La muerte llegó a Palacio Nacional, tremendo susto le ocasionó a los moradores del mismo edificio que no supieron cómo...
Por: Rosa Elena González31/10/2010 | Actualizada a las 23:26h
La Nota se ha leído 2252 Veces
La
muerte llegó a Palacio Nacional, tremendo susto le ocasionó a los moradores del
mismo edificio que no supieron cómo reaccionar, sabían que fueron ellos los que
la mandaron a recorrer el país cargando con todo lo que se encontrara a su paso,
no importaba si fueran niños, jóvenes, civiles, militares o quienes fueran,
pero ni así supieron que hacer. Enfurecida
la parca acudía a reclamar el no tener descanso, se quejaba de la falta de
estrategias y sensibilidad que son la causa de hacerle trabajar a marchas
forzadas, “también necesito descansar”, les dijo, “ya estoy harta de deambular
con pesadas cargas, día a día, minuto a minuto y sin pago alguno, ni siquiera
la satisfacción de que llevo conmigo almas necesarias, o almas negras y malas”,
remató. Acto
seguido la muerte sacó de entre su túnica una solicitud a los vivos para antes
de desatar su furia, pide una tregua, reclama como es que los maestros si
pueden hacer un megapuente y ella sigue trabajando, exige, como cualquier
burócrata, el día de veneración de los Santos difuntos como su día de descanso,
pero como todos en Palacio Nacional y sedes de gobierno están muertos del susto
no la escucharon, no le pusieron atención a sus petición, por lo que ella
enojada amenazó con un plantón, y si no le atienden sus demandas desatara la
destrucción, total, este país así se maneja, utilizan el poder para matar
de hambre, mientras unos cuantos viven del chantaje. La
calaca espero el domingo y se abalanzó contra el reloj nacional arrebatándole
la vida a una hora, tomaba de sorpresa a muchos despistados que no se enteraron
que habían muerto 60 minutos hace unos meses y ahora los regresa, aunque
muertos ya que los lanzó a la vida a las dos de la mañana, mató el tiempo justo
en la víspera del día de los Santos difuntos. Los
mexicanos desesperados le gritaban a la muerte que solo fuera lo que se llevara
y con lagrimas en los ojos y el espíritu quebrantado le decían…”desearíamos con
el alma y la vida que lo único que mataras fuera el tiempo y no la tranquilidad,
las inocencias y la fortaleza de nuestro país”, ella les miro y siguió su
camino, en su andar se escuchaban estruendos, el ambiente seguía enrarecido, el
aire asfixiaba y se sentía el olor a muerte. No
sabemos si alguien le lloro o no a la hora perdida, que quede claro, a los 60
minutos que aparecieron y desaparecieron en la nada, en estos tiempos en el que
mientras una hora retrocede la vida sigue avanzando incierta, temerosa, con el
olor a muerte no solo se respirara el día 2 de noviembre, sino que los medios
de comunicación nacional dan cuenta de cómo la muerte se desliza en cada rincón
de nuestra Nación dejando una estela de tristeza, desolación, miseria, y
un olor a podredumbre envuelta en dolor y desesperación. Con
todas las adversidades, nuestro país sigue siendo rico en tradiciones y una de
las más fuertes y que a cruzado fronteras llamando la atención del mundo entero
es la veneración de nuestros difuntos, cada 2 de noviembre, en el que se montan
los altares de muertos, se dice que para esperar la llegada de las almas de
aquellos que se adelantaron en el camino y ese día se llenan de regocijo al
convivir con sus seres amados. Cada
pueblo tiene una manera especial de celebrar pero todos tienen el mismo
objetivo, recordar, alegrar, alimentar y convivir con el espíritu de familiares
y amigos que ya no se encuentran en el mundo de los vivos, aunque a decir
verdad, ya no se sabe quienes son los que están muertos, si los que están
enterrados y abandonados sus cuerpos en un ataúd o los que se sienten abandonados
en la oscuridad de un incierto destino y enterrados en vida en sus casas o con
sus tragedias. Anteriormente
las ofrendas se montaban en todo hogar, desde el más humilde que con alegría
ofrecía comida, vino y fiesta, hasta donde el mariachi y los grupos norteños
amenizaban una fiesta, ahora es distinto, las familias hasta de clase media
quisieran poder alimentar a sus familias vivas, que les alcanzara para pagar la
luz, el agua, ya no hay para grandes altares ni grandes festejos, lo peor,
ahora tienen temor acudir a los panteones a visitar las tumbas, no saben si ahí
se encontraran con la misma muerte. El
México de los vivos es ahora el México de solo unos cuantos vividores, el resto
ya se encuentra muerto en vida o muriendo poco a poco y solo esperan que el día
de difuntos la muerte tilica y flaca descanse, que le otorguen licencia para
que no salga a recorrer calles y senderos, y si es posible, que regrese a
su lugar, que duerma y no despierte hasta que DIOS necesite de
alguien y no porque insensibles le pongan a trabajar a cada momentovida.diaria@hotmail.com
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio. Fue jefa de Prensa en Ciudad Victoria y ocupó la jefatura del Departamento de Difusión y Comunicación Social de la Comapa.
Además ha colaborado en distintas campañas políticas.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas