El estilo de hacer política ha sufrido transformaciones, sobre todo a partir de la alternancia en el Gobierno Federal del 2000...
Por: Ana Luisa García17/10/2010 | Actualizada a las 19:41h
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El
estilo de hacer política ha sufrido transformaciones, sobre todo a partir de la
alternancia en el Gobierno Federal del 2000 y eso ha impactado en una de sus
herramientas como es el periodismo de opinión: la columna, el editorial y el
artículo de fondo. El analista político es aquel cuya experiencia y ejercicio
de observación de las cuestiones públicas, le dan la experiencia para emitir un
diagnóstico o presunción de un acontecimiento. El
analista opina para el servidor público, pero también para el ciudadano común,
auno y otro le proporciona elementos de
juicio, quizá pretenciosamente creemos que contribuimos en la toma de
decisiones de los primeros y en el segundo caso a formar opinión pública.
Cierto o no, la tradición nos ha llevado a jugar con las ideas en un sano
ejercicio que en los últimos tiempos parece perderse por la autocensura. Y
es que en algún momento la clase política ideó utilizar la “filtración” de
información para medir el impacto que pudiera tener tal o cual decisión y eso
fue adoptado por algunas generaciones de periodistas como una “regla”, que ha
empezado a convertirse en una limitante. El
tema viene a colación porque en este prolongado episodio de la transición o
renovación de mando en los Poderes, hay quienes esperaban recibir una luz en el
tema de la integración del Gabinete y la renovación de la Presidencia de la
Junta de la Coordinación Política del H. Congreso del Estado, lo cual es
prácticamente imposible, por lo que implica. ¿Se
imagina Usted, si el Gobernador Electo soltara prenda lo que ocurriría?, seguramente
se desataría una batalla campal, los golpes bajos sobrarían, con lamentables
saldos. De ahí que nuestros comentarios en el tema de la transición no
provienen de fuente alguna, son a título personal y provienen de un ejercicio
de observación. En
el caso del Poder Legislativo, donde se barajan con insistencia dos nombres, el
de Antonio Martínez Torres y Oscar Almaraz Smer, habría que agregar a la
profesora Lupita Flores de Suárez, cuya trayectoria la incluye en automático:
experiencia legislativa, sensibilidad política, don de gentes, capacidad de
negociación y conocedora de la realidad política social y económica de
Tamaulipas. Pero
el punto de partida para la elección del sucesor del Dr. Felipe Garza y que la
tradición ha impuesto por algo, son las siguientes: experiencia legislativa, es
decir repetidor en la local o exdiputado federal; conocedor de las leyes o con
carrera de abogado; trayectoria partidista que le proporcione el aval moral frente
a sus compañeros de partido y respeto frente a la oposición; sin talón de
Aquiles que pueda ser utilizado por partidos contrarios para el golpeteo. Antes
del 2000, otra regla era, ubicar en el liderazgo del Congreso al que hubiera
tenido mayor captación de votos, para eso los priístas se las ingeniaban, eran
los tiempos de las urnas embarazadas, el mapachismo, etc. Bastaba la indicación
del gobernador en turno para rellenar las ánforas electorales y asunto
arreglado. En los últimos trienios, en Tamaulipas, los pastores del Congreso han
llegado por la vía plurinominal, es decir sin objeción ninguna, la excepción es
Felipe Garza Narváez, de incuestionable trayectoria legislativa. Y esa es la
regla, que no exista coyuntura que ponga en tela de duda la legitimidad del
diputado(a) Presidente en la Junta de Coordinación Política. En
cuanto a la terna citada, los de experiencia legislativa son obviamente
Martínez Torres y Lupita, con el agregado, que esta última daría el plus de la equidad
de género, cuando vemos difícil la ubicación de una mujer en una Secretaría,
como en algún momento la ocuparon Mercedes del Carmen “Paloma” Guillén Vicente,
Laura Alicia Garza Galindo y Ganett
Saleh Gattas. La
integración del Gabinete es un tema todavía más largo de analizar en este
espacio en otra ocasión, por ahora sólo apuntaremos que cualquier gobernador
electo, del estado de la República, el que Usted quiera, tiene que ver primero
el equilibrio de fuerzas políticas del Estado, la inclusión de todas las
regiones importantes de la entidad, sin pasar por alto la equidad de género.
Esto traducido a buen romance, quiere decir que en esta ocasión NO DEBE de
haber preponderancia de victorenses en el gabinete y que por lo menos tiene que
tener presencia en una secretaría importante la zonas conurbadas del sur y de
Reynosa. El espacio finaliza y el tema es inagotable.
Ana Luisa García García
(15-Nov-1950) es licenciada en Periodismo, egresada de la Universidad Veracruzana generación 1969-1973.
Ejercicio profesional en los siguientes medios: Dictamen de Veracruz, EL Diario de Cd Victoria, El Universal y Ovaciones en el D.F. El Heraldo de Tampico y columnista de La Verdad desde hace 25 años a la fecha.
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