Quien ha tenido contacto con el sector educativo, en forma oficial y burocratizada, sindicalizada o libre, sabe que el hecho de entrar a esto de la educación significa más que una profesión, un enorme reto, por todo lo que se debe manejar
Por: Carlos Santamaría Ochoa18/10/2010 | Actualizada a las 14:56h
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Quien ha
tenido contacto con el sector educativo, en forma oficial y burocratizada,
sindicalizada o libre, sabe que el hecho de entrar a esto de la educación
significa más que una profesión, un enorme reto, por todo lo que se debe
manejar.
Y en ese sentido, los padres de familia somos bien curiosos: “educamos” a
nuestros hijos de acuerdo a nuestra formación y creencias, pero solapamos
irregularidades en su comportamiento, considerando que son los típicos “un
momentito”, un “no me tardo” o algo parecido, sin olvidar al que llega y dice
“no se preocupe m’ijo, que su padre lo arregla con la autoridad”.
De todo hay, pues, y como comentábamos, no es fácil entrar a este sector, menos
cuando quienes fungen como padres de familia se supeditan a llevar, en algunos
casos, a sus hijos a la escuela, y en otros, de plano, únicamente a procurar
que tengan los útiles y uniformes necesarios para su formación escolar.
Es ahí donde pudiéramos entrar los padres: en la parte que nos permite reforzar
los valores que están más que caducos, y también, regalarles una formación que
sea para toda la vida.
En ese sentido, algunos olvidamos que lo que bien se aprendeno se olvida, y la educación y valores son
fundamentales, pero, insistimos, si los brincamos, todo lo que represente
formación en los hijos va a servir para dos cosas: para nada y… ya sabe usted.
Y un claro ejemplo lo vemos a diario en las escuelas, cuando los propios
padres, encargados de la formación de esos pequeños, no respetamos ningún
reglamento en aras de que los herederos no caminen siquiera diez o veinte
metros.
En la escuela secundaria general número 4, que dirige la profesora Patricia
Elena Roché Rangel ayer iniciaron con una parte de la formación de los hijos
que, necesaria y urgentemente, tiene que ser atendida por nosotros, padres de
familia.
Resultó interesante ver a pequeños principalmente del primer grado de
secundaria, salir enfundados en vistosos chalecos color rojo fosforescente,
adornados con láminas amarillas de material plástico. Ellos, con sus banderolas
y pancartas, hicieron que usted o yo nos levantáramos en un alto involuntario
pero necesario.
También llevaban conos para el tráfico, y la idea era ayudar a la gente a tener
más conciencia, lo que se ha perdido a través de los años, porque nadie tiene
interés en ayudar a los demás, en pararse sin obstruir las líneas amarillas de
zona peatonal, o no hacerlo en doble-y
hasta triple- fila, sin que haya un castigo de por medio.
Bien dice Iola que lo anterior es parte de la formación del hogar: si no
enseñamos a respetar a los hijos, difícilmente lo aprenderán de la calle.
Dejemos a la calle para que les forme conciencia ciudadana y otras cosas, pero
los hábitos y costumbres propias no tienen por qué destruirlos.
Y los muchachos de la Escuela Secundaria General número 4 han hecho lo que la
autoridad podría y debería hacer, pero que, dicho sea con toda honestidad, no
tiene el número de elementos suficientes para estar en cada escuela.
Las autoridades de tránsito deben poner orden, y así lo entendemos, pero si
usted o yo no les ayudamos, nunca podrán hacerlo en un régimen como el nuestro,
y hablo con toda sinceridad.
Sin embargo, ¿qué sucede cuando la autoridad trata de poner orden y vamos con
los amigos para que nos quiten la multa?
Todos hacemos cosas así y queremos educar a los hijos: ¿con qué cara? ¿La del
que tira basura por las ventanillas? ¿La que, cuando se paran en doble fila bajan
el hijo en la escuela o la iglesia?
Con qué cara podríamos, sinceramente, ser padres “ejemplares” si solapamos y propiciamos
estas conductas, y luego nos asustamos porque las cometen.
Es tiempo, en primera instancia, de reconocer el gran esfuerzo de autoridades
educativas de la secundaria general número 4, porque en la misión se llevarán
críticas y actitudes nefastas de varios inconscientes padres de familia, pero
estarán satisfechos porque nuestros hijos, SUS alumnos, estarán tomando
conciencia de lo que hay que hacer bien, y que todos sabemos, pero que fingimos
no entenderlo cuando tenemos flojera… o porque no nos da la gana, así de
simple.
Esperamos que haya más ejemplos como el presente, y que los niños tomen las
calles, a ver si así entendemos los padres, porque estamos mal, muy mal.
Y muchas felicidades a la profesora Roché Rangel, a su equipo de colaboradores,
y a los muchachos de esa prestigiada secundaria.
Ya ganaron, porque ellos, los elegidos, tienen otra conciencia, que les llevará
a ser mucho mejores ciudadanos que la inmensa mayoría.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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