Porque son dos días para recordar, para dibujar en la mente el color de sus rostros y para, reflexionar...
Por: Javier Rosales Ortiz31/10/2010 | Actualizada a las 20:31h
La Nota se ha leído 1845 Veces
Quisiera que estas 48 horas no se agoten a
la velocidad de un rayo. Porque son dos días para recordar, para
dibujar en la mente el color de sus rostros y para, reflexionar. Para asimilar, también, cuánta falta nos
hacen porque el vacío que dejaron nada lo llena, nada lo distrae, nada lo
reconforta. Contemplar sus fotografías en el lugar
privilegiado en un altar de muertos pícaros y sonrientes conmueve, duele y
estremece. Con esas fotografías y desde ese lugar como
que ellos y ellas claman para que no se les olvide, que no se disuelvan como el
humo los gratos y malos momentos que estuvieron a nuestro lado para regalarnos
su calor, su protección, su esencia. Cómo olvidar a un ser cuyo nombre se pronuncia
con orgullo, con respeto y con fuerza. Cómo olvidarlo si veo su rostro pegado en
los cristales de cientos de vehículos con su eterna sonrisa, con su pelo cano y
con su clásica camisa blanca, Cómo no recordarlo si su fotografía aun pende
de los ventanales de muchos hogares, comercios y restaurantes cuyos
propietarios se resisten a perderlo de vista. Cómo apartarlo de la mente si fue generoso
en vida y le dio el valor exacto a la palabra amistad sin regateos, sin
excusas, sin distracción. Por eso miles de tamaulipecos están en
deuda con él y no están dispuestos a permitir que de un brochazo se borre su pulcro
legado. Amarga la boca revivir las fuertes imágenes
que uno nunca soñó con ver. Tiembla la voz de muchos que claman
justicia y su grito se lo lleva la mar. Vive, Usted, doctor Rodolfo Torre Cantú, en
muchos, pero muchos corazones de esos tamaulipecos a los que les estrecho la
mano, a los que abrazo, a los que les regalo una sonrisa sincera, porque es un
recuerdo que el tiempo cruel no borra. Aunque no físicamente Usted sigue entre
nosotros y dirige nuestros pasos por el buen camino porque solo así Tamaulipas
será enorme. Sigue en la mente de esas Mujeres Divinas a
las que Usted les canto al oído. En la de esos hombres y niños que Usted trató
de cerca y que veían en su persona a un gran líder, Y en la de aquellos de su partido que se
dieron su tiempo para venerarlo en un altar de muertos en el que derramaron lágrimas. Difícil es, doctor, ver pasar el tiempo sin
Usted a nuestro lado. Sin sus consejos, sin su buena vibra, sin
su sabiduría. Al igual que muchos que ya se fueron y que
inyectaron mi vida con alegría, vitalidad y que la convirtieron en más atractiva,
interesante. Va también por Enrique Blackmore Smer, por
Doña Teodosia, por su hijo Prudencio Luis, por Joaquín, por Luis, por Armando,
por mis suegros Enriqueta yLuis, por
mis abuelos Paulina y Francisco y, por Claudia Marisol, una niña-mujer que en
silencio exhibió al mundo con su fortaleza, con su dignidad y con su inocencia. Y va por todos aquellos que nos han dejado
huérfanos de amor y quienes desde la fotografía de un altar nos sonríen una vez
al año. Por ellos va. Va por todos ellos. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas