Hemos de insistir en el asunto de la educación, no porque se esté haciendo una tarea incompleta, pero sí porque tenemos que...
Por: Carlos Santamaría Ochoa10/10/2010 | Actualizada a las 17:07h
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Hemos de
insistir en el asunto de la educación, no porque se esté haciendo una tarea
incompleta, pero sí porque tenemos que apurar el paso, apretar, impulsar, pero
también, para garantizar el éxito, necesitamos participar todos. Muchas
veces apuntamos que el secretario de educación en Tamaulipas José Manuel Assad
Montelongo llegó a cubrir un puesto difícil, dado que el gremio magisterial se
ha caracterizado siempre por ser conflictivo y en también existen muchas
historias en torno a ellos. Se dice
mucho que las plazas se venden, que hay personajes involucrados y se manejan
nombres de servidores de primero y segundo nivel, secretarias o empleados
administrativos, todos, supuestamente metidos hasta las manos en el negocio
ilícito de comerciar con los nombramientos. Hace unos
días, comprando una nieve en conocido sitio de Victoria, una de las empleadas
estaba llamando a su madre vía celular, y sin ser entrometido pude percatarme
del mensaje a su progenitora. Palabras más, palabras menos, decía “sí, por
favor mándame los papeles, y si se puede que sea de educadora, mejor”. Lo
siguiente fue una charla amable donde la mujercita puso de manifiesto que le
estaban consiguiendo una plaza. En el sector educativo es muy común en alguien
que se jubila, y porque así lo ha permitido históricamente el sindicato
corrompido por los Jongitud y Gordillo, entre muchos otros, puede comercializar
su plaza, heredarla a sus hijos o sacar el provecho administrativo que
considere pertinente. Hay que
ver el tamaño del criterio de la gente que hace estas cosas: las plazas no son
heredables. El ejemplo clásico: si usted es profesor y su hijo es bombero,
¿sería justo que diera clases de matemáticas? ¡Claro que no!, sin embargo, todo
se permite. No
obstante, Assad Montelongo enfrentó el reto que le propuso el gobernador
Eugenio Hernández Flores y ha salido avante, pero los planes de educación están
atorados en alguna parte, porque cuando los chicos llegan a la universidad, se
culpa al mentor de estas instituciones de educación superior de no entregar a
la sociedad buenas cuentas. Hay que
tomar conciencia de que cuando alguien sale de una escuela de educación
superior, tuvo que pasar por una de preescolar, primaria, secundaria y
bachillerato, es decir, cuatro sistemas educativos por lo menos, y además,
seguramente por ahí llevó a cabo algunos cursos más. No es
culpa de un profesor de la universidad el tener malos alumnos; hoy en día,
muchos de éstos decepcionan a cualquiera por la falta de entusiasmo con que
llegan y se depositan en un banco del salón, esperando a que el profesor diga
lo que ha preparado, pero sin participar siquiera en copiar los apuntes. Eso,
tristemente, es una realidad que vivimos a diario: los muchachos que no quieren
estudiar o que van como si fueran obligados. Si así es, ¿por qué no externan su
punto de vista en casa para que les liberen de esa obligación tan desagradable? La
educación es de todos y eso lo sabe cualquiera. No es del secretario o el
profesor, de la directora o el prefecto, sino que es un poco obligación de
todos, incluyendo a los padres, que en la mayoría de las veces dejamos a un
lado la parte que nos corresponde, porque siempre será más cómodo culpar a los
demás de los fracasos en que participamos. Es como
la selección mexicana de fútbol: todos tienen la culpa menos el que habla. Tiempo es
en que todos hagamos la parte que nos corresponde, y exijamos lo que debemos
exigir, pero en forma congruente. Por
cierto, muy positivo sería que el secretario de educación en Tamaulipas se
enterará que una de las escuelas que gozó de un gran prestigio desde hace más
de 50 años ha iniciado el ciclo escolar careciendo de profesor de educación
física, lo cual choca con el postulado del gobernador Eugenio Hernández Flores
de que el ejercicio se instrumente en forma casi obligada como una herramienta
adecuada para combatir la obesidad y el sobrepeso. Hemos
querido ver al funcionario, cuya habilidad para tratar con la gente es
incuestionable, no así de quienes se ubican en torno suyo. Los
secretarios particulares en ocasiones nos hacen pensar mal de algunos bien
intencionados servidores públicos. No está
el lector para saberlo, pero hay una solicitud de audiencia que data de más de
12 meses, y la última se remite al inicio del ciclo escolar, con la promesa de
que sería atendida a la brevedad. “No te
preocupes, yo te llamo esta semana”, nos dijeron. Y es
fecha que no hay respuesta. Ya los niños llevan dos meses de clases casi, sin
tener acceso a la educación física, y el sindicato no ha querido enviar a
nadie. Las autoridades competentes pueden solucionar esta carencia, porque la
responsabilidad es de todos. Ojalá nos
ayuden, y también, que le den un buen jalón de orejas a esos secretarios que no
funcionan, como el del titular de educación y también del titular de Desarrollo
Social, Humberto Valdés, porque sucede lo mismo en ambos casos: un sospechoso
silencio, y sus jefes, nada saben de las inquietudes de la gente. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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