Cuando el columnista lee en los diarios y bitácoras del Congreso de la Unión los acuerdos a los que se llega, se pregunta si esos 500 individuos pertenecen...
Por: Carlos Santamaría Ochoa27/10/2010 | Actualizada a las 15:12h
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Cuando el columnista lee en los diarios y bitácoras del Congreso
de la Unión los acuerdos a los que se llega, se pregunta si esos 500 individuos
pertenecen a nuestro país o nuestro planeta, dada la distancia abismal
existente entre los decretos y la realidad. Todo es una utopía y se manejan
temas completamente ajenos a nosotros. Ahora que se ha autorizado el incremento al precio de los
cigarrillos y las bebidas energizantes, los legisladores argumentan al igual
que el Ejecutivo, que es una medida que permitirá tener dinero para combatir
los problemas derivados del consumo del tabaco, conocidos por todos, fumadores
y no fumadores. Se habla de cáncer de pulmón básicamente, enfisema pulmonar y
otros problemas graves de salud, sin embargo, no se ha hecho nada para combatir
la obesidad. En ese último tema, se ha condenado a los llamados alimentos
“chatarra” que no son más que frituras, golosinas y demás, olvidando los
señores de San Lázaro que mucho de lo que consumimos a diario tiene
carbohidratos suficientes como para provocar la terrible gordura, pomposamente
vestida de “obesidad” o “sobrepeso”, para que no suene tan feo. Pero siguen vendiendo frituras, pastelillos, refrescos
embotellados y demás, en un espíritu de complicidad con quienes los producen.
Ningún alimento es maligno, desde la óptica del columnista, si se come con
medida. Es natural que si alguno de nosotros come seis o siete pastelillos de
chocolate con mermelada, tendrá problemas de sobrepeso y obesidad, de gordura,
pues, y las llantitas pasarán a convertirse en una enorme y voluptuosa barriga
que estorbará en las acciones más elementales del individuo. O sea, quieren ser como nuestros padres, adoptando una actitud
proteccionista, pero solamente en lo que les conviene, porque si realmente
fueran congruentes, en primera instancia, no tendríamos como diputados a esos
tipos gordos, con cachetes y papada del tamaño del mundo que abusan de las
hamburguesas y pizzas, de las comilonas y los excesos etílicos, y podríamos
contar con gente prácticamente normal en todos sentidos, incluyendo su forma de
pensar. Ahora nos dicen que todo nos hace mal: el tabaco es
terriblemente malo, y eso lo sabemos todos, aunque podría no resultar tan
nefasto como han dicho, porque de otra forma no estaría comercializándose en la
mayor parte del mundo con un gran éxito. ¿O entonces los gobiernos del mundo son
estúpidos? Hay mucho por hacer, sin lugar a dudas, pero eso de querer
comerse el mundo y los diarios con una nota que vende páginas pero no ayuda, es
algo mucho muy diferente. Los diputados piensan que porque la prensa va a
anunciar alguna de sus incongruentes medidas ya está bien, y olvidan que todos
en este mundo nos llegamos a equivocar, incluyendo los periodistas que a veces
nos vamos por una nota sensacionalista más que por una trascendente. Sucede en todas partes. Ya ve usted, nos quieren ahora tapar
la idea de pensar con la nota de que el “Chicharito” sale con una actriz
inglesa. ¡Deberían darles el premio Pulitzzer por su trascendencia! Es terrible ver la manera en que manejamos la información, pero
más grave es cuando nuestros representantes populares quieren darnos atole con
el dedo, y para muestra, el hecho de que han autorizado a que se den vales
cuando el Instituto Mexicano del Seguro Social no tenga el medicamento
adecuado. ¿No es más grave autorizar los genéricos intercambiables –GI-
que no sirven para nada y engañan a la gente, matándola poco a poco? Si por nosotros fuera, estarían estos individuos en la cárcel
de por vida, por arremeter contra la salud de más de 100 millones de personas,
porque dar una medicina que no es lo que dice que tiene constituye el más grave
delito, más grande inclusive que los crímenes que nos asolan hoy en día. El medicamento mal administrado mata a millones a diario y eso
lo saben los que comercializan estos productos. Pero tenemos que soportar a un señor Noroña difamar –con
fuero, claro está- a un funcionario acusado de ser asesino porque era titular
del IMSS cuando la guardería ABC, y se le quiere fincar toda la culpa que no es
suya, sino de otros factores. Ese es el Congreso que merecemos, seguramente, porque ¿No
habrá alguien que valga la pena en ese grupo de 500? Decepciona la forma de hacer política, pero más el hecho de
que ahora autoricen los medicamentos en forma privada a través de vales.
Seguramente, los de Primer Nivel serán los ganones. Solo es cuestión de moverle un poco para saber quién es el
verdadero dueño de estos medicamentos que se ofrecen en un auténtico fraude a
la población. Los medicamentos patito son graves, sin duda alguna, pero más
grave es contar con legisladores que los avalan… y solapan. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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