Si bien es cierto que existen en el país más de 7 millones de jóvenes sin empleo ni estudio, de esos que han dado en llamar “ninis”, no podemos ocultar la molestia que se siente por querer justificar a quienes no tienen oportunidades...
Por: Carlos Santamaría Ochoa23/10/2010 | Actualizada a las 18:11h
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Si bien
es cierto que existen en el país más de 7 millones de jóvenes sin empleo ni
estudio, de esos que han dado en llamar “ninis”, no podemos ocultar la molestia
que se siente por querer justificar a quienes no tienen oportunidades, sea
porque no tienen la preparación adecuada, o porque no quieren hacerlo, aunque
hay un porcentaje importante de esos que no han sido retribuidos por la vida.
Cierto, los “ninis” son muchos. Datos de la Universidad Nacional Autónoma de
México aseguran que son unos 7 millones en el país, pero los conservadores
afirman que hay más.
Muchos jóvenes están esperando la oportunidad de su vida, quizá, con una dirección
o gerencia, trabajando pocas horas y ganando muy bien, casi como si fueran diputados. Dicen
personas del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM
que la falta de oportunidades de empleo, la deserción escolar y la baja calidad
educativa tienen que ver para que el fenómeno “nini” sea una auténtica bomba de
tiempo, cuya magnitud y costos no ha dimensionado el gobierno, y por ende, no
tienen idea de cómo desactivarla.
La “bomba” está a punto de estallar, sin lugar a dudas, porque hay desempleo,
porque los chavos quieren únicamente ganar-ganar, sin un esfuerzo que
signifique sacrificar algo.
Lo vemos a diario en las universidades donde llegan a querer copiar apuntes,
copiar en su dispositivo de almacenamiento USB las presentaciones del profesor,
y también, donde llegan a pedir al profesor una “guía” donde vengan las
preguntas del examen para no batallar y obtener un inmerecido diez.
Esto es lo que nos está sucediendo: los “ninis” nos están convirtiendo en una
sociedad de inútiles, de inadaptados que gustan de culpar a los demás por sus
faltas de éxito y sobre todo, gestando a una generación que dentro de unos años
mal gobernará al país, si es que se puede hacer peor, pues.
Es grave el problema, sin lugar a dudas, y hay varios “culpables”.
En primera instancia, las escuelas de educación pública que abaratan sus
estudios y los comercializan a cualquiera que se acerque a preguntar apenas,
para luego, repartir la culpa al gobierno que no tiene la capacidad de crear
fuentes de e empleo suficientes para todos, aunque aquí hay que decir que mucha
de esta culpa no es de la autoridad sino de la falta de empresas e instancias
que tengan donde albergar a los profesionistas del mañana.
No todo tiene que ser burocracia, pero sucede que nadie quiere batallar.
Recordará el lector que hace algunos años los egresados de agronomía aspiraban
como única instancia a trabajar para la SARH –en ese entonces- y punto. No eran
capaces de ensuciar o enlodar sus botas, y lo mismo sucedía con los
veterinarios que no alcanzaban a comprender que sus hermosas botas de marca
olieran a estiércol de algún animal.
Eran tiempos en que todo mundo quería una “chamba” de escritorio, y
entrecomillamos “chamba” porque para nosotros significa la manera más mediocre
de obtener un empleo, sin esfuerzo, sin beneficio a los demás, parasitando
únicamente para lograr algo a nivel individual.
El estudio de la UNAM constata que el 37 por ciento de los adolescentes
abandonan la escuela antes de concluir la secundaria, lo que, debido a la
situación a la que nos está orillando cada día el gobierno federal, puede
incrementarse a cifras más alarmantes aún. Peligroso, sin duda alguna, porque
los muchachos dejan la escuela y buscan el dinero fácil, que hay muchas formas
de obtenerlo.
¿Qué se debe hacer?
Sin lugar a dudas, ponernos la pila todos: autoridades, empresarios, iniciativa
privada, pero sobre todo, la familia, porque es bien sabido que los muchachos
son producto de lo que les hemos enseñado.
Dejemos ya, de una vez por todas, de meterles en la cabeza que tenemos un muy
mal presidente o que el gobierno significa corrupción, que los diputados son
los haraganes más grandes del mundo o que un delegado federal es algo así como
Al Capone, pero sin dignidad ni probidad.
Dejemos que piensen que México vale la pena, dejemos que hagan un esfuerzo por
salir a buscar empleo, porque vaya que están llenas las páginas de los diarios
en los clasificados donde la gente busca quien les trabaje.
Dejemos que batallen un poco: no les demos todo lo que piden porque crearemos
cuervos y nos sacarán no solamente los ojos, sino las entrañas.
Es el momento de entender que los “ninis” son el reflejo de lo que hemos hecho
con esta sociedad, a la que dimos malamente una orientación de derecha y nos ha
salido el tiro por la culata, por lo que estamos viviendo una cruda de unos
diez años.
Hagamos algo por nuestros hijos, por nuestros “ninis”, y dejémosles que busquen
en qué ocuparse, pero también, exijamos a las autoridades que propicien la
participación de todos los sectores, para que, con esas medidas y una buena
educación salgan adelante los mexicanos del mañana.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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