Que pena, el día de los muertos pareció la fecha propicia para que un buen numero de vivos y otros tantos vividores quisieran salir...
Por: Rosa Elena González03/11/2010 | Actualizada a las 23:35h
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Que
pena, el día de los muertos pareció la fecha propicia para que un buen numero
de vivos y otros tantos vividores quisieran salir del anonimato, hacer como que
fomentan las tradiciones, demostrar trabajo o buscar reflectores cuando en
realidad lo único que demostraron fue su nulo conocimiento de lo que son las
tradiciones, el montar un altar de muertos exhibió su pobreza cultural. Los
medios de comunicación nacional daban cuenta de donde quienes y como montaron
sus altares de muertos, instituciones educativas, asociaciones, partidos
políticos, gobiernos y presidencias municipales. En
lo que se refiere a los municipios tamaulipecos muchos de ellos dieron pena
ajena al exhibir sus altares, eso si los personajes políticos bien puestos para
la foto, que el pueblo sepa que se esta trabajando, que se recuerdan las
grandes fechas, que se fomentan las tradiciones y que se tiene harta cultura. Que
lastima, muchos jardines de niños tenían mejores montajes que los propios
ayuntamientos, por ejemplo en la frontera donde se debería de fortalecer más
para evitar, en la medida que se pueda, la invasión de culturas extranjeras y
el desplazamiento de las nuestras dejaron mucho que desear. Un
altar de muertos no es solo un templete ataviado en color verde o rojo con las
primeras autoridades al frente, sino que al montar uno se debe hacer con
respeto y saber cual es el significado de cada elemento que debe de tener el
altar, lo peor, se atreven a publicar que la presidencia en coordinación con el
DIF municipal unieron esfuerzos para la celebración del día de muertos. El
altar de muertos debe de estar escalonado, en madera preferentemente, en dos o
tres niveles, decorado con papel picado, arco de carrizo, flor de
cempasúchil, una cruz, la fotografía del difunto a honrar, copal de incienso,
velas, veladoras y cirios, agua, calaveras de azúcar, comida mexicana, bebidas
alcohólicas, objetos personales del difunto, limones, cal y de ser posible un
rosario, cuando menos. La
madera significa la estabilidad emocional y fortaleza, los niveles el cielo la
tierra y el purgatorio, la fotografía del difunto se coloca en la parte más
alta del altar bajo la cruz que representa el catolicismo, el incienso es para
purificar y limpiar las energías del lugar y guiar el alma del visitante, el
arco simboliza la entrada al reino de los muertos, adornado con la tradicional
flor de cempasúchil que es la flor del descanso eterno, el papel picado en
naranja y morado representa la alegría, festividad de la muerte con la vida, la
alegría y el luto concretamente, las velas son la luz y guía a este
mundo, el agua representa la pureza de las almas, las calaveras son una burla a
la muerte, la comida es el festín del visitante y los deudos, los objetos
personales para recordar a quien se le rinde homenaje. También
se forma un camino con flores, arcilla, cal, limones y veladoras este tiene que
llegar hasta el altar, claro que en muchos pueblos del centro de la republica
este festejo es toda una fiesta donde llegan hasta observadores internacionales
a presenciar y vivir el evento. Pero en síntesis los
altares de muertos son parte de nuestras raíces, de nuestra cultura y
tradiciones y por lo tanto se deben de realizar con respeto y devoción, no solo
por cubrir un espacio o por llamar la atención como ocurrió en muchas partes
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio. Fue jefa de Prensa en Ciudad Victoria y ocupó la jefatura del Departamento de Difusión y Comunicación Social de la Comapa.
Además ha colaborado en distintas campañas políticas.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias
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