Por: Javier Rosales Ortiz23/11/2010 | Actualizada a las 23:01h
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“No lo van a impedir” es el título de una melodía
del trovador cubano Amaury Pérez. Es un reclamo a lo injusto que se grita,
que se siente en cada palabra. Es un aullido de impotencia frente a la
injusticia y una súplica para que lo malo se convierta en bueno. Es una lastimosa queja para que los
alevosos recapaciten y que modifiquen su osco gesto. Y su rica y bien elaborada letra bien puede
ser aplicada en lo que sucedió en el evento que le dio vida al moderno Centro
de Internamiento y Rehabilitación, porque como que se sintió la presencia del
Doctor Rodolfo Torre Cantú, quien fue el pilar fundamental para que esta obra
luzca ahora imponente, altiva, muy erguida, casi al pie de la Sierra Madre, en el Ejido la
Misión. Y se sintió porque estaba allí su esposa,
Laura Graciela de la Garza
de Torre y su padre el doctor Egidio Torre López, con lágrimas en los ojos, con
su carita sonriente, pero triste. Conmovedor fue, el estridente aplauso de
pie que le regalo el público a doña Laura Graciela, quien rompió en llanto,
agradecida porque los victorenses conservan viva la imagen y el cariño que en cada
paso que dio se gano su esposo. Lloro, también, cuando en el video de
presentación de la obra corrían las imágenes del Doctor Rodolfo en vida,
sonriente, saludador, acomedido, como él era. Muchos lloraron con ella, con esa mujer que
está rodeada por la luz que le dibujó con pincel su esposo, quien parecía estar
a su lado sosteniéndola del brazo para que no se desplomara frente cientos de
rostros que le regalaban su cariño, su admiración y su respeto. También, frente al Gobernador de
Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, y su esposa Adriana, quienes conmovidos
la abrazaban para inyectarle fortaleza. Esta obra es una herencia del hombre bueno
que ya se fue porque se ve su mano. Es, uno de sus sueños consumados y se
agregaran muchos más, porque sus propuestas no fueron depositadas en el cajón
de un escritorio y siguen y seguirán vivas en la mente de su hermano Egidio, el
próximo gobernador. Y no lo van a impedir, porque desde el
lugar donde se encuentre el Doctor guiara la mano de su consanguíneo para que
no tropiece y para que cada obra que levante durante su gobierno tenga su sello
y su sonrisa en la puerta de entrada. No lo van a impedir el falso amigo, como la
canción dice, ni el que alimenta el cepo y la tortura, ni el pequeño ladrón de
mano fría, ni el terrible don Juan de cara dura. No lo van a impedir los moralistas, ni el
indiscreto encanto del embrujo, ni ausentes millonarios ni arribistas, ni
aspirantes al hacha del verdugo. Desde allá, el Doctor se debe sentir
satisfecho porque este centro va a atender a los primeros 250 pacientes gracias
a su iniciativa, a esas personas enfermas que buscan con desesperación la luz
al final del túnel. Complacido, se debe sentir también de que
la puerta principal del edificio lleve una placa con su nombre y una leyenda en
la que lo definen como una persona sensible, emprendedora, perseverante y
solidaria. Gustoso, se debe estar además porque
Eugenio apoyó su iniciativa he hizo realidad uno de los tantos sueños que
acarició. Por eso no lo van a impedir. Impedir, que se legado, perdure. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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