Cuando en México se creó el Pacto Federal --que es la razón de ser del sistema político que aún nos rige--, cada una de sus partes...
Por: Juan Sánchez-Mendoza09/09/2010 | Actualizada a las 22:48h
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El Gobierno
Federal no cumple con su compromiso Los estados
han sido marginados pese al convenio La
administración de impuestos peca de centralista Peña Nieto
va por la primera cabalgata mexiquense Cuando en México se creó el Pacto Federal
--que es la razón de ser del sistema político que aún nos rige--, cada una de
sus partes (es decir, los gobiernos estatales y la Presidencia de la República)
asumió el compromiso de respetar los acuerdos signados en 1824 y los
ulteriores, pues en ellos reposa la equitativa distribución de la riqueza que,
sin embargo y al paso de los años, se ha tornado anárquica porque a los estados
que más ingreso aportan vía recaudación fiscal es a los que más se les
conculcan las participaciones. Quienes hoy representan a 32 (de los 33) integrantes del Pacto Federal
–o sea los gobernadores--, saben bien que este sistema de gobierno es el
resultado de grandes confrontaciones armadas y acalorados debates, como lo
demuestran las distintas constituciones que han regido la vida de nuestro país
durante los dos últimos siglos. Durante ese tiempo las disputas se han dado en diversos escenarios:
primero por la vía de las armas, al enfrentarse las corrientes federalistas y
centralistas durante el siglo XIX; y posteriormente en la época del porfirismo,
cuando la lucha por el poder surgió hacia el interior de ése sistema
autoritario que presentaba la paradoja de un federalismo formal y una práctica
centralista.
Esta anomalía, sin embargo, no acabó con la caída del dictador, sino que
encontró las condiciones favorables para reproducirse a lo largo del siglo XX,
pues cada presidente de la República hizo cuanto le fue posible para tener
mayores facultades en perjuicio de las entidades federativas.
Lo peor del asunto es que desde los albores del siglo XXI, cuando en
México se instauró una copia mal reproducida del sistema neoliberal, los
estados federados han sido más relegados del reparto financiero que por ley les
corresponde.
Incluso hay casos en que su soberanía ha sido claramente violentada por
la administración presidencial. Disociación por recursos Un documento elaborado por la misma Federación, refiere que “desde su
origen el federalismo mexicano tuvo por objetivo unir sin fusionar, y
diferenciar sin dividir”. Esta fue la premisa para crear la primera Constitución de la República
(1824), que estableció el régimen federal y otorgó facultades tanto a la Unión
como a los estados, a fin de que cada uno procurara, en su ámbito de
competencia, la prosperidad de la nación y el bienestar de sus habitantes.
Hacia 1847 se propuso delimitar la competencia tanto del poder federal
como del estatal, a fin de evitar la invasión de facultades que lo mismo
atentaba contra la soberanía de las entidades como amenazaba la Unión, pero
finalmente prevaleció el planteamiento de que los poderes federales debían
circunscribirse sólo al ejercicio de las facultades que de manera expresa les
otorga la Carta Magna.
Luis Pineda y M. Alberto Mendoza G. son dos estudiosos del tema, y sobre
éste han escrito:
“El federalismo mexicano está inspirado en el modelo centralista
español, y en la integración de los Estados Unidos de América… es un sistema de
gobierno que tiene como objeto principal formar una nación única… su forma de
gobierno es de tipo presidencial, porque el presidente de la República es jefe
de Estado y de gobierno al mismo tiempo… la Constitución le otorga más
facultades que a los otros poderes…” Coordinación fiscal En un documento elaborado ex profeso, los mismos investigadores citan: “A lo largo de su historia y durante los últimos 75 años,
aproximadamente, el federalismo había estado cumpliendo con sus objetivos de
mantener la articulación de las entidades federativas y conducir al país hacia
un modelo de desarrollo.
“El federalismo encuentra su mecanismo de expresión a través del Sistema
Nacional de Coordinación Fiscal (SNCF), que es el arreglo entre los distintos
órdenes de gobierno para la administración, cobro y recaudación de los ingresos
públicos.
“Este sistema funcionó de acuerdo a la dinámica del país; fue el que
permitió la época del crecimiento y el desarrollismo, ya que el Gobierno
Federal era el más eficaz para cobrar la mayor parte de los impuestos.
“Su antecedente se encuentra en las Convenciones Nacionales Fiscales de
1927, 1933 y 1947; ahí se estableció la mejor manera de organizar los recursos
económicos del país. Recordemos que México venía saliendo de la Revolución y
sus secuelas, donde cada estado establecía sus impuestos; sus alcabalas y un
exceso de papel moneda circulaba ‘locamente’. Era la época de las garitas estatales,
donde cada entidad federativa establecía y cobraba sus propios impuestos.
