Se les conoce en el país entero, aunque en Tamaulipas ha proliferado un grupo de éstos. Se trata de entes que semejan a un hombre con pensamientos...
Por: Carlos Santamaría Ochoa06/10/2010 | Actualizada a las 15:37h
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Se les conoce en el país entero, aunque en
Tamaulipas ha proliferado un grupo de éstos. Se trata de entes que semejan a un
hombre con pensamientos propios. Son los líderes “sociales”, aunque la verdad,
no tenemos idea de cómo se han denominado así, porque lo que menos hacen es ver
por la sociedad. Veamos: su modus operandi –modo de
operación, porque seguramente no entendieron el término- se fundamenta en
reunir gente que tiene necesidades manifiestas, principalmente, de vivienda o
empleo pero que, a decir de algunos estudiosos y encargados de atenderlos, son
muchos de ellos personas que no hacen nada por mejorar, por encontrar un empleo
o por salir avante de la difícil situación económica que TODOS vivimos,
inclusive, empresarios y comerciantes. Estos individuos ya tienen a la gente y se
mueven en diversas entidades prometiendo “el oro y el Moro”, pero obviamente,
sin cumplir sus promesas. Critican a los políticos que prometen y no cumplen…
pero están igual que ellos o peor, porque además, lucran con la necesidad de
los pobres. Les piden cuotas –lo que los políticos por
lo general no hacen- y además los utilizan para hacer presión en dependencias. Exigen que a sus agremiados se les de
vivienda, despensas, seguros, empleo, escuela y demás… Ellos, nunca hacen algo siquiera por
simular que se puede trabajar por los demás. Sin embargo, vienen y desquician cualquier
ciudad y cualquier entidad sin que la autoridad competente les ponga un “hasta
aquí”, porque sinceramente, cuando a alguno de nosotros le toca la
manifestación del “sentir popular”, nos joroban el momento, el día, e
inclusive, se ponen muy valientes, porque vienen caminando en grupo, o sea, en
“bola”, para entenderlo mejor. Su agresividad está fundamentada en la
cantidad, porque uno solo de ellos no puede enfrentar siquiera un grito de
alguien. Los ciudadanos que nos consideramos
“normales”, entendiendo por lo anterior el hecho de que trabajamos y pagamos
impuestos, no entendemos, sinceramente, por qué se les permite que secuestren
una ciudad o la zona de cualquier entidad sin ser castigados. Si usted o yo nos
estacionamos, por ejemplo, en la calle de la Plaza Juárez, frente al palacio de
gobierno, inmediatamente llega una de esas grúas especiales y se lleva el
vehículo, pero llegan estos grupos y ahorcan el tránsito en su totalidad y,
adivinó: no pasa nada. ¿Hasta cuándo se les permitirán esos
abusos? Se denominan de distintas formas, pero no
tienen una remota idea de lo que representan, porque lo que les interesa
únicamente es el dinero que cobran por llevar a la gente a agitarse, y luego,
por mandarla a su casa, sin siquiera los típicos “torta y refresco” de antaño
que eran típicos en los movimientos políticos. En la actualidad, los que protestan no se
llevan nada. Además, incurren en delitos de toda índole,
porque llevan a mujeres con menores en brazos, para hacer “escudo” o “presión”,
como algunas dicen. Es natural que no tienen idea de las cosas que van a pedir:
solo dicen que quieren mejores condiciones de vida, pero no son capaces de
mover una mano para siquiera limpiar un automóvil o cargar una bolsa de mandado
para ganar algo. No. Todo lo quieren gratis, del gobierno
para ellos, pensando probablemente que sean los únicos en el mundo que merecen
que se les regale todo. Cuán equivocados están. Sus “dirigentes” seguirán utilizándolos con
membretes que no representan gran cosa, pero que la autoridad les ha permitido
existir. Los que manejan estas cosas viven como reyes, sin pagar impuestos ni
tener obligación alguna, y así, con ese cinismo manifiesto, se atreven a pedir
por los pobres. Insistimos en el término “pobre” porque
tiene muchas connotaciones, siendo en este caso la más adecuada la que utilizan
ellos para etiquetar a los que tienen condiciones económicas bajas, educación
limitada y nada que perder, aunque, de que “pegue” el plantón y les den algo,
es probable que haya predios o despensas. No saben que todo eso queda en manos del
líder y sus familiares, y ejemplos existen muchos en la entidad. Son unos verdaderos traficantes de la
necesidad de la gente que no quiere trabajar y desea todo gratis. Esos son los líderes que se atreven a
decirse “sociales”. ¿Cómo pensar en que sean líderes sociales
si joroban a todos cerrando calles, cometiendo actos de vandalismo, abusando de
los menores y más cosas? Es nuestro ferviente deseo que el gobierno
tienda la mano a los necesitados; no los más necesitados, sino a todos, porque,
finalmente, todos somos mexicanos, pero por favor, que lo hagan con
cuidado, protegiendo a la comunidad de estos vividores que mal visten con ropa
cara y lentes costosos, con camionetas último modelo; malos para combinar, pero
buenos para la extorsión. Esos son nuestros líderes sociales. Qué
tiempos en los que realmente se fajaban por los demás. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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