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Plagio intelectual o el cinismo total

Por: Carlos Santamaría 05/08/2015 | Actualizada a las 14:30h
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Una publicación de Milenio que compartió con nosotros el maestro Roberto Zúñiga Arias,  auténtico y real candidato al grado de doctor, de esos que sí estudiaron y están cursando sus estudios para merecerlo, nos hace ver la forma en que algunos pseudo investigadores hacen su agosto con trabajos plagiados.

El caso de la Universidad Nicolaíta de Michoacán hizo eco por la trascendencia; el autor del tal plagio y deshonor confesó que tenía años haciendo este tipo de acciones, e inclusive logró ser ingresado al Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt tomando textos ajenos, es decir, plagiando.

Nada extraordinario lo que confiesa este cínico ex profesor, y que ha sido copiado y multiplicado por infinidad de personas que dicen dedicarse a la investigación y lo que han hecho es, en primera instancia, robar los trabajos de sus alumnos de nivel licenciatura o maestría y tomarlos como propios, o contratar a alguien que escriba sus trabajos, e inclusive sus tesis doctorales. Sabemos de casos de esta naturaleza, aunque no existen los documentos que puedan sostener tal acusación que debiera perseguirse de oficio por parte de las universidades y consejos de cada Unidad y Facultad en México… y en el mundo.

La nota de Milenio explica que expulsó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología a Rodrigo Núñez Arancibia y Juan Pascual Gay del SNI por tramposos, es decir, después de que se revelara que plagiaron publicaciones especializadas.

El escándalo –dice la nota- inicia el 23 de julio cuando en el suplemento Campus del grupo Milenio se publica un testo titulado “la república de los doctores”, en el que Adrián Acosta Silva, quien funge como investigador del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad de Guadalajara comenta los escándalos referentes al plagio académico en el país.

Menciona declaraciones de la víctima de Pascual Gay y otras cosas que espantan, ponen a pensar a muchos sobre la valía o no valía de ser miembro del SNI, por la forma tan tibia en que se toman las decisiones hay muchos que viven de la investigación, aunque curiosamente, son profesores de tiempo completo, funcionarios en sus facultades o escuelas, directores en alguna dependencia oficial y también tienen tiempo para investigar.

Quien se dedica a la investigación sabe que no es humanamente posible publicar 6, 8  o 10 artículos en un año cuando se tiene esa carga de trabajo, a menos que se forme un grupo disciplinar donde otros hagan el trabajo y uno lo coordine, participando en la estructura final del producto de investigación.

Pero no nos engañemos; hay muchos “doctores” que tomaron su grado de forma ilegal, deshonesta y poco clara; algunos inclusive hicieron lo propio con sus herederos a quienes gestionaros títulos universitarios, o de licenciatura o de maestría. Negar lo anterior sería pecar de torpes, y la autoridad debe de aprender a reconocer las cosas que suceden, pero con la intención de mejorar lo que existe, lo que se presenta, y poner un “hasta aquí” a esos imperfectos y tramposos “académicos” que ensucian la actividad tan difícil y apasionante como es la investigación.

Conacyt asegura que es poco frecuente encontrar a estos tramposos, pero desgraciadamente los hay en las universidades y que pululan por sus pasillos con un cinismo terrible, inclusive diciendo a sus alumnos que tienen que entregar trabajos que utilizarán para sus artículos, so pena de reprobarlos. Ellos acceden por  la calificación de la materia de maestría o doctorado, y entonces los convierten en cómplices sin quererlo, o víctimas del abuso de esos pseudo investigadores, pseudo doctores y pseudo universitarios. Esos no merecen serlo, y lo sostenemos con la certeza de que quienes hemos tenido la maravillosa oportunidad de cursar estudios y hacer las cosas como se debe, tenemos la conciencia tranquila y pedimos que las instituciones limpien su casa de este tipo de deshonestos individuos.

Conacyt pone la muestra: toca ahora a las universidades del país limpiar la casa propia,  en bien de su reputación y de la investigación en nuestro país.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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