El columnista no conoce a Carlos Slim a pesar de ser tocayos, o de vivir en la misma nación. Sabe de su existencia por las noticias aparecidas en todos los medios...
Por: Carlos Santamaría Ochoa02/11/2010 | Actualizada a las 15:00h
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El columnista no conoce a Carlos Slim a pesar de ser
tocayos, o de vivir en la misma nación. Sabe de su existencia por las noticias
aparecidas en todos los medios de comunicación no nacionales sino mundiales.
Sabe, también, que es el hombre más rico del mundo, y probablemente, uno de los
individuos que más odios ha cultivado principalmente en el último año. De este mexicano se saben muchas cosas relacionadas
con la economía y con Teléfonos de México, una de las empresas que ha tenido
gran éxito en las últimas décadas, luego de haber sido vendida por el gobierno
federal. Recordamos, quienes rozamos los 50 y un poco más, que Telmex era algo
así como un elefante blanco donde nada funcionaba bien, como todas las empresas
y dependencias del gobierno de la República. Cuando el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, su
tocayo Slim compró la empresa y la ha convertido en algo especial y diferente. Recordamos cuando niños que no nos dejaban hablar por
teléfono porque costaba por minuto cada llamada, y si nos extendíamos, venían
unas cuentas que luego los padres batallaban mucho para poder liquidarlas. De igual manera, las llamadas de larga distancia
tenían que hacerse en menor escala: solo para emergencias, decían los abuelos,
porque no había presupuesto que alcanzara, sinceramente. Eran los tiempos en que Telmex era un lastre para el
gobierno y un tormento para los mexicanos. Algo así como Pemex hoy en día, que
tiene un sindicato nefasto, salarios desproporcionados y un sinnúmero de
pérdidas, todas amparadas en la “oficialidad” de su desempeño. De ahí han
salido grandes sumas millonarias que llegan a cuentas personales, como sucedió
con Telmex en su tiempo hasta que se puso en manos de quien sabía para que era
el dinero y la empresa, es decir, un empresario con visión empresarial –valga
la redundancia- y con una visión de éxito que le ha llevado a tener la eficiencia
de hoy. ¿A qué viene la historia? Aclaremos: ni hay adeudo
con Telmex ni se busca un privilegio extra: únicamente es menester decir lo que
uno piensa acerca de los muchos correos que, llenos de odio y envidia, llegan
en forma de cadena para hablar mal de un mexicano que da de comer a millones de
familias a través de las fuentes de empleo que proporciona, que nos permite
estar comunicados con tecnología del primer mundo, y con un individuo cuyo
pecado en México ha sido tener éxito, lo que no se perdona por ningún motivo. Veamos ejemplos: usted tiene algún amigo que ha sido
gobernador o presidente municipal, y automáticamente le otorga la etiqueta de
ladrón, de ineficiente, de todo lo que se asemeje a estos conceptos, aún y
cuando acabe de iniciar su trabajo administrativo dentro de la política. No todos los que tienen dinero son ladrones, ni los
que no tienen son honestos, aclaremos. Hay pobres y ricos en todo el mundo con todo tipo de
reputación. Y molesta ver la manera en que se expresan de Carlos
Slim en algunos foros, porque tiene el “grave problema” de ser el hombre más
rico del mundo. Curiosamente, cuando Bill Gates ostentaba ese
privilegio, en los Estados Unidos no decían lo que se menciona acá de Slim. Reconozcámoslo, nos afecta y duele el éxito ajeno. Decía un amigo de juventud: “yo cuando sea grande
quiero ser un p…” a lo que venía la pregunta obligada: ¿Por qué? “Mira, -decía- las tres frases típicas del mexicano:
¡Cuánta lana tiene ese p…!; ¡Que carro tan bonito y con ese p! ¡Es por
eso que yo quiero ser un p… de esos!”. Y desgraciadamente, muchos ubicamos en ese rango a
don Carlos Slim, porque tiene el éxito que nos estorba a todos, el éxito de
quien ha sabido manejar inversiones bursátiles y de negocios y que tiene mucha
injerencia en la economía nacional. Claro, también hay programas y becas muy interesantes
de la Fundación Telmex, que coadyuvan para que muchos jóvenes tengan un mejor
futuro. Esa es la parte que poca gente conoce, la de los apoyos a miles de
mexicanos. Tenemos que entender que Carlos Slim es un
empresario, no es una hermana de la caridad y no tiene por qué regalar su
dinero, y no podemos estar enojados con gente que, como él, ha sido exitosa y
tiene más de lo que nosotros imaginamos. ¿Cuál es la fórmula? Sencillito, como dirían
los argentinos: trabajar, aplicarse al cien por ciento y tratar de convertir
los momentos de fuerza laboral en algo que construya, para que el éxito nos
acompañe. No podemos perder el tiempo en críticas hacia los que
tienen, porque entonces estaríamos bastante mal de sentimientos y pensamiento.
Y quien anda en la calle, con una camioneta de muchos miles de pesos, también
sería interesante que pensara que no todo en la vida es bien material, y que lo
más importante lo constituye la forma de vida, los valores humanos y la
sencillez. Cuando uno quiere hacer las cosas bien, no se
necesita dinero, influencias ni nada: se necesita corazón y dejar de jorobar al
de al lado. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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