Por: Melitón Guevara Castillo21/11/2010 | Actualizada a las 17:25h
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La inquietud previa su consistente: que no habría desfile
de la revolución. Los directores de escuelas se justificaban: que los padres de
familia no daban permiso a sus hijos y que no podían obligarlos. Hubo desfile
y, en lo personal, tuve la oportunidad de observar lo que hicieron los niños
del Ejido El Roble y de El Alamito. Extraordinario ver a los personajes de la
revolución. ¿Quién eres?, le pregunte a un niño: Soy Pancho Villa, me contesto
con firmeza. Ver el entusiasmo con que niños y niñas ejecutaban
bailables, tablas rítmicas, hacían pirámides, ejecutaban ejercicios deportivos
y, sobre todo, a quienes representaban a Pancho Villa, Emiliano Zapata,
Venustiano Carranza y a las Adelitas: lo hacían emocionados. Imagino que, mucho
antes, en breves palabras sus profesores debieron explicarles cada personaje y
el papel que jugaron en la revolución. Las generaciones de hoy decantan lo mítico de cada
personaje histórico. Al partir de que fueron hombres y mujeres de carne y
hueso, con defectos y virtudes. Por eso, en otro momento, Leonor Sarre no se
inmuto para decir que Pancho Villa había sido un delincuente. Como hay hoy en
día alcaldes, como Arturo Diez Gutiérrez, que no ocultan su admiración por
Porfirio Díaz. La humanidad en lo general, la sociedad de un país en lo
particular, avanza por etapas cíclicas. La conquista fue una; la independencia
otra y la revolución una más; cada una significo una transformación cualitativa
de la sociedad. Hoy, sin embargo, la realidad nos hace recordar la expresión
del gatopardismo: cambiar para que todo siga igual; y es que, hasta el mismo
Felipe Calderón, acepta y reconoce que persiste en el país la pobreza extrema
en mas de 50 millones de mexicanos. ¿Han servido de algo los movimientos sociales? Las quejas
de que estamos igual, o peor, que antes de la revolución se multiplican. Carlos
Marx con su materialismo histórico lo explica perfectamente: evolucionan los
mecanismos que reproducen las condiciones de explotación. Esa ha sido, quizá,
el factor que logra hacer persistir el capitalismo como modo de producción. Hoy la dominación no es por las armas. El dinero, la
ciencia y tecnología, conjugado con un imperialismo cultural, doblegan a los
países, a las sociedades. Una lucha armada nos dio la oportunidad de que España
ya no nos dominara; las armas hicieron, en 1910, que se modificara una
estructura política; que se transformaran las reglas del juego con nuevos
actores políticos. Para cambiar el statu quo, hoy, ¿Qué tipo de medios o
instrumentos son precisos? Tiene razón el diputado Juan Carlos Olivares Guerrero de
Nueva Alianza: se necesita otra revolución. Solamente que, dadas las
condiciones, ya no es armada; ahora tiene que darse en el pensamiento y en las
ideas, tiene que darse en la educación, formando individuos que sean
participativos, tolerantes, informados, estudiosos y emprendedores. Sin
embargo, el gobierno sigue pensando lo mismo que Porfirio Díaz antes de 1910:
que el mejor mexicano es el ignorante, acostumbrado a obedecer. Por eso, sin
duda, andamos tan mal en educación… ahí está el problema de nuestro
subdesarrollo político, económico, social y cultural. Necesitamos el Pancho
Villa y el Emiliano Zapata de las ideas.Comentarios: meligue@prodigy.net.mx
Melitón Guevara Castillo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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