Hay cosas que no debieran proponerse por lógicas, o simplemente, porque no es posible comprobarse. Tal es el caso de la bancada panista del Congreso del Estado...
Por: Carlos Santamaría Ochoa12/10/2010 | Actualizada a las 14:34h
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Hay cosas que no debieran proponerse por lógicas, o
simplemente, porque no es posible comprobarse. Tal es el caso de la bancada panista del Congreso del
Estado de Tamaulipas, en el sentido de que ahora quieren que quienes enfrentan
un proceso de divorcio estén impedidos para “descalificar” a su pareja ante sus
hijos. Los expertos en asuntos de terapia familiar y demás
tienen muchas opiniones al respecto. Hay un libro –ya lo comentamos hace unos días- cuyo
título es, palabras más, palabras menos, “divorciarse… o destrozarlos”, y que
se refiere precisamente a una etapa en la vida conyugal que no es nada
agradable, y quienes vivimos una experiencia similar lo sabemos de sobra. Siempre pensamos que, si se llega a decidir romper el
vínculo matrimonial se debe hacer sin afectar lo más importante y sagrado: los
hijos, pero la realidad es otra. Los hijos resultan afectados por el simple proceso de
separación de sus padres, y es que algunos tienen más cercanía siempre con uno
de los padres, lo que resulta difícil cuando quien se va de casa es
precisamente esa figura que les acompaña y demás. Cuando sucede lo contrario,
muchos de nosotros aprovechamos para exaltar las deficiencias de la pareja, los
errores y defectos, como para justificarnos ante los vástagos. Esto, aunque
muchos lo niegan, se presenta prácticamente en todos los casos. Hoy resulta que, amparados en su trabajo legislativo, los
miembros de la llamada bancada panista, es decir, parte de esos diputados que
no son representantes populares porque llegaron por casualidad y amiguismo y no
por la decisión de las mayorías, y que se les llama plurinominales, en un acto
que pretende justificar la variedad de voces en el Congreso, sin importar que
no los elija el pueblo, como reza la ley, ahora piden adiciones al código Civil
de Tamaulipas para que se “prohíba” a uno hablar mal del otro. Las ofensas no están permitidas, no son buenas, todos lo
sabemos, sin embargo, cuando vamos manejando y se cruza un inexperto conductor,
ya maldecimos o con el claxon le mandamos un recordatorio maternal. Cuando los del equipo contrario toman la pelota, les
gritamos hasta de qué se van a morir para “presionarlos”. Nada de ello es
legal, y la ley habla de sanciones para quien ofende. Entonces, no entendemos por qué quieren presentar la iniciativa
de decreto para adicionar a los artículos 259 y 260 lo referente al divorcio y
las ofensas. Dice la iniciativa que en tanto se decrete el divorcio,
los cónyuges deben evitar cualquier acto de manipulación encaminado a producir
en los hijos rencor o distanciamiento hacia el otro cónyuge, lo que será
valorado por el juez y considerado en su resolución. ¡No se midieron! Lo que quisieron manejar es que, cuando
el padre esté con los hijos no hable mal de mamá y viceversa, aunque haya
motivos de sobra para hacerlo, lo cual es comprensible, dado que nadie tiene la
autoridad para descalificar al padre o la madre. Pero los legisladores panistas decidieron que papá no
hable mal de mamá, que mamá no hable mal de papá, que las tías y tíos tampoco
lo hagan. Habrá que poner micrófonos en las casas. Hay que pensar que, cuando se está casado, a veces uno
dice algo así como “es que tu madre no pensó en tal o cual” y cosas que pueden
llevar a los hijos a pensar que uno de sus padres ha cometido algún error. Ya
nos enredamos, pero el caso es que, los legisladores por dádiva de un sistema
generoso con las minorías políticas, han decidido poner todo su entusiasmo en
evitar que mami ofenda a papi, cuando hay asuntos que merecen su atención
inmediata. Tenemos una ley de imprenta que data de casi cien años y
no se ha actualizado, o reglamentos como el de tránsito que resultan
anticonstitucionales; hay una ley de adopción pendiente y de vigilancia para el
cumplimiento a los derechos de personas con discapacidad. Y ellos, preocupados por la probable palabra soez de papá
o mamá. Es increíble en qué se entretienen los que dicen que
legislan, los que tienen oficinas y todas las comodidades no ganadas en las
urnas y pretenden hacer leyes. No, señores, no se vale. Como ciudadanos tamaulipecos les exigimos, en primera
instancia, que tomen su papel dentro de la historia política y administrativa
de la entidad, y en segundo lugar, que dejen de descalificar a miembros de
otros partidos y atiendan la agenda personal, porque, la verdad, deja mucho que
desear su trabajo. Nos hace pensar que los muchos pesos que se llevan a su
bolsillo son mal ganados, y eso, en cualquier parte del mundo, se llama fraude,
robo, estafa, porque no se devenga ni se justifica su pago. Procuren mejorar su calidad legislativa y estar a la
altura de las necesidades del Tamaulipas que nos ha tocado vivir y que, a pesar
de tener un código electoral donde se permite que lleguen al Congreso personas
sin la validación popular, es decir, sin los votos conducentes, que se pueda
dignificar su función. Dejen de subir a la tribuna a ofender y quejarse de la
“aplanadora priísta”, y por favor, a nombre de los 3.5 millones de ciudadanos
del estado: ¡pónganse a trabajar y desquitar su salario! Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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