Las fechas que debemos recordar tienen algún argumento válido, al menos para la historia, pese a que algunos agoreros...
Por: Carlos Santamaría Ochoa12/09/2010 | Actualizada a las 18:01h
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Las
fechas que debemos recordar tienen algún argumento válido, al menos para la
historia, pese a que algunos agoreros de las malas noticias aseguran que tal o
cual héroe o acontecimiento no se han registrado con verosimilitud.
Se dice
que tal o cual héroe no fue como se escribió, sino que tiene una historia
distinta, por lo general, poco positiva, y entonces es cuando la gente habla de
que la historia la hacen los vencedores.
De los
niños héroes de Chapultepec se han dicho tantas cosas que no se sabe qué será
cierto y qué no. Ya hablan de que Juan Escutia no tomó la bandera y se cobijó
con ella para protegerla y se lanzó al vacío,sino que se tropezó, por lo que su gesta está descalificada. Hidalgo…
Morelos… Juárez… todos tienen parte de verdad y de mentira, sin lugar a dudas.
Pero este
13 de septiembre que se recuerda la batalla de Chapultepec en la que los seis
cadetes escribieron la página de historia que todos conocemos, habrá algún acto
importante en los monumentos que a lo largo del país existen, así como también
se llevarán a cabo programas especiales.
Pero, en
México existen otros “niños héroes”, a los que la historia no ha reconocido
pero que merecen la gratitud de todos nosotros, desde sus padres hasta el más
humilde de los mexicanos. Son los verdaderos niños héroes de la historia que a
diario se entreteje en las calles y rincones de nuestro país.
Son
aquellos que han perdido su infancia por estar en un crucero vestidos de
payasos, o con una urna para pedir dinero; otros, sin embargo, los más
clásicos, caminan con su caja de chicles buscando que usted o yo compremos algo
del producto para llevar el recurso a casa, muchas veces exigido por padres
irresponsables y holgazanes, y otras más, porque la madre no alcanza a cubrir
las necesidades básicas de la familia, a la que tienen que apoyar con su
incipiente fuerza de trabajo.
En otros
países los reclutan en fábricas de ladrillo o como cargadores. Recuérdese la
manera en que comienza en Estados Unidos aquel movimiento donde los niños eran
explotados en fábricas, y posteriormente, explota “la bomba” hasta buscar sus
derechos que, aparentemente son reconocidos y defendidos por un organismo de
esos que se consideran como “elefante blanco” llamado UNICEF, y que pertenece a
la Organización de las Naciones Unidas, argumentando y justificando su
existencia con bonitas tarjetas postales y productos, por lo general,
manufacturados por los mismos niños, y que compramos creyendo que les van a
ayudar.
Los
verdaderos niños héroes son los que lidian a diario con una problemática
familiar, los que necesitan ser librados de padres viciosos o golpeadores, de
padres que abusan de ellos física y sexualmente; de padres que les tratan a
golpes y les exigen dinero a diario, porque éstos –los padres- no tienen la
capacidad o inteligencia para salir a buscar el pan de cada día, pero sí para
procrear más y más pequeños que crecerán con una serie de conflictos existenciales
que les convertirán, seguramente, en padres golpeadores, violadores o algo por
el estilo.
Muchos
repetirán el patrón aprendido en casa, suponiendo que es la manera de ser
padres.
Mientras
esto sucede en nuestras calles y colonias, algunos personajes recordarán la
gesta de Chapultepec y estarán orgullosos de Juan Escutia y compañía y gastarán
una respetable cantidad de dinero en llevar una bonita ofrenda floral para
recordar su sacrificio, olvidándose de los niños que requieren de un recuerdo,
de que los tengamos presentes en todo momento, y que alguien haga algo por
salvarlos.
Esos
niños que se han convertido en delincuentes o que han abandonado la escuela por
estar en la vagancia total.
Esos
pequeños que no han tenido oportunidad de sentir en su nuca o su sien la mano
amorosa de mamá o papá, acompañando los vaivenes de arriba hacia debajo de un
“te quiero” o un amoroso beso. Esos niños que no tienen la oportunidad de vivir
en lo que llamamos hogar funcional, y que comparten la calle y las necesidades
urbanas con pordioseros, callejeros y pepenadores.
O esos
otros más que viven en los basureros municipales de todo el país, buscando
entre desperdicios lo que otros desechamos.
Jugando a
la pelota con un trozo de hule que semanas antes tiramos porque tenía un enorme
agujero por donde escapaba el aire; los que juegan con los soldados mancos o
cojos que nuestros hijos no quisieron más y cambiaron por un Nintendo o un Play
Station.
Esos
niños que requieren del apoyo para educarse, para aprender algo más que una
suma o una división: que quieren aprender a vivir decorosamente en un mundo que
ha sido particularmente agresivo con ellos.
A esos
pequeños habría que levantarles un monumento, y ubicarlo a un lado del que
ocupan hoy los que recordamos como cadetes del Heroico Colegio Militar.
Es hora
de recordar a los verdaderos niños héroes, pero además de ello, de ponerles la
debida atención, que mucha falta les hace.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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