Los que no han tenido la oportunidad de participar en un cargo, o designación en alguna administración municipal, estatal o federal critican mucho...
Por: Carlos Santamaría Ochoa09/10/2010 | Actualizada a las 13:09h
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Los que
no han tenido la oportunidad de participar en un cargo, o designación en alguna
administración municipal, estatal o federal critican mucho el hecho de que se
gobierne con amigos. El
término “amiguismo” es común, y desgraciadamente, en ocasiones no resulta
positivo el mismo, porque quienes hacen gala de éste no tienen la competencia
necesaria para cumplir cabalmente con las funciones encomendadas. Ejemplos
buenos y malos los tenemos en cada gobierno, y eso lo sabemos todos. Y
también, cuando una persona llega a gobernar, “echa mano” en primera instancia
es de sus amigos, por consecuencia prácticamente lógica: ¿en quien confiar si
no es en los amigos y gente cercana? Ni modo
que se invite a colaborar a personas que no conocemos o que su trayectoria no
es precisamente una claridad de currícula. Los que gobiernan tienen que confiar
en sus colaboradores más cercanos para poder garantizar que habrá resultados adecuados. Un claro
ejemplo lo podemos entender con el gobernador Eugenio Hernández Flores, quien
comenzó el sexenio con sus amigos y, dicho sea con toda franqueza, le han
rendido cuentas más que positivas. El
primero de los ejemplos lo constituye quien fue su secretario particular y
posteriormente secretario de Desarrollo Social, Manuel Muñoz Cano, cuya
eficiencia se puso de manifiesto en las tareas encomendadas. Manuel,
como todos los hombres de éxito, tiene partidarios y detractores: los que han
podido aprovechar la capacidad del joven político tamaulipeco tienen una imagen
más que positiva, contra los que quisieron aprovechar algún “privilegio” de
esos comunes en vividores y líderes oportunistas, que por lógica, tienden a
expresarse de mala manera. Sin
embargo, Eugenio Hernández ha confiado en él y los resultados están a la vista.
Lo mismo sucedió con el doctor Rodolfo Torre Cantú (+), quien supo aprovechar
la capacidad de Muñoz Cano y lo incluyó en su equipo de campaña, con un gran
éxito. Otro
ejemplo más que claro lo constituye en Tamaulipas José Manuel Assad Montelongo,
quien al hacerse cargo de las finanzas logró sanear al estado y entregar
“números negros”, para luego ser ubicado en uno de los sectores más
conflictivos pero determinantes: Educación. El
secretario Assad llegó a esa enorme “olla de grillos” y ha enfrentado los retos
que implica el responder positivamente. También, los resultados están ahí, a la
vista de todos. No se
puede decir que los amigos son malos, sin embargo, cuando uno es realmente
amigo de quien gobierne o aspire a hacerlo, deberá ser honesto con su amigo,
porque hay que imaginar que presionamos para que nos den un puesto o cargo, y
¿Qué pasa si no tenemos la capacidad para ello? Casos
como el presente los hay, por cientos. El nuevo
gobierno de Tamaulipas que entrará en vigor a partir de enero de 2011 ya está
siendo objeto de presiones mediáticas por parte de algunos aspirantes a cargos,
cuya capacidad puede estar en tela de juicio, y hacen acopio de recursos en los
medios para hacerse notar. Han
olvidado que llegará una persona con capacidad y experiencia, y que se ha
comenzado a rodear de gente que puede hacer frente a estos retos… y más. Ya vemos
la manera en que algunos se candidatean con sus amigos para que les “filtren”
comentarios, y de alguna forma, presionar un poco al gobernador electo. Esto es
cosa de todos los días: los aspirantes quieren llegar, no importando que haya
capacidad o no. Al
ingeniero Egidio Torre Cantú hay que convencerlo con una currícula positiva,
con trabajo y resultados, no con comentarios mediáticos, y eso lo saben sus
verdaderos amigos, los que estarán cerca, haya o no algún nombramiento de por
medio. Los
amigos no se miden por nombramientos, porque entonces, caeríamos en graves
condiciones de gobernabilidad. Imagine
el lector que, por ser alguien “cercano” a la señora Elba Esther Gordillo
aspire a dirigir la educación en Tamaulipas… habrá que ver la falta de calidad
en los resultados de la aún dirigente magisterial en materia de educación, por
ejemplo. Ya no
vivimos en esos tiempos en que se presionaba a los gobernantes con la típica
“tarjeta” para sugerir un nombramiento, y que más que sugerencia sonaba a
orden. No aquí, porque nuestras autoridades no se prestan a esas cosas, y
quienes nos gobernarán tampoco. Esos que
buscan tarjetas y recomendaciones deben, en primera instancia, entregar
resultados y proponer más que pedir “chamba”. No
necesitamos “chambistas” sino gente que sepa trabajar en todas las áreas. Y si
son verdaderos amigos y no se les invita a colaborar será porque quien dirigirá
la administración considera que son mucho muy amigos… pero no tienen el perfil. Y
entonces, entenderán, o deberán hacerlo. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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