Unos se quejan de que es eterna, pero muchos le agradecen que el perpetuarse en el liderazgo abone lo que se requiere para que...
Por: Javier Rosales Ortiz03/10/2010 | Actualizada a las 18:47h
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Unos se quejan de que es eterna, pero
muchos le agradecen que el perpetuarse en el liderazgo abone lo que se requiere
para que un gobierno estatal camine de la mano de los burócratas y que le garantice
la estabilidad y la fuerza que le da un valor indicado a la palabra
sindicalismo. Ella, sin querer queriendo, se llevo de
calle la tarde con un evento sencillo, pero muy cálido, muy emotivo, que a
todas vistas fue del agrado del Gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández
Flores, cuyo semblante transitaba rápidamente entre la alegría y la tristeza,
porque lo que sucedió en ese lugar le caló no solo a él, sino también a los
cientos de burócratas he invitados especiales que estuvieron presentes. Fue una tarde de chascarrillos, de
recuerdos, de escasas poses falsas y de una entrega total, porque los
trabajadores del estado no regatearon en sus muestras de agradecimiento y de
solidaridad a su gobernante y a su dirigente sindical. Visiblemente agripado, pero sonriente,
Eugenio llego al Polyforum de Ciudad Victoria y de inmediato una ama de casa se
le acerco y dialogo con él. Al despedirse la señora le dijo: “Gracias señor
diputado”, lo que sorprendió al mandatario, para después lanzar una sonora
carcajada. Ya en el interior, Blanca Guadalupe Valles
Rodríguez, lideresa del SUTSPET, al hacer la presentación de los invitados
especiales, se refirió a uno al que le agradeció que conserve sus medidas
90-60-90 y fue el motivo por el cual algunos voltearan para buscar entre el público
a un dietólogo, entre los muchos médicos que estaban presentes. Blanca noto la reacción y de inmediato
menciono el nombre de Miguel González Salum, presidente electo de la capital
tamaulipeca. “Si, a él le debo estas medidas, porque fueron intensas las
caminatas que hicimos en los meses de campaña”. Luego, ante el micrófono al rendir su
informe de labores, Blanca se dirigió al gobernador y le dijo que afuera lo
llamaron diputado. Eugenio estiro los brazos y toco madera. Evidente, fue la química que se creo entre
los trabajadores y sus autoridades, al grado de lanzarles palabras cariñosas
con las que trataban de abrigarlos, de que asimilaran que ni ayer, ni hoy, ni
mañana estarán solos, que contaran con su respaldo. La lideresa prosiguió con la lectura de un
informe que detalló los beneficios que se han ganado a pulso los burócratas
durante la actual administración estatal, pero hubo un momento que impregnó de
nostalgia, de tristeza al local. Fue cuando micrófono en mano hizo un
reconocimiento al malogrado doctor Rodolfo Torre Cantú, a quién recordó con
respeto, con cariño y con gratitud, por su visión humanista. Primero fue el
silencio, luego el gobernador y todos se pusieron de pie y posteriormente se
escucho un estruendo de aplausos por tres minutos que pusieron chinita la piel. Al pronunciar su nombre con voz
entrecortada Blanca lloro y muchos de los burócratas bajaron la cabeza he
hicieron lo mismo. Es, Blanca, una mujer que le da continuidad
a los 42 años que lleva de vida la organización sindical y que con su
habilidad, carácter y don de persona le ha sabido arrancar pedacitos y
pedazotes a cada administración en turno para favorecer a quienes la conservan
en ese lugar, que son los burócratas. Por eso se llevo la tarde, porque lo espontáneo
se impuso. Frente a la desagradable pose. Y la nefasta falsedad. Correo electrónico: anecdotariorosles@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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