Vivir en una ciudad del interior de la República es prácticamente ya igual que hacerlo en la capital del país, dado que tenemos la problemática similar en cuanto a vialidad, congestionamientos… y anarquía en la aplicación de las leyes
Por: Carlos Santamaría Ochoa28/10/2010 | Actualizada a las 17:53h
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Vivir en
una ciudad del interior de la República es prácticamente ya igual que hacerlo
en la capital del país, dado que tenemos la problemática similar en cuanto a
vialidad, congestionamientos… y anarquía en la aplicación de las leyes.
A lo largo de estos años hemos denunciado –sin éxito- el hecho de que algunos
ciudadanos consideran tener más merecimientos que otros y toman las calles como
propias: claro ejemplo lo vivimos al transitar por la principal arteria
comercial de nuestra capital: la calle Hidalgo, donde inclusive, en la privada
que se ubica en la parte más céntrica hay dos automóviles que, en horas de
labores, toman la calle como suya y paran no en una u otra orilla, dado que no
hay capacidad para ello. Simplemente, se paran obstruyendo toda vialidad sin
que nada ni nadie les diga nada.
Este caso lo hemos denunciado repetidamente ante las autoridades
correspondientes, pero la respuesta es la misma: “es una persona muy conocida
en la ciudad”, lo que nos pone de manifiesto que hay ciudadanos de primera y de
segunda.
Por nada se justifica cerrar una calle para beneficio personal, menos, cuando
se trata de llevar a cabo alguna actividad oficial o comercial. Las calles son
de todos nosotros, los que pagamos impuestos y tenemos derechos y obligaciones.
Por principio de respeto, consideramos prudente el hecho de que cuando la
autoridad asiste a algún evento se le permita a uno o dos agentes reservar los
lugares del vehículo en el que se trasladan, pero de ninguna manera se
justifica que diversos elementos, contados por decenas, obstruyan el libre
derecho a estacionarse en la vía pública. Lo vemos en el Centro Cultural
Tamaulipas y la plaza Hidalgo o la Plaza Juárez, en los alrededores del teatro
que se ubica en la pintoresca plaza victorense: los agentes “quitan” todos los
vehículos y con la mano en la cintura, sin más argumento que su uniforme, nos
prohíben estacionarnos, bajo la consigna de que pueda llegar una grúa y
llevarse el vehículo al corralón, aunque legalmente no están habilitados, dado
que no estamos infringiendo ley alguna.
Es pan de todos los días, y los victorenses lo sabemos.
No conforme con ello, tenemos los bancos, sillas, cajones y hasta botes de
pintura llenos de cascajo que apartan lugares para los malos comerciantes.
Y decimos “MALOS” porque piensan en donde estacionar su vehículo, sin pensar en
sus clientes, tal y como hiciera hace muchos años un distinguido comerciante de
origen español, quien tenía una instrucción para sus empleados, y era muy
claro: “nadie se para frente al negocio, porque esos lugares son para los
clientes, que nos dan de comer”.
Esos comerciantes ya no existen al parecer, porque hoy por hoy, todos apartan
sus lugares, y los más deshonestos, pintan de azul el frente de sus negocios,
consultorios u oficinas, con un disco que anuncia la exclusividad para
discapacitados, aunque curiosamente, solamente se pueden estacionar ellos
mismos, lo que choca con la ley para personas con discapacidad: un sitio de
éstos es para cualquiera que tenga problemas para trasladarse, y no es único
del doctor, el ingeniero o el funcionario.
Miguel González Salum es un hombre bueno, de familia con principios sociales y
morales y por eso ganó las elecciones en forma tan abrumadora. Nosotros
deseamos fervientemente que pueda aplicar la ley en ese sentido, y que recupere
el centro de Victoria para los victorenses.
En los últimos meses la Secretaría de Salud cambió sus instalaciones a ese hermoso
edificio ubicado en la avenida Francisco I. Madero. Solo bastó la decisión del
cambio para que todos prácticamente, los vecinos, pintaran de azul o amarillo
sus frentes, que construyeran rampas “patito” frente a sus viviendas, inclusive
donde no hay cocheras, para no permitir que la gente se estacione ahí. Otros,
con más voracidad y sentido comercial, hicieron estacionamientos, viviendo
ahora de los que van a hacer trámites a la dependencia, o de los mismos
empleados.
Es una anarquía total. ¡Vaya!, en la actualidad hay hasta un notario que tiene
un disco donde reza que el sitio es exclusivo para él, cuando la ley lo
prohíbe, o al menos, cuando el gobernador Américo Villarreal Guerra (+) nos
administró, hizo que se respetara esta ley.
La avenida Francisco I. Madero prácticamente está sujeta a los caprichos de los
“viejos” victorenses, esos que sienten que por ser de familias con un conocido
abolengo tienen más derecho que otros.
Victoria y el mundo han cambiado, y hoy, todos tenemos derecho a transitar y
estacionarnos en la vía pública.
No es válido tener exclusividad ni para funcionarios, dado que ellos, los que
llegan a administrar, han llegado precisamente por decisión nuestra, y lo menos
que pueden hacer es respetar a los ciudadanos comunes y corrientes que
queremos, únicamente, ser tratados como cualquiera, como todos, sin distingo
alguno.
Vendrán tiempos en que la aplicación de la ley sea necesaria, que la anarquía y
el secuestro de las calles terminen, o al menos, así lo deseamos quienes
votamos por Miguel, por el hombre, el ciudadano, el ejemplar mexicano.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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