Existían, además, ejército y fuerzas armadas regionales.
“Es a raíz de estas convenciones y con la SNCF que se inició un proceso
de armonización. En un primer momento de los municipios con su estado, y
posteriormente de las entidades con la Federación. Esto obedeció a un momento
en que era importante lograr la unidad como nación, e implicó un fuerte
centralismo que caracterizó el siglo pasado, y que determinó que los impuestos más
importantes los aplicara la Federación”.
Sobre el particular, otro análisis presentado ante los gobernadores y el
señor de Los Pinos, confirma que “antes de la aparición de los primeros
antecedentes claros de la coordinación fiscal, la situación existente en esta
materia en México se caracterizaba por la multiplicidad de tributos federales,
estatales y municipales; la complejidad del sistema tributario; la existencia
de leyes fiscales a menudo contradictorias, y las exacciones desproporcionadas
e inequitativas en gravámenes concurrentes.
“Para corregir esta situación –consigna el documento--, se realizaron
inicialmente las Convenciones Nacionales Fiscales.
“Éstas constituyeron un esfuerzo de unión, de colaboración y de
ordenamiento de la concurrencia y las potestades tributarias, orientado a
pactar acuerdos entre los gobiernos de las entidades federativas y el gobierno
federal, así como para compartir el rendimiento de los impuestos.
“Así, a finales de 1953 se crea la Ley de Coordinación Fiscal que unió a
algunos estados mediante un convenio que los obligaba a derogar contribuciones
locales a cambio de recibir participaciones de la Federación.
“Hasta 1972 se habían coordinado solamente 18 estados de la República; a
partir de 1973, todos los estados fueron coordinados al reformarse la Ley
Federal sobre Ingresos Mercantiles, con una tasa única general del 4% aplicable
en toda la República, en lugar de la tasa federal que existía del 1.8% y la
tasa del 1.2% de los estados que se coordinaran. “Posteriormente, la Ley de Coordinación Fiscal de 1980 deroga la Ley de
1953 y origina lo que hoy conocemos como el Sistema Nacional de Coordinación
Fiscal.
“En México la coordinación fiscal se ha centrado fundamentalmente en el
aspecto del ingreso. Sin embargo, en la última década se iniciaron procesos de
descentralización del gasto federal en educación y salud, transfiriéndose
recursos a los estados con facultades limitadas, en un modelo centralista e
insuficiente que no responde a las necesidades actuales.
“Si bien es un hecho incuestionable que las haciendas públicas de las
entidades federativas y de sus municipios se han fortalecido en el contexto de
la Coordinación Fiscal en estas tres décadas, también es cierto que este
sistema se encuentra prácticamente agotado y debe ampliarse su horizonte hacia
una coordinación integral del ingreso, el gasto y la deuda entre los tres
órdenes de gobierno. Todo ello encaminado al urgente fortalecimiento del
federalismo mexicano que debe ser, no sólo fiscal, sino también hacendario.
“Hoy, transcurrido poco más de medio siglo de la última Convención
Nacional Fiscal, es imperante la búsqueda de un nuevo federalismo que
fortalezca las haciendas públicas estatales, dé renovado impulso al desarrollo
regional y transforme el actual esquema centralista de la Federación”. ¿Nuevo tratado? Para algunos estudiosos del tema es necesario realizar una serie de
ajustes profundos que permitan al país adaptarse a una nueva realidad para así
lograr un desarrollo incluyente y equitativo.
Pero no es idea original del actual Presidente.
Esta lucha por un auténtico federalismo otrora estuvo encabezada por la
Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), aun cuando desde su nacimiento
haya encontrado serios obstáculos por parte del gobierno federal.
De cualquier forma hoy la batalla parece estar perdida más para mal que
para bien, pues Felipe Calderón Hinojosa no sólo recorta recursos a su libre
arbitrio, sino que igual busca imponer más y mayores impuestos con el rollo de
que aplicándolos habría menos pobres. Y a esa maniobra, hoy, sus panegiristas han dado en llamarla un “nuevo
pacto fiscal”. No así los gobernadores priístas y no priístas. Se hace camino al andar *** Los honores a la Bandera Nacional que semana a semana rinde la
administración de Eugenio Hernández Flores, el lunes 13 de septiembre se
llevarán a cabo en el Paseo Méndez para conmemorar a los Niños Héroes que en
1847 enfrentaron a los yanquis invasores.
*** Ese mismo día el mandatario
estatal habrá de participar en la primera cabalgata que se lleve a cabo en el
Estado de México, a invitación expresa de su homólogo Enrique Peña Nieto.
*** Del evento habrán de surgir
muchas lecturas, por supuesto. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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