Cuando alguien se decide a abrazar la carrera de la política, es porque tiene ambiciones personales, sin duda alguna, y miente quien diga que lo hace...
Por: Carlos Santamaría Ochoa09/09/2010 | Actualizada a las 17:57h
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Cuando
alguien se decide a abrazar la carrera de la política, es porque tiene
ambiciones personales, sin duda alguna, y miente quien diga que lo hace
“únicamente” por el afán de servir.
No
podría ser un buen gobernante quien no ambicione cosas, pero cuando la ambición
se sale del contexto, suele ser el más peligroso de los enemigos para el ser
humano y la comunidad en la que se desenvuelve.
Y
quienes han tomado esa responsabilidad piensan, ya cuando están en el cargo que
les ocupe, sea municipal, estatal o federal, en la forma de hacer mejor las
cosas. Quien juzga sus acciones es la historia, y es una jueza muy implacable,
porque no tiene miramientos ni sentimientos: cuando alguien obra mal, queda
marcado por siempre y, por el contrario, cuando se hacen bien las cosas, suele
haber una recompensa gratificante. Recuérdese al inolvidable Américo Villarreal
Guerra, un gobernante que todos recordamos con afecto por su forma de
entregarse a su pueblo. Y como él, habrá otros más.
En
la frontera mexicana, desde Baja California hasta el último rincón de
Tamaulipas –Matamoros, pues- hay dos formas de vida: muchos critican en forma
chusca la manera de hablar inclusive de la gente. Se dice que no es correcto
“parquearse” sino estacionarse y así, muchas cosas tienen influencia mexicana y
norteamericana, entendiendo por este último término a la cultura –muy pobre- de
los EEUU, la nación otrora más poderosa y que viene en franca decadencia.
Ahí,
en la franja, en ambos lados del cruce, nacen los “pochos”, la forma de
expresión que algunos cultos llaman “espanglish” porque constituye una mezcla
de ambos idiomas, y así, las modas y demás.
Las
hamburguesas son más comunes en esta franja y obviamente, hay más obesidad.
En
Reynosa, Matamoros o Nuevo Laredo, así como en municipios con densidad
poblacional menor se llevan a cabo transacciones en pesos… y en dólares.
Recordamos
de siempre que en estos sitios hay casas que se rentan en dólares cuando la
moneda de curso legal es el peso mexicano.
Sin
embargo, para la gente de la franja fronteriza lo más normal es llevar consigo
un billete de 500 pesos acompañado de uno de 100 dólares, y pagar en una u otra
moneda. El destino ha querido que sea así en toda la frontera, insistimos,
desde Baja California hasta nuestro querido Tamaulipas.
También
hay gente que tiene cuenta de inversión en algún banco mexicano y otro del
Valle de Texas, o tienen propiedades en ambas partes, en los dos países.
Es
lo más normal en la frontera con los Estados Unidos de América, e
históricamente se ha manejado así.
Hoy,
la Comisión Nacional Bancaria y de Valores asesta un nuevo golpe a la
ciudadanía y a la economía del país: a partir de ya no se puede pagar siquiera
un refresco en alguna tienda de abarrotes en dólares: todo debe ser en moneda
mexicana.
Los
argumentos, algunos los conocemos, otros, los justifican con declaraciones
fuera de contexto e inteligencia: buscan desalentar el curso ilegal de divisas
de toda índole, y piensan que prohibiendo a todos gastar un dólar que tengamos
en casa van a solucionar la enorme problemática del país.
Recordemos:
muchos americanos vienen a nuestro país y tienen en sus carteras billetes
“verdes”, y los gastan en un restaurante o tienda, en un hotel o inclusive,
para pagar un taxi.
¿Qué
le sucede a nuestro gobierno?
Ya
nos quitaron el privilegio de hablar, de expresarnos, y ahora nos quitan el
derecho a tener dólares o gastarlos en lo que nos venga en gana.
No
hablamos de ir a pagar un artículo o servicio en miles o millones, pero… ¿y los
mexicanos, qué culpa tenemos de los temores de la Federación?
No
nos queda duda que esta medida deberá afectar enormemente a la economía de la
frontera mexicana, y tampoco dudamos que dentro de poco no podamos ya siquiera consumir
un producto libremente.
Ya
nos prohíben consumir lo que llaman productos “chatarra”, pero el gobierno
sigue dándoles licencia de venderse en el país, a sabiendas, como dicen ellos,
que hace mucho pero mucho daño. ¿De qué se trata?
Y
lo que sigue: aparte de amenazar con que durante 2011 seguirá subiendo el gas y
la gasolina, porque no se tiene la capacidad de frenar esta escalada
inflacionaria, ya con el anuncio de que no se permitirá el manejo de facturas
de papel, solo falta que nos prohíban leer diarios porque se hacen con papel y
ecológicamente no es bueno, o que, de plano, promulguen una ley marcial y toque
de queda, además de prohibir ir al cine porque está oscuro y no se ve nada
claro para el Sistema mexicano.
Solamente
nos falta, que en un alarde de incongruente espíritu patrio nos restrinjan
todos los derechos constitucionales, porque con un gobierno con características
similares a las de aquel hombre que conquistó Alemania, no podemos esperar nada
bueno.
Y
cuidado, porque luego hay represalias que nos hunden, tratando de acallar las
voces de protesta.
Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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