De la sorpresa paso a la realidad. Aunque siempre estuvo segura de que la penetración que tiene entre la población jaiba es arrasadora, nunca pensó que desde adentro...
Por: Javier Rosales Ortiz28/10/2010 | Actualizada a las 14:46h
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De la sorpresa paso a la realidad. Aunque siempre estuvo segura de que la
penetración que tiene entre la población jaiba es arrasadora, nunca pensó que
desde adentro y desde afuera le permitieran llegar. Ahora ya es una alcaldesa electa y empieza
a sumir su verdadero papel, aunque muchos le aconsejan que no se extralimite,
porque su seguridad corre peligro. Pero ella, como Rosita Alvirez, no entiende
razones y obstinada, como es, ignora las advertencias de aquellos que cercanos
la siguen cuidadosos y nerviosos. Su día inicia temprano y termina tarde. Con una reducida comitiva de asesores llega
a las colonias más pobres de Tampico y se apresta atenta a escuchar los
reclamos, los lloriqueos y el sin fin de necesidades que lacera a la población
de los lugares olvidados por la mano de Dios. A los chiquillos sucios y mocosos les soba
la cabeza. Las amas de casa la ven como una mujer en
la cual pueden desfogar sus frustraciones y problemas matrimoniales. Y los padres de familia se le acercan
confiados para pedirle empleo, vivienda he inclusive justicia para los asuntos
que tienen pendientes. Y ella, la maestra Magdalena Peraza Guerra,
anota en su libreta todos aquellos problemas que recoge en el camino y promete
que regresara una vez que se siente en la primera silla de la Presidencia Municipal
de Tampico, porque es una mujer de palabra. A estas alturas ella ha recorrido la mayor
parte de las colonias pobres del Tampico hermoso, pero sus asesores no se cansan
de insistirle que cuide su seguridad personal. La maestra se niega ha hacerlo, aunque
muchos le advierten que es un blanco fácil para las travesuras de algún
malandro. Ella ya se siente la presidenta de Tampico
y con justa razón regresa a las colonias a comprometerse con aquellos que le
obsequiaron su voto, pero la vida no tiene precio. Uno de sus colaboradores, de nombre Felipe
de Jesús Alejandro, le habla al oído y le insiste que solicite un refuerzo para
su seguridad personal. Pero ella es caprichosa y siente que con la
protección de los colonos que la idolatran basta, que es suficiente. Se le hace ver que en Tampico la situación
no es sencilla. Que proliferan el secuestro, las agresiones
y la violencia, pero ella como si nada. Tres días desarrolla sus actividades en la
capital de Tamaulipas propias de su trabajo como legisladora y los otros cuatro
los dedica a sobarle la espalda a los pobres pobladores de su tierra natal,
quienes la ven como su última esperanza. Unos le creen a sus promesas y otros no,
pero para ellos elhecho de que la
alcaldesa electa busque un acercamiento, ya es algo. Y es que en el proceso de candidata a
alcaldesa dicen que Magdalena ha sufrido una inusual metamorfosis. Porque aquella mujer sencilla de la que
todos hablaban, hoy luce altiva y algo desconfiada. Como quiera que sea el mérito de Magdalena
es que desafía el peligro para internarse sin protección en la zona de guerra. Ella debería valorar el contenido íntegro
del corrido de Rosita Alvirez. Esa mujer que no entendió razones. Correo electrónico;
anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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