Siempre se ha dicho que los excesos son malos en todos sentidos. Lo mismo cuando comemos cualquier cosa en exceso, nos lleva a un desbalance nutricional...
Por: Carlos Santamaría Ochoa21/09/2010 | Actualizada a las 15:34h
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Siempre
se ha dicho que los excesos son malos en todos sentidos. Lo mismo cuando
comemos cualquier cosa en exceso, nos lleva a un desbalance nutricional, por
muy sano que sea el alimento: imaginemos que solamente nos alimentamos con
leche o con espinaca: habrá cosas buenas, pero también careceremos de otras y
habrá problemas con la salud.
Y
en cuestiones de aficiones, éstas pueden llegar a constituir un vicio que no
tiene precisamente buenos dividendos. Vemos a los hijos, por ejemplo, cuando
están “pegados” a los videojuegos, que llega a convertirse en un grave problema
lo anterior. No es que sean malos, dado que propician el desarrollo de habilidades
para el manejo de ordenadores y consolas electrónicas, pero sí es menester
entender que cuando no hay límites, las cosas cambian… para mal.
Aplica
inclusive al dinero: quien amasa fortunas desmedidas no puede tener una vida
tranquila y normal, porque desarrolla problemas o temores: quien llega a tener
cantidades insospechadas de dinero puede ser objeto de secuestros y actos
delictivos, o le puede suceder lo que a la famosa Paris Hilton, cuya posición
le ha llevado a pensar que puede hacer cualquier cosa, sin entender para qué
son los límites.
Todos
debemos tener límites y es función de los padres buscar que nuestros hijos se
desarrollen con éstos a tiempo, es decir, sin caer en excesos, ni de un lado,
pero tampoco del otro; ¡vaya! Igual de malo es cuando no les damos nada que
cuando les damos a manos llenas.
Y
la naturaleza también tiene sus límites y se sabe que los excesos no son
positivos.
En
materia agrícola, cuando no hay agua, la sequía mata cualquier posibilidad de
desarrollo agropecuario y económico de la región, pero cuando pasa lo que hemos
vivido en casi todo el país durante estas semanas, el agua se convierte en el
primero y principal enemigo de los agricultores: mata todo lo que inunda y deja
tantos daños como una sequía, es decir, los excesos, para cualquier parte, son
poco gratos.
Y
para muestra un doloroso botón: el estado de Veracruz ha resentido las intensas
lluvias de los días patrios y un poco más, donde hay ríos que se han desbordado
e inundado calles y pueblos enteros. Matamoros, en nuestro estado de Tamaulipas
también ha sido objeto de la fuerza del agua y ha dejado una estela de daño y
dolor que pocas veces se había sentido tan cerca.
El
presidente Calderón ha recorrido la zona afectada en varios estados y tiene ya
dispuesta una estrategia para ayudar a quienes lo necesitan, que la cantidad
que haya para esta emergencia será poca, dada la magnitud del problema.
Es
serio, y lo vemos en los espacios noticiosos que ahora no han pecado de
amarillistas, sino que han tratado de manejar la información en su magnitud
adecuada. Claro, no faltan los que exageran o explotan el sentimentalismo de
los mexicanos y nos muestran a una niñita casi en harapos, o a la madre de
ésta, preferentemente morena oscura, con manchas en la piel y suplicando ayuda.
Todo
esto es parte del “paisaje mediático” que vivimos a diario, y más en la forma
con que la lluvia se ensañó con nuestro territorio.
Hoy
nos toca dar una mano, y no como hicieron los actores –que no periodistas- de
conocida televisora nacional donde presentan a aquella señora que dice:
“nosotros siempre les hemos ayudado; hoy toca que ayuden a Veracruz”.
Pensamos
que cuando uno desea ayudar, no se necesita recordar que nos han ayudado,
porque una persona de buenos sentimientos sabe de la forma en que le han
tendido la mano y no espera otra cosa a cambio.
Y
es que la solidaridad del pueblo mexicano siempre ha quedado de manifiesto:
recordamos la manera en que, hace veinticinco años la población entera se volcó
a ayudar a la gente del Distrito Federal en aquel terrible año de muerte y
desolación.
En
las tragedias que hemos tenido en la entidad siempre ha habido la mano amiga
que nos apoya y levanta al que cae con una solidaridad ejemplar.
Hoy,
las personas que han sido golpeadas por las lluvias en el estado de Veracruz
están pidiendo nuestra ayuda.
El
agua que ha caído es buena para la agricultura, pero a nuestros compatriotas
los ha ahogado literalmente, y necesitan de nuestra ayuda.
Se
han publicado diversos números de cuentas bancarias en espacios televisivos, y
sería bueno que destinemos un poco de nuestros recursos, sean económicos o
materiales, para que la ayuda les llegue a quienes la están necesitando.
La
verdad es que está urgiendo la ayuda para todos ellos. Hacemos un llamado al
corazón de todos los mexicanos, para que en Veracruz y donde se considere
pertinente, tengan esa ayuda que podemos dar entre todos, y que, uno a uno,
puede ser la diferencia entre vivir desolado y existir con la solidaridad de
los mexicanos.
Demos
un poco de nosotros mismos, que la vida nos sabrá recompensar, pues.
Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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