El doce de noviembre celebra México el día del cartero, aunque la profesión cada día pasa a términos que no esperaban hace apenas...
Por: Carlos Santamaría Ochoa11/11/2010 | Actualizada a las 15:01h
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El doce de noviembre celebra México el día del cartero,
aunque la profesión cada día pasa a términos que no esperaban hace apenas un
siglo. La correspondencia es vital para cualquier persona:
llegan cartas, como decía el inolvidable Julio Iglesias, con sabor amargo, con
sabor a lágrima… o con otro sabor, pero que siempre son bien recibidas por los
destinatarios. En la escuela, allá por los años de la educación básica,
se nos enseñaba a escribir y redactar adecuadamente una carta, desde la fecha y
demás, hasta la firma; el sobre también era objeto de la enseñanza en el
sentido de que había que saber qué se pone y donde se ubica, es decir, los
datos del remitente y el destinatario. Hoy, el correo se ha reducido notablemente a la entrega
de publicidad, recibos y estados de cuenta. Inclusive, algunas compañías
utilizan el servicio de mensajería en lugar del tradicional del correo. ¿Por
qué? Probablemente por una fama mal ganada pero bien recibida y merecida, en el
sentido de que las piezas postales se perdían en forma muy frecuente. El columnista viajó a Málaga en 2008, mandó tarjetas a su
casa, familiares y amigos, y es fecha, en pleno noviembre de 2010, que las
tarjetas no han llegado, al igual que otras más provenientes de España. Dan
estos comentarios pie al dicho de que era más rápido llegar y saludar que
enviar una postal. Las postales siempre han tenido ese problema, pero no
solamente ellas: algunas piezas que se envían por este servicio postal tienen
sus problemas: discos que se compran en otros lares se “extravían” durante
meses –o años- en las oficinas que tiene SEPOMEX en la capital de Tamaulipas, y
cuando uno tiene fortuna, se encuentran sanas y salvas. Sin embargo, en descargo de todas estas quejas, también
hemos de consignar que la exposición “Un Camino de Esperanza” que se presentó
en España viajó en una caja embalada y manejada por el Servicio Postal
Mexicano. No todo es malo, pues. Y muchos tenemos la idea de que el servicio es lento y
malo; decíamos que razones no faltan para pensar en ello, aunque también hay
factores que parecieran causales de estas anomalías, provocadas por la falta de
buzones en los hogares, o porque los empleados de Sepomex optan por no
arriesgarse a la típica y caricaturizada mordida del perro de casa, o de plano,
porque simplemente tiran las cartas dentro de casa, en el patio, expuestas a
las inclemencias del tiempo o a que alguien mal intencionado las sustraiga. Hay muchas cosas respecto al cartero y el empleado
postal. Tienen un perfil específico que solamente puede usted localizar en las
oficinas de ellos, allá, donde los timbres aún son pieza de colección y los
sellos postales son valuados por los que aman la filatelia. El cartero, el bueno hombre en bicicleta –o en moto- no
ha pasado de moda, aunque ya ha mejorado sus condiciones laborales. Recordamos al viejo cartero uniformado de gris con su
gorra tipo aviador, una enorme maleta de piel, siempre café –color natural,
pues- y gastadísimos zapatos. A veces nos tocaba un cartero amable y con buena
disposición de trabajo. Cómo no recordar al personaje de “El Chavo del Ocho”
que se llamaba “Jaimito, el cartero”, y que era el prototipo del hombre que
entregaba las noticias. En México, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes
por lo general hace un festejo a estos hombres por su día y reconoce su labor
durante todo el año. Pocos incrementos salariales, pero sí un festejo vistoso,
como lo hacemos siempre en el país donde no pasa nada. Es el cartero y el empleado postal la dupla que nos
permite que lleguen –cuando no hay inconvenientes- las noticias buenas y malas,
el nombramiento o publicidad, el estado de cuenta o la felicitación: todo ello,
envuelto en un sobre, por lo general en color blanco –o amarillo- que cubre de
la vista de otros los mensajes, cubriéndolos de discreta fibra convertida a
papel. Siempre ver a un cartero implica reconocer su labor; casi
nadie entendemos lo que hacen hasta que la carta que esperábamos no llega a
tiempo. Nuestro reconocimiento a estos seres humanos,
profesionistas de un oficio que han convertido en estilo de vida, y expertos en
la clasificación de sobres, unos, con datos incompletos, pero que, con la
experiencia de estos señores, pueden llegar felizmente a su destino. Reconozcamos el trabajo de estos mexicanos que a diario
salen por nuestras calles a entregar noticias de toda índole, y también,
hagamos de este día un motivo para regalarles, aunque sea, una sonrisa amable,
con el remitente que sabe reconocer su función, y el destinatario, el que
recibe, que sea uno de esos personajes que aún con los avances del correo
electrónico, siguen vigentes en nuestra sociedad. Feliz día del cartero a todos empleados del Servicio
Postal Mexicano, y que su labor sea reconocida, pero también, que se justifique
su eficacia total, que mucha falta nos hace a todos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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