepararse para muchas cosas, entre ellas, la
típica traición de los supuestos amigos que dejan de serlo por considerar que
ya no les será útil tal o cual persona. Los ex gobernadores saben muy bien a qué nos referimos,
cuando dejan de ser los más importantes y muchos les dan la espalda, lo que se
convierte en muy característico y desgraciadamente, común y cotidiano. Los amigos permanecerán ahí, al lado de quien les ha
apoyado. Prepararán su futuro en otras latitudes, pero lo que sí es real es que
todos viven un “adviento político”, con sus velitas y todas las esperanzas por
tener no una buena Navidad, sino seis más. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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