Para los que nos gusta el fútbol, sabemos que un entrenador no podrá ser triunfador si no tiene buenos jugadores...
Por: Carlos Santamaría Ochoa24/01/2010 | Actualizada a las 16:11h
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Para los que nos
gusta el fútbol, sabemos que un entrenador no podrá ser triunfador si no tiene
buenos jugadores, con cualidades individuales, condición física y la
inteligencia necesaria, así como la disciplina para acatar las disposiciones
que el director técnico ha establecido como estrategia para aspirar al triunfo.
Esto aplica en
todo. En un grupo escolar, los muchachos tienen cada uno una misión que
realizar, y en esa medida pueden ser un equipo que aspire a la calificación de
excelencia.
La política
cuenta con los mismos atributos que se convierten en requisitos cuando uno
quiere formar parte de ese privilegiado grupo, y que tiene que comenzar con una
vocación de servicio que habrá de anteponer ante todo, aunque sabemos que todos
los que se dedican a la política también tienen ambiciones –en buen sentido-
personales y materiales.
Mentiría alguien
si dijera que no le interesa el salario del cargo o puesto que ostenta, que
busca o que quiere lograr. Todos necesitamos satisfacer necesidades materiales,
y por lo general, se requiere dinero para lograrlo, y si somos honestos, todos
buscamos un sueldo decoroso.
Y lo anterior ha
aplicado en muchas administraciones, municipales, estatales y federales: los
colaboradores son los que sacan el trabajo a flote, bien coordinados por la
cabeza política y administrativa, y entonces, se convierten en un gobierno que
pasa a la historia con un balance positivo. Suele suceder, aunque haya algunos
que, de plano, no den una y sean el “prietito en el arroz” de las
administraciones públicas.
Es cuando un
titular de determinada área suele entregar buenas cuentas: el secretario de tal
actividad ha dejado una importante huella. Detrás de él, sin lugar a dudas, se
encuentra un equipo de gente trabajando.
Cuando al
gobernador se le ofrece una reunión y dicta tareas, los secretarios cumplen,
bajando la instrucción a sus subordinados, y así, todo el engranaje
administrativo se pone a trabajar para que, entonces, el mandatario pueda dar
buenas cuentas a sus conciudadanos y gobernados.
Es la historia de
siempre: el “gober” pasa a la historia por su capacidad, y pocas veces se
reconoce al equipo de trabajo.
Sin lugar a
dudas, éstos últimos son los “responsables” del éxito en el trabajo. En algunas
ocasiones, los que tienen que ejecutar las acciones fallan “un poquito”, y
entonces, la gente, es decir, nosotros, a veces somos injustos diciendo que el
secretario, el alcalde, el gobernador o el presidente no hicieron lo que
debieran.
Hay por ahí un proyecto
que es una maravilla para quienes hemos tenido la oportunidad de conocerlo y
que tiene, como todo, su aspecto humano que a veces repercute en inexactitudes:
la Incubadora de Genios.
En este sentido,
la Secretaría de Educación en la entidad ha dispuesto que algunos niños y niñas
de primaria se integren a la Universidad Politécnica durante algunos meses,
para que éstos, previamente seleccionados por su capacidad individual, puedan
aprender algo más, sirviendo de base para que los futuros egresados de la misma
sean esos individuos de calidad que necesita el estado y el país.
El gobernador
estuvo recorriendo la universidad de referencia y saludó a los chiquillos; a
los padres, nos dijeron que a partir de enero estarían nuestros hijos acudiendo
a clases, previo acuerdo de formalidad en nosotros, porque el lugar de los
hijos era privilegiado, y teníamos que apoyarlos, no faltar, no dejar de
llevarlos, porque no se vale que el gobierno invierta en este tipo de programas
y la sociedad no los aproveche.
Todo bien,
¡pero…!
Nos avisaron que
durante los primeros días de enero nos dirían a partir de qué día llevaríamos a
los hijos. Termina enero y no hay noticias, aunque nos hemos enterado apenas el
viernes pasado que ya iniciaron clases.
¿Y nuestros
hijos? Pensarán los del programa de incubadora de genios que no nos interesó la
oportunidad que el gobierno de Geño les ha dado a los sobresalientes.
A alguien se le
pasó dar la indicación y simplemente, los hijos nuestros nunca recibieron la
notificación, ni sus profesores ni sus directores.
Como dijera aquel
cómico famoso de apellidos Gómez Bolaños: a alguien “se le chispoteó” y no dio
la indicación adecuada. Los hijos ya perdieron clases, que esperamos se las
recuperen.
No podemos juzgar
una administración o secretaría por la negligente actitud de alguna persona,
pero sí es importante poner atención, para que en lo futuro o sucedan estas
cosas.
Qué bueno que hay
programas que motivan el crecimiento intelectual de los hijos, los niños del
futuro, pero más bueno será si todos hacemos lo que nos corresponde.
La Incubadora de
Genios, tardará unos días más en dejar sus frutos, pero eso no será motivo para
que los niños seleccionados hagan su mejor esfuerzo, o al menos, eso esperamos.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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