Por: Carlos Santamaría Ochoa28/11/2010 | Actualizada a las 17:04h
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Cuando se
le pregunta al rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, José María Leal
Gutiérrez sobre el Alma Mater tamaulipeca, no duda en manifestar su orgullo por
lograr la certificación y reconocimiento de la misma en distintos lugares,
dentro y fuera de la entidad. Las voces
populares están unas a favor y otras en contra de esta postura que es natural
que defienda el encargado de la dirección de la UAT: sería ilógico pensar que
no se está orgulloso del trabajo realizado, aunque hay que precisar que el
sentirse orgulloso no quiere decir que estén todos satisfechos: en la UAT, como
en todas –absolutamente todas- las instituciones educativas hay gente muy
valiosa y otros que debieran estar, probablemente, en una esquina de cualquier
calle en determinado lugar, en vez de cobrar lo que cobran por pensar que son
útiles. Funcionarios,
directivos, profesores, empleados y estudiantes tienen pros y contras en el
sentido de que no podemos generalizar y decir que todos son buenos o malos;
recordemos: “de todo hay en la viña del Señor” dice la Iglesia, y nada más real
que se ajusta a lo que vivimos todos los días. El hecho
de que se haya reconocido a la UAT y se inscriba su nombre en los muros del
Congreso del Estado es muy significativo, porque implica que la mayoría de
representantes populares –que muchos no lo son- consideran que existen los
méritos suficientes para leer el nombre deesta institución educativa al lado de grandes hombres y mujeres que en
la historia han significado algo valioso. La UAT
tiene programas certificados hoy en día, y algunos se jactan de que nunca se
había logrado tal reconocimiento. No podemos considerar que sea algo
extremadamente especial, sino que es justo pensar que algunos otros rectores
consideraron que no era quizá tan necesaria esta certificación y dieron
prioridad a otros aspectos. Recuérdese, por ejemplo, el crecimiento en materia
de informática y deportes que propició Humberto Filizola Haces, o el
crecimiento de los campus durante la gestión de José Manuel Adame Mier, por
mencionar solamente a dos ex rectores. Se ha
crecido y en este sentido es muy importante pensar que tenemos una Universidad
de calidad, que hay estudios que valen la pena, pero más importante aún: hay
egresados valiosos. A través
de los años, las generaciones de distintos profesionistas llegan al mercado
laboral y algunos tienen éxito; otros, sin embargo, se quedan en el camino y
acaban despachando en algún negocio, vigilando algo o simplemente, manejando un
autobús de transporte colectivo, porque tuvieron oportunidades para crecer
intelectualmente y no las aprovecharon. Consiguieron un título a golpes y
tirones, pero no lo merecieron, y la vida y el mercado laboral los han ubicado
en su justo lugar. Pero es
totalmente injusto calificar a la UAT como mejor o peor que otras instituciones
–incluido el Tecnológico de Monterrey- porque el desarrollo de la entidad tiene
mucho que ver con el trabajo y decisiones de los que han pasado algunos años de
su vida en las aulas tamaulipecas, sea en los campus del norte, centro o sur
del estado. Podemos
ver, por ejemplo, que en el gabinete del gobernador Eugenio Hernández Flores
hay orgullosos egresados de la UAT que con su talento han propiciado que
durante el sexto informe de actividades haya habido buenas nuevas. Insistimos,
también los hay de otras instituciones. ¿Qué se
debe hacer ahora? Como
parte de la entidad, como ciudadanos tamaulipecos, nuestra postura debe ser de
total y completo apoyo a la UAT y sus facultades, unidades y escuelas:
propiciar y exigir mayor calidad en todos sentidos, evitar comentarios insanos
y confiar en los que están manejando la educación de nuestros hijos. Y al
rector Leal Gutiérrez, pedirle que no se deje de participar en la carrera hacia
la excelencia total, y que, cuando alguna parte de la UAT –unidad o facultad-
frene su desarrollo, que no se detenga para exigir a los directivos el
cumplimiento que la sociedad tamaulipeca demanda y quiere. Queremos
sentirnos orgullosos de nuestra máxima casa de estudios, y que nuestros hijos y
amigos egresen de ella con expectativas laborales amplias. En este
mes, las unidades y escuelas entregarán a la sociedad a cientos de jóvenes que
concluyen sus estudios, y es precisamente una buena oportunidad para que se
incorporen al mercado laboral, para que comiencen a establecer sus proyectos
profesionales en forma activa, y siembren las primeras semillas de una
fructífera cosecha en el ámbito de la profesión que eligieron para vivir. “Chema”
tiene un proyecto muy interesante y un equipo competente, eso lo sabe el
gobernador Hernández Flores, quien ha apoyado a la UAT en todos sentidos, y
también lo sabe el ingeniero Egidio Torre Cantú, quien a partir de enero tomará
las riendas del estado. Tenemos
Alma Mater para crecer en muchos sentidos, y tenemos recurso humano de calidad:
hay que demostrarnos que sabemos apreciar lo nuestro, apoyarlo, pero sobre
todo, fomentar su consolidación. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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