Dice la diputada Leonor Sarre Navarro de Guerrero que hará la bancada panista todo lo posible para que no haya sordera en Tamaulipas, argumentando...
Por: Carlos Santamaría Ochoa20/09/2010 | Actualizada a las 15:37h
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Dice la diputada Leonor Sarre Navarro de Guerrero que
hará la bancada panista todo lo posible para que no haya sordera en Tamaulipas,
argumentando que se presentará una iniciativa al respecto. La idea, sin duda
alguna, es muy positiva, cuando se trata de que los pequeños que nacen con
deficiencias en el sentido del oído puedan recobrarlo, a fin de llevar una vida
completamente normal.
Sabemos que muchos de estos problemas se pueden
solucionar mas no curar, porque existen afecciones que dejan daños permanentes,
y en algunos casos también los seres humanos nacen con la deficiencia
manifiesta, o la falta de alguna parte del órgano, lo que les imposibilita para
recobrar el sentido de escuchar las cosas que suceden en su entorno, y por
consecuencia, a actuar adecuadamente.
La noticia tomada de un trabajo periodístico habla
inclusive de tipos de sordera y demás, habla de decibeles y otros factores que
son, sin lugar a dudas, bastante interesantes, porque cuando conocemos un poco
más, definitivamente tendremos mejores respuestas.
Dice la legisladora albiazul que todos los niños tienen
derecho a escuchar bien, y por ello quieren una ley que procure la detección y
atención temprana y oportuna de la hipoacusia, es decir, la disminución en la
capacidad de oír.
Sin embargo, es necesario establecer la enorme diferencia
existente entre oír y escuchar. La primera se refiere a una deficiencia física, y la
segunda, a una deficiencia provocada, quizá por indolencia o por acelere en las
respuestas solicitadas, pero es mucho más común en la población, y podemos
hablar de millones.
Por ejemplo: un niño que no tiene la capacidad para
aguzar el sentido del oído tiene problemas inclusive para trasladarse, dado que
el oído tiene mucho que ver con el sentido del equilibrio.
¡Vaya!, cuando uno escucha, se presume que es una persona
con equilibrio suficiente, porque no tiene esos traspiés tan severos.
Expone la legisladora que su propuesta tiene como
objetivo crear la “Ley de Detección Temprana y Atención de la Hipoacusia para
el Estado de Tamaulipas”, y la idea es que a todo niño recién nacido se le
estudie su capacidad auditiva, algo así como lo que se hace con el tamiz
neurológico, para que, en caso de que se requiera, reciba el tratamiento
adecuado.
La idea de la diputada Sarre Navarro es buena, porque
finalmente, se trata de dar un golpe bien dado a las discapacidades del ser
humano para que pueda desenvolverse de forma más congruente y armónica en la
sociedad.
Pero no ha considerado la iniciativa las consecuencias de
una inadecuada aplicación de estos estudios o esta ley: cuando la gente no es
atendida adecuadamente, surgen las discapacidades, algunas físicas, otras
psicológicas y las más graves, políticas.
En ese sentido, debiera la ley considerar algunos
capítulos destinados a hacer que puedan aguzar su aparato auditivo esos
políticos que no escuchan: los que llegan al congreso o a una alcaldía y suben
inmediatamente a una nube, dejando de escuchar las voces de aquellos que
votaron por ellos y que no tienen más esperanza que ser atendidos a cambio de
los votos.
Que aprendan a escuchar a la gente de las colonias que
exige una mínima atención en servicios públicos básicos, y que nos permitan
vivir un poco en forma decorosa.
Que no culpen a los fenómenos meteorológicos de sus
deficiencias y malversación de fondos públicos, a sabiendas que todos –o casi
todos- los ciudadanos pagamos nuestro impuesto predial por adelantado, es
decir, en enero, y suponemos que será bien empleado en servicios básicos, y no
en la instalación de concreto hidráulico en algunas calles –las menos- que por
lo general están habitadas por ex servidores públicos.
Debe, la diputada, contagiar a sus colegas para que hagan
valer la ley del voto directo y el cumplimiento de las promesas de campaña,
aunado a la responsabilidad que tiene la autoridad para responder a los
ciudadanos que pagamos impuestos y a diario vemos la manera en que nuestro
patrimonio se va a la calle –literalmente- a través de los miles –sin exagerar-
de profundos agujeros en las calles, y que aflojan cualquier unidad motriz,
provocando la erogación de grandes sumas para cuidar y mantener nuestro
patrimonio.
Debe también doña Leonor hacer que se cumpla con el
mandato popular “Vox Populi, Vox Dei”, y que por favor, obliguen a los que nos
gobiernan a escuchar nuestras quejas y sugerencias, nuestros reclamos, y
procurar, en una práctica positiva de la honestidad y probidad, las que por lo
general están ausentes en quienes llegan al cargo, para que, buscando la mejor
inversión de nuestro dinero –nuestro, porque son nuestros impuestos- nos
permitan acceder a una ciudad, si no precisamente de primer mundo, al menos de
una manera decente que nos permita trasladarnos sin tener que maldecir en cada
agujero a quienes por su apatía no nos atienden, y de paso, a sus
parientes, que son los que menos culpa tienen.
Ojalá le den visto bueno a esta ley, para que se obligue
a escuchar y atender esta necesidad ciudadana.
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Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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