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Sección: Editoriales / La Ley de Herodes
¡Menudo centenario!
Resulta que el país se encuentra sumamente dividido. La desigualdad social frena el crecimiento y acrecienta los enconos entre ricos y pobres...
Por: Miguel Ángel Isidro
11/11/2010 | Actualizada a las 19:06h
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A
lo mejor esto le suena familiar.
Resulta
que el país se encuentra sumamente dividido. La desigualdad social frena el crecimiento y acrecienta los enconos
entre ricos y pobres.
El
pillaje se haya desatado; caminos y carreteras se vuelven coto de poder de
grupos que subsisten gracias a la violencia.
La
clase gobernante se ha tornado insensible a los reclamos de los gobernados. La
alta burocracia se encuentra extraviada entre sus privilegios y los jugosos
negocios que se realizan al amparo del poder.
Los
sectores progresistas del país, desde la actividad académica, literaria y
periodística denuncia el profundo desorden imperante en el país. Sin embargo,
los poderosos, lejos de tomar nota de sus señalamientos, reprimen con violencia
a los inconformes.
Un
importante segmento de la población opta por las armas. Ya sea por proteger su
propio patrimonio, o por sumarse a los grupos de choque que mantienen asoladas
amplias regiones del país.
Si
usted pensó que le estoy describiendo el estado general del país en este Año
del Bicentenario, le tengo una desagradable sorpresa: no, lo que acabamos de
describir líneas arriba es una descripción muy generalizada del panorama social
previo al alzamiento armado de Noviembre de 1910.
Sí,
de esa revuelta bélica y social que con un cierto dejo de romanticismo seguimos
identificando como “La Revolución Mexicana”.
Como
usted sabe, la historia normalmente la escriben los vencedores, y por supuesto
que se acomodan hechos, nombres detalles
de acuerdo a las conveniencias históricas del momento.
Tradicionalmente,
nos han enseñado que la Revolución Mexicana inició porque había un viejito
achacoso llamado Porfirio Díaz que llevaba 30 años en el poder y que no se
quería ir. Lo de menos es qué tanto había avanzado el país durante su mandato;
simplemente nos han enseñado que el señor era un dictador y que las mayorías
del país le clamaban que dejara La
Silla, y que Don Porfirio nomás no aflojaba. No se iba, pues.
Entonces
surge la figura de don Francisco I. Madero. Se trata de un empeñoso político
del norte del país que abanderó la causa antireeleccionista. Y desde entonces
nos han enseñado que la No Reelección es un principio sagrado, a pesar de que
en las democracias más avanzadas, la posibilidad de que un gobernante o
representante popular repita en el mandato si el voto popular así lo dictamina
es algo que no espanta a nadie. Pero en México, ni pensarlo, la reelección es
un pecado mortal en nuestra mitología política.
Después
las cosas se complican. El señor Madero gana la Presidencia, pero apenas
iniciado su mandato, muchos de los que le apoyaron para llegar a La Silla
comienzan a hacerle la vida imposible, pues le reclaman cosas que se supone no
estaban como que muy bien vistas ante los ojos de la nación. Y la cosa se pone
tan fea que un sector del ejército traiciona a don Francisco, y lo asesina a
mansalva para imponer a un señor llamado Victoriano Huerta, que algo tendría de
malo porque para eso entonces ya era conocido como “El Chacal”.
Para
ese entonces, esa etapa de nuestra historia conocido como Revolución Mexicana
apenas alcanzaba su primer año de vigencia.
Y
de ahí en adelante, todos los próceres del movimiento murieron bajo condiciones
muy similares: de manera violenta, y traicionados por sus supuestos aliados.
México, tierra de hombres traicionados. Los cadáveres de Zapata, Villa,
Carranza y Obregón sólo atizaron la hoguera.
Para
muchos sigue siendo un misterio la vigencia del movimiento revolucionario. Todo
mundo sabe que inició el 20 de Noviembre de 1910, pero ¿cuándo terminó?
¿Con
la muerte de Obregón, el último caudillo?
¿Con
el gobierno de Cárdenas y su apostolado petrolero y asistencialista?
¿Con
la llegada de Miguel Alemán, el primer “presidente civil”?
¿Con
el “desarrollo estabilizador” de López Mateos? (Bueno, creo que ahí si estoy
exagerando un poco).
A
cien años de distancia, podemos decir que, efectivamente, el movimiento
revolucionario dio origen a muchas de las instituciones que actualmente
constituyen el soporte de nuestra vida nacional.
Sin
embargo, vale la pena seguirse preguntando si después del alzamiento, los
pobres tuvieron justicia y los caciques fueron desterrados.
Si
acaso la tierra volvió a quienes la trabajan con sus manos, como era la
intención del General Zapata.
Porque
a cien años de distancia, los de arriba siguen siendo pocos, muy poquitos, y
siguen oprimiendo al pueblo.
Y
los de abajo, que son la mayoría, siguen poniendo el sudor, el trabajo, y
cuando hace falta… hasta los muertos.
¿Hemos
cambiado a cien años de distancia? Es pregunta.
DE
BOTEPRONTO: Pues nada, que a escasos cincuenta días de que entre en funciones
la nueva legislatura, los futuros representantes populares de Tamaulipas apenas
si se han reunido un par de ocasiones, casi exclusivamente con fines “socialeros”.
Reuniones
de capacitación, dinámicas de integración de la agenda legislativo, revisión de
los asuntos pendientes… no. Para nada. No han figurando en la agenda de
nuestros futuros diputados. O sea, se espera que su desempeño sea muy similar
al de los legisladores que van de salida. Adivinó: Bastante… pero bastante
mediocre. Ojalá me equivoque.
Por el momento es todo. Agradezco sus comentarios en mi correo
electrónico: miguelisidro@vanguardiamorelos.com.
O si prefiere, sígame en Twitter: @miguelisidro
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