Una de las muchas peticiones que recibió el próximo presidente municipal de Victoria, Miguel González Salum, se refiere al hecho de que las multas de tránsito...
Por: Carlos Santamaría Ochoa04/10/2010 | Actualizada a las 14:51h
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Una
de las muchas peticiones que recibió el próximo presidente municipal de
Victoria, Miguel González Salum, se refiere al hecho de que las multas de
tránsito son demasiado elevadas, y se ha solicitado al personaje que influya en
la decisión del Cabildo 2011 – 2013 para que éstas sean disminuidas, ya que se
considera que la gente no gana para pagarlas. Si
y no tienen razón, con el debido respeto a cada opinión. Cuando
inició la actual administración, se llevó a cabo una reestructuración
–incompleta- del problema que significa la administración de Tránsito como
parte de la administración municipal, y como necesidad social, dado que es
básico que todos tengamos un aspecto positivo de convivencia, donde estemos a
gusto, gozando de todas nuestras libertades, pero sin agredir al vecino. En
el caso del automovilista, vemos con profunda tristeza que impera en nuestra
ciudad un ambiente de egoísmo total para manejar: no nos importa un comino el
pararnos en doble fila, y todavía, con un cinismo enorme, accionamos las luces
intermitentes, pensando que con eso ya tenemos derecho a obstruir el paso de
decenas o cientos de personas que, como nosotros, tienen LOS MISMOS derechos
para manejar. Es
estúpido pensar que somos los únicos del pueblo, como decía un buen amigo. El
hecho de obstruir afecta a cientos, y lo vemos todos los días en todas las
escuelas de la localidad: una sarta de holgazanes arriba del carro, obstruyendo
el tráfico por estar en la puerta exacta, sin permitir que sus obesos pequeños
caminen siquiera unos cuantos metros. Es una de las grandes problemáticas, sin
embargo, nunca hay quien oriente o con autoridad gobierne esos sitios pequeños,
olvidados de toda legalidad existente. Por
otra parte, quien maneja en estado de ebriedad tiene muchos conflictos, siendo
quizá el más importante el que el alcohol en exceso dentro del torrente
sanguíneo ocasiona que nuestros reflejos no sean los mismos: en otras palabras:
el alcohol nos idiotiza y podemos tener un accidente que, aparte de perjudicar
nuestra existencia o integridad, puede ser la causa de la muerte de inocentes
con quienes chocamos. Siempre
hemos manejado la idea de que la ley es la ley y debe aplicarse con todo rigor. En
ese sentido, quien maneja borracho, que pague mucho dinero por su
irresponsabilidad. A ver si así le duele perder dinero y deja de cometer
tonterías que ponen en peligro a todos los demás. Nos
hemos manifestado porque las multas por manejar ebrio fueran del orden de 10
mil o más pesos, de forma tal que nadie vuelva a hacerlo una vez que pague esa
fortuna por concepto de infracción. Uno
de esos “defensores” de las clases humildes nos reclamó la postura,
argumentando que los pobres no tienen tanto dinero para pagar esas multas.
Vamos por partes. Un
pobre no maneja, y cuando lo hace, tiene que tener cuidado al igual que un rico
o uno medio y medio, porque la cultura vial no respeta carteras o cuentas
bancarias ni estratos socioculturales existentes. Si
en manos del columnista estuviera la representación popular, pediría, en bien
de la gran mayoría, al flamante alcalde que entrará en funciones el 1 de enero
próximo, que NO disminuya el importe de las infracciones, pero que se garantice
que se aplican en forma adecuada y no conforme al criterio de un agente que
muchas veces lo que hace es ensañarse con el automovilista sin considerar las
verdaderas causas de la infracción. Le
pediría, también, que no dieran más comisiones a los agentes de tránsito,
porque esta medida ha propiciado, lejos de permitir un mayor control y flujo
adecuado de vehículos, el que se aposten en cruceros con sus “pistolitas”
cazando a cuanto automovilista pasa, porque cada infracción significa dinerito
para ellos, o sea, no se vale que se les pague un salario y comisión por
infracción. En
todo caso, que les quiten el sueldo y vivan como comisionistas, pues. Quien
viene a ocupar la silla del 17 Hidalgo es una persona mucho muy inteligente,
con experiencia en la administración pública y una persona proveniente de
familias con educación, o como dijera la abuela: decentes por donde se vea; de
esta forma, no necesitará hacer topillos para evitar responder al gobierno y la
gente que lo llevó al cargo. Don
Miguel es un hombre decente, pues, y no puede pensar en castigar con menos
severidad a ese grupo de “intocables” e irresponsables que manejan ebrios, o
aquellos salvajes –léase, peseros- que manejan a una velocidad peligrosísima. Le
pediríamos a Miguel que vigilara que los agentes cumplan con esa función
preventiva, porque la verdad, da miedo ver cómo pasan los conductores, así como
la velocidad en que lo hacen. Insistimos:
Miguel sí es un hombre bueno, inteligente y bien intencionado, por lo que
hacemos votos porque pueda gobernar y meter en cintura a esos que mencionamos
antes, así como a los que no utilizan placas de circulación o a los que se
sienten intocables. Entonces,
podremos gritar a los cuatro vientos: “No nos equivocamos”, y Miguel seguirá
siendo el gran alcalde que espera la capital del estado. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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