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Sección: Editoriales / Escenario político
Terremoto del 85, los defeños huían del DF
Hoy es 19 de septiembre. Se cumplen 25 años de aquél terremoto asesino que cimbró a la capital del país...
Por: Marco Antonio Torres de León
19/09/2010 | Actualizada a las 14:04h
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Hoy es 19 de septiembre. Se cumplen 25 años de aquél
terremoto asesino que cimbró a la capital del país.
Hace 25 años sobrevino desde las profundidades de la tierra
un movimiento telúrico que provocó un terremoto multi-homicida que tuvo sus
efectos en el Distrito Federal.
Ahí murieron más de 30 mil capitalinos, que estaban en el
lugar equivocado, a la hora equivocada, como suele ocurrir en tales casos.
Un segundo basta para separar a alguien de la vida a la
muerte. Quizá un paso, una fracción de minutos.
A juzgar por las cifras oficiales más conservadoras, en
aquél terremoto de 1985 murieron apenas 8 o 10 mil personas. Pero evidentemente
el gobierno federal ocultó la verdad en sus cifras.
Desde entonces, un servidor conoció a cuando menos 3
personas viviendo en otras ciudades del país, todas ellas con un denominador
común: salieron del Distrito Federal huyendo, tras ver morir a parte de sus
familiares.
Uno de ellos fue MIGUEL ANGEL NIETO MERCADO, brillante periodista
ideólogo que hace semanas falleció aquí en Mante, víctima de un repentino
derrame cerebral. Fue periodista durante muchos años de su vida, a pesar de ser
Ingeniero en sistemas computacionales. Graduado en una universidad del DF
precisamente.
Un día, un inolvidable día de esos que Miguel Angel Nieto
escogía para platicar con sus amigos sus cuitas, me confesó tal revelación.
El motivo de su salida repentina del DF fue aquél
derrumbe de su casa donde moriría una parte de su familia. En aquél trágico 19
de septiembre de 1985.
Me platicó que vio morir a una parte de su familia.
Desde entonces Miguel Nieto escapó del Distrito Federal. Se marchó a
ciudades de la costa del pacífico y allá vivió algunos años, trabajando para el
gobierno del estado, en donde le fue fiel al gobernador de aquélla época.
Hace 16 o 17 años Miguel se vino a radicar
definitivamente al Mante, y como colofón de su destino, hace apenas dos semanas
falleció por muerte natural. Muerte natural por decirlo así, porque quiero
creer que no existe muerte que sea natural.
Otro amigo a quien conocí, por culpa del terremoto del 85
fue a ROBERTO DÍAZ MONJARÁS, clasificado –por mí- en el rango de chilango hasta
las cachas.
Roberto Díaz Monjarás llevaba en su tonalidad de voz el
sello de la casa.
Roberto fue un periodista (confieso que le perdí la pista, pues nunca más supe de él) a quien
conocí hace casi 17 años en un diario de San Luis Potosí.
Laborábamos juntos en el periódico El Sol de San Luis
para ser más explícito.
Ahí escribíamos juntos en la sección de Información
general y para mí era un gusto verlo llegar todos los días a las 9 de la mañana
a la redacción del diario, con su enorme estatura; juntos nos marchábamos una
vez que recibíamos ordenes de trabajo.
Noble como pocos, de una impresionante estatura, bonachón
y conocedor del medio periodístico, Roberto era un hombre y uno periodista
letrado, culto, notable conversador; extrañamente tenía cualidades bastante similares
a las de Miguel Angel Nieto.
Los dos, se veía en sus corazones, tenían resabios en
contra de la naturaleza, por haber sido
tan cruel.
Aquél terremoto provocó que miles de defeños huyeran a provincia.
Miguel y Roberto son dos ejemplos nada más.
El caso más patético fue el de don Beto, un ancianito, bolero
de banqueta (de cajón a la mano) a quien
muchos llamaban el “hermano Beto”; su rango de hermano le fue impuesto porque
al llegar al Mante se fue a refugiar a una iglesia local llamada “La Rosa de
Sarón”, iglesia donde supongo se refugiaba de su soledad.
Su ayudador era Cristo Jesús y no había momento en que no
lo predicara.
Su pasado fue trágico, pero don Beto no lo contaba a casi
nadie. No quería reabrir heridas.
Quizá quien esto escribe fue de los pocos privilegiados a
quienes él relató su pasado.
En aquél terremoto del 85 don Beto vio morir a esposa e
hijos en menos de 5 minutos.
Todo comenzó la mañana de aquél 19 de septiembre (un día
como hoy) mientras él fue a comprar
leche, pan y víveres, a donde lo mandó su esposa.
Todos dormían. Hasta su esposa, que calentaba el agua
para café. Pero el asesino implacable en unos segundos más, estaba por acabar
con la vida de su familia.
Por más de 15 años don “Beto” escogió como su centro de
trabajo las esquinas de Zaragoza y Guerrero, en El Mante, donde boleaba calzado
por 10 pesos.
Él fue uno más a quien la naturaleza traicionó. Una
víctima más de aquél movimiento telúrico.
Pasemos a otro asunto, que nada tiene qué ver con
terremotos.
Las comparaciones, además de odiosas son inevitables.
Pero también son sanas.
Existen dos o tres cosas que diferencian a MÉXICO de
CHILE, la nación sudamericana más austral junto con Argentina.
Una, que en CHILE le dan suma importancia al asunto de la
cultura, cultura de todo tipo, cultura musical, literaria, histórica, pintura,
cinematografía, etcétera.
Tanto así que su televisión nacional y su periodismo está
entre lo más culto y preparado que existe en América y el mundo.
Nada qué ver con la basura que TELEVISA nos endilga a los
mexicanos, y al putismo que promueve, tanto o más que los famosos anuncios
clasificados que osa publicar REFORMA, y contra quienes Televisa está en
contra, a juzgar por sus reportajes denunciadores.
No, tu no.
Televisa ataca la prostitución promovida por grupo
REFORMA, pero su programación está llena de putitas muestra-calzones; basta ver
el ejemplo del programa matutino diario “Hoy” de ANDREA TUGARROTE, perdón,
LEGARRETA y de GALILEA MONTIJO, lo peor que existe entre mujeres de sangre
mexicana sin cerebro.
Lo más dañino para la salud de una patria que merece algo
mejor.
Otra diferencia entre el actual MÉXICO y la nación
sudamericana, la más inexplicable, es que siendo Chile una nación fría por su
enorme elevación sobre niveles del mar, allá las mujeres gustan de andar desnudas,
mucho más que en México.
Esto sí es grave indudablemente. No para ellas, pues una
mujer no muere fácilmente de un resfriado; grave para los cachondos aztecas,
que merecemos mujeres más naturalitas.
Porque siendo México un país tropical, casi al nivel del
mar, lo menos que podíamos ver son mujeres de sangre azteca semidesnudas,
caminando por calles o playas en ciudades de la costa. Al menos.
Pero gran fiasco nos llevamos, al constatar que en mi
país no hay ni calles nudistas, ni playas (salvo una) ni nada por el estilo.
Las chilenas promueven el desnudismo como algo natural, posan
para www la nación.cl con singular
alegría. Pero en México sufrimos de hipocresía social; México vive reprimido
por muchos tabúes sociales.
A lo que la sociedad mexicana no ofrece resistencia
alguna es a las armas, metralletas, pistolas o tanques de guerra.
Como dirían seguidores de John Lenon, amor y paz. Hagamos
el amor y no la guerra.
Lástima que México no es Chile.
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