El columnista, como todos los individuos que habitamos este gran país, tiene sus ideas políticas y simpatías que, por consecuencia prácticamente natural y lógica no son, en nada, parecidas a los que apoyaron al gobierno federal...
Por: Carlos Santamaría Ochoa22/10/2010 | Actualizada a las 16:50h
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El
columnista, como todos los individuos que habitamos este gran país, tiene sus
ideas políticas y simpatías que, por consecuencia prácticamente natural y
lógica no son, en nada, parecidas a los que apoyaron al gobierno federal a
llegar a donde se encuentra desde hace diez años, cuando el señor Vicente Fox
ganó las elecciones federales y se posesionó de la titularidad del Ejecutivo,
posición que deja mucho que desear en la actualidad, gracias a lo que vivimos a
diario en todos los ámbitos y que nos pone de manifiesto que hay una gran
incapacidad para hacer un buen gobierno.
Sin embargo, lejos de la simpatía que pudiera tener hacia un instituto político
u otro, confiesa que procura con mucho trabajo, pensar en forma imparcial.
Decimos que es difícil porque somos de la idea de que no existe una mentalidad
completamente ajena a toda simpatía. Los del fútbol, cuando gana un equipo, la
mitad están contentos contra la otra mitad que lamentanel resultado.
Y en las elecciones lo vivimos también: unos ganan y se vanaglorian de una
elección adecuada, cuando los perdedores piensan que les robaron o que fue una
elección injusta, por decir lo menos agresivo.
Pero cuando Felipe Calderón decidió lanzar el decreto para adelantar el Apagón
Analógico, fuimos de los primeros en aplaudir la medida que, insólitamente, la
Suprema Corte de Justicia de la Nación ha echado abajo en aras de una supuesta
falta de respeto a la Cofetel -Comisión Federal de Telecomunicaciones-, dado
que era la instancia encargada de dictar esta medida que nos pondría un paso
adelante del progreso.
Imaginamos cuando se inventó el automóvil de gasolina que alguien pensó que era
un paso tonto, ilógico o estúpido y quería seguir manejando automóviles de
vapor, o que cuando hubo licuadoras, los más querían seguir utilizando el
metate o el molcajete. Perdón por la comparación, pero la decisión de la
ministra Olga Sánchez Cordero nos parece todo menos cercana a la congruencia.
Hay que pensar que mientras más pronto se pueda dar ese apagón, México podrá
estar a la par del mundo moderno. Un ejemplo, quizá poco importante para muchos
lo constituye el hecho de ver por televisión de cable algún partido de fútbol
de la UEFA o de España: resulta que vemos “cortada” la imagen y muchas jugadas
se pierden, porque dentro de las características de la televisión digital está
también el formato de la misma, entre otras cosas, amén de que habrá mejor
forma de transmisión, mayor calidad y variedad. No importa eso, para la Suprema
Corte solamente importó el hecho de que el presidente Calderón se tomó
atribuciones que competen a otra instancia –COFETEL- y simplemente argumentaron
que había que ser justos.
Justos, para los ministros, resulta el hecho de que el presidente de la
República esté alineado con la legalidad, pero no cuando los jueces imponen
sanciones a inocentes, o no cuando un mal médico mata a un paciente por
negligencia médica.
Para los ministros que están muy bien pagados –sobrepagados, diríamos con
justicia- es más justo quitar el decreto que nos acerca a la modernidad mundial
que buscar la manera de que los familiares de las muertas de Juárez sepan que
pasó con sus seres queridos, o que un delincuente como aquellos banqueros
ladrones se embolsen millones de pesos del pueblo.
Es más justo no permitir que se acelere la conversión que exigir que las listas
del FOBAPROA se limpien de todos esos servidores públicos que se sirvieron con
la cuchara grande y nunca pagaron, o que los que traficaron con influencias
estén libres como mariposas.
Es más justo, insistimos, darse a notar con una decisión contra el presidente
Calderón que exigir a las autoridades un salario mínimo decoroso suficiente
para poder ya no vivir, sino sobrevivir, porque con los incrementos que se
autorizan no se puede más que ser cada vez más pobre. Suben 1 o 2 por ciento
los sueldos cuando los diputados autorizan aumentos del 25 por ciento a
cigarrillos, bebidas energéticas, servicios que otorga el estado como gasolina,
gas y otros, pero siguen pensando que el presidente de la República incurrió en
una falta.
¿Cómo se le llamará a la falta de aplicación de estos malamente bien pagados
“ministros” en la legalidad que todos esperan que se cumpla?
Se piensa que son incorruptibles. No nos atrevemos a decir que lo sean, pero
tampoco a asegurar que están limpios como un niño de párvulos, porque sus
decisiones dejan mucho a la imaginación.
No es posible que queramos detener el progreso de la nación en materia de
telecomunicaciones, bajo el ilógico pretexto de que se utilizaron conductos
inadecuados, cuando hay una injusticia social propiciada por un pésimo servicio
en instituciones de salud, cuando no se legisla acerca de la fraudulenta venta
de medicamentos “genéricos”, solapada por autoridades federales de salud, y que
constituye un delito de asesinato en grado de tentativa.
Pero la ministra Olga Sánchez Cordero ya echó por tierra la voluntad del
presidente Calderón de acelerar nuestro progreso. Luego de haber dado cuenta de
su decisión, ha ido a su casa a disfrutar de una buena película, en una
televisión, seguramente, digital, de esas de sistema LED, exclusivo para
frecuencias digitales, porque puede pagar más de una de estas máquinas
tecnológicas. Ella puede, eso y más, como detener el progreso del país.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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