Cuando escuchamos o leemos la palabra “delito” pensamos por lo general en aquellos que han sido o serán castigados por la justicia, sin embargo, pocas veces...
Por: Carlos Santamaría Ochoa08/11/2010 | Actualizada a las 15:09h
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Cuando escuchamos o leemos la palabra “delito” pensamos por lo general
en aquellos que han sido o serán castigados por la justicia, sin embargo, pocas
veces lo aplicamos a conceptos que nada tienen que ver con lo que aparentemente
suele ser un rompimiento a las reglas y leyes de la sociedad. El delito lo define la Real Academia Española como “acción o cosa
reprobable” o “acción y omisión voluntaria o imprudente penada por la ley”,
entre otras acepciones. Culpa, quebrantamiento de la ley o acción involuntaria, existe y por lo
general se debe corregir a través de mecanismos que la misma sociedad, a través
de sus órganos oficiales ha establecido. Entonces, quien roba, deberá ir a la cárcel o quien comete alguna
fechoría debe pagarlo, sin embargo, hay acciones que perjudican a muchos y que
no son consideradas como tales. El caso que nos ocupa es el de las medicinas,
que en los últimos meses-específicamente, en el año de 2010- han sufrido alzas
muy considerables que llegan a más del 30 por ciento del total de su coste, lo
que no va de ninguna manera con el aumento a los salarios mínimos o con el
iluso mantenimiento del poder adquisitivo. Todos sabemos que éste –el poder
adquisitivo- se ha ido perdiendo con el tiempo, lo que nos lleva a pensar
prácticamente que hoy ganamos menos que hace un año. Hay un laboratorio que ha dado en etiquetar en rojo y blanco el precio
de sus productos, los medicamentos, para evitar especulaciones y trafiques con
el coste total, suponiendo que ello es una acción positiva. Un ejemplo lo
vivimos el pasado fin de semana con dos medicamentos: el primero, cuyo precio
establecido era de 699 pesos tiene al día de hoy un coste de 759 pesos, y el
otro, cuyo valor era de 167 pesos hoy cuesta 200. Como verá el lector, no hay congruencia con los incrementos, y los que
le señalamos el día de hoy son exclusivamente comparativos a lo que sucedió
entre septiembre y noviembre del presente año, lo que nos lleva a pensar en los
otros aumentos del 2010 y que superan con creces el 25 por ciento del total del
coste. Nos engañan diciendo que hay mejores sales, que los genéricos
intercambiables son iguales, sin embargo, para ejemplo, la visita a una
sucursal de las farmacias “Guadalajara”, donde la misma dependienta sugiere una
doble dosis “es que la que quiere llevar tiene la mitad de las sales, y va a
necesitar doble dosis”, reza la mujer cuando se le solicita la metformina en
presentación de 850 mg., dosis para personas con diabetes y que es fundamental
para su tratamiento y combate a las complicaciones crónicas. La medicina sigue
subiendo su coste. Entendemos que los laboratorios se han establecido para ganar dinero, no
únicamente para curar, porque, finalmente, hay alguien que ha puesto mucha
plata para investigar y desarrollar medicamentos que, prácticamente, nos curan
de casi todo lo que aqueja al ser humano. También entendemos que hay inflación, que la carestía nos perjudica a
todos sin excepción, pero lo que no podemos comprender, definitivamente, es que
se suba el precio de una manera poco clara y muy exagerada. No se vale, pues. Y en este sentido, hemos sido de la idea de que nuestras autoridades
federales y los encargados de llevar la voz del pueblo, es decir, los diputados
de los dos órdenes –local y federal- así como también los senadores, debieran
exigir a sus fracciones parlamentarias ocuparse de asuntos que pueden evitar
sea perjudicada prácticamente la totalidad de la población. Habría que pedirles un documento para que sea, por ley, la regulación de
los precios de medicamentos, y que quien viole los mismos o quien no atienda
las indicaciones sanitarias y engañe con falsos contenidos, vaya a un penal a
pagar castigos extensos, para que aprendan a no perjudicar de forma tan
beligerante a la sociedad. Todos necesitamos en alguna parte de nuestra existencia de la toma de
medicinas, y eso lo sabemos; hoy, por ejemplo, en la entrada de los primeros
frentes fríos, los medicamentos para enfermedades bronquiales están a la orden
del día, los antibióticos y jarabes también son muy demandados, lo que hace
que, según la ley de oferta y demanda, se comercialicen a precios
exageradamente elevados. Pero quienes hacen caso omiso a las necesidades sociales, quienes se
alían para que las medicinas sigan siendo artículos de lujo, caras y malas, que
no están accesibles a la comunidad, deben ser objeto de un severo castigo. Hay que pensar los millones de mexicanos que necesitamos medicina. Y si nuestros representantes no quieren tomar esta responsabilidad, que
se les acuse de complicidad con quienes lucran con el dolor y la enfermedad de
la gente. Conste, no estamos en contra de que suban como todo en la vida, pero,
los porcentajes con que lo hacen orillan a pensar que hay alguna acción ilícita
dentro del proceso. Muchos vivimos con medicamentos para siempre: diabéticos, hipertensos y
otros más, muchos más. Esos somos los que lamentamos que haya tan poca energía
para meter en cintura al monstruo de mil cabezas llamado “industria farmacéutica”. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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