Cuando Gustavo Cárdenas Gutiérrez fue presidente municipal de Victoria, -aunque muchos dicen que no ganó la elección sino que fue una negociación...
Por: Carlos Santamaría Ochoa11/09/2010 | Actualizada a las 17:15h
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Cuando
Gustavo Cárdenas Gutiérrez fue presidente municipal de Victoria, -aunque muchos
dicen que no ganó la elección sino que fue una negociación con el otrora líder
cetemista Fidel Velázquez-, hubo muchas cosas que propiciaron buenos y malos
comentarios, como suele suceder en todas las administraciones.
Los
panistas de siempre no dejaron de alabar cuanta obra llevaba a cabo el hijo de
don Jorge, y no perdían oportunidad para hablar de todo lo que se pudiera
utilizar en favor de Gustavo. Por el contrario, muchos malos políticos
refutaron su accionar haciendo ver que no tenía nada que hacer en la alcaldía.
Inclusive,
le acusaron de muchas cosas, y cuando el gobernador Manuel Cavazos Lerma
apretaba con el presupuesto, lo acusaron de ser populista, hasta con el mote de
“Fray Escoba”, cuando salió a barrer las calles personalmente.
Muchas
cosas sucedieron y los paganos fuimos los victorenses, dado que el
enfrentamiento entre Cavazos y Cárdenas no nos dejó precisamente algo positivo.
Se
habló mucho, y los politólogos que no entienden de política alimentaron cuanto
rumor pudieron: ya hablaban que el edil victorense era tal o cual cosa, y hasta
de terrorista le acusaron.
Sin
embargo, una de sus obras que fue recordada por años fue el canal que mandó
construir junto a la vía del tren.
Los
que habitamos en sitios como Las Adelitas sabemos lo positiva que fue la obra,
dado que, cualquier llovizna provocaba el que nuestras calles se
inundaran, principalmente la que lleva el nombre de Jesús Elías Piña, y que es
la principal de esta unidad habitacional, y por donde el flujo de transporte
público es realmente importante.
Cuando
construyeron el mencionado canal, dejó de inundarse en este populoso sector.
Obviamente,
los que vivimos aquí estábamos muy agradecidos con la obra, aunque viéndolo
fríamente, era una cosa que se tenía que hacer, y Cárdenas Gutiérrez no hizo
más que cumplir con el mandato que le llevó al poder municipal.
Con
el paso de los años, la obra, como todas de tu tipo, requirió de mantenimiento,
el cual fue llevado a cabo durante un tiempo determinado. Luego, como suele
suceder, quedó en el olvido.
El
dinero de los victorenses quedó obsoleto en su inversión, dado que las
subsecuentes administraciones no hicieron lo que debían: una revisión a fondo
de las obras prioritarias de la ciudad para programas la construcción de las
faltantes, pero sin dejar a un lado el mantenimiento de las ya existentes, que
finalmente, costaron un dinero de la gente, no de alguien en particular.
Ese
canal le llamábamos cariñosamente el “intracosterito”, ‘porque fue tiempos que
Cavazos se aferró a la construcción de aquel Canal Intracostero que, según
decía, iba a cambiar la economía y la fisonomía del Tamaulipas de entonces.
No
previó el daño ecológico y demás, que finalmente acabaron por hacer que la obra
abortara, no sin antes haber pagado cientos de millones de pesos a contratistas
amigos del régimen, a consultores y mucha gente que, sin hacer la obra, quedó
no rica, sino millonaria.
Pero
volviendo a Las Adelitas: hoy, en canal ha quedado obsoleto y cuando ha llovido
las aguas fluyen por distintas partes, haciendo que algunas calles se
conviertan prácticamente en ríos, como sucede con la principal: allá en la
entrada, justo frente a la maquiladora, el poco pavimento que queda bueno está
verde, mohoso, lleno de hongo de humedad, porque el agua corre a diario, a toda
hora, y ninguna autoridad se ha percatado al parecer.
La
economía de la gente que vive ahí se ha deteriorado. Sus automóviles viven
mojados por los salpicones de las peseras y carros que por ahí circulan, y la
gente tiene que salir con mucho cuidado, so pena de que sean bañados por un
vehículo que pase rápidamente.
¿Dónde
está la supervisión de obras?
Suponemos
que aquí habría que platicar con gente de la Comisión de Agua Potable y
Alcantarillado para hacer un estudio viable que permita solucionar el problema,
así como con gente de Obras Públicas para la ejecución y un experto que ayude,
como sucedió con Gustavo, para que lo que se haga dure un buen tiempo.
Somos
muchos los afectados, y además, el pavimento que fue dañado por los embates
climatológicos está deteriorándose más al estar expuesto todo el día al agua.
Es
cuando pensamos que no se vale tirar el dinero que por vía de los impuestos
llega a la autoridad, y es cuando alguien debe hacerse cargo de las obras en
beneficio de la ciudadanía.
Pensamos
que una revisión al “intracosterito” victorense podría ser una muy buena
estrategia de accionar y hasta publicitaria, porque la cantidad de
beneficiarios es mayúscula.
No
dudamos que haya voluntad para hacerlo, pero para que se pueda llevar a cabo,
es menester que la autoridad conozca cuales son nuestros verdaderos problemas
de obra, y eso, es parte de su trabajo.
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entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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