Siempre vemos esta frase y la ligamos con la legalidad; se supone que el estudio del derecho se refiere a las leyes y demás, que los abogados ven por el cumplimiento...
Por: Carlos Santamaría Ochoa08/09/2010 | Actualizada a las 15:04h
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Siempre vemos esta frase y la ligamos con la legalidad;
se supone que el estudio del derecho se refiere a las leyes y demás, que los
abogados ven por el cumplimiento de las leyes y su profesión es precisamente
relacionada con éstas. Nada haya más inexacto en la realidad.
Sabemos que en México somos especialistas en improvisar: hay
un doctor en agricultura o un ingeniero en salud, al igual que un economista en
educación o un profesor en tránsito: da igual, porque finalmente, los
resultados son los mismos: el desencanto ciudadano, el enojo de los que vivimos
a diario injusticias y falta de precisión en el trabajo, los que votamos y
luego tenemos cosas que no eran las prometidas.
Cosa de todos los días.
Pero, se preguntará el lector a qué viene el título del
estado de derecho. Bien, la explicación tiene que ver con una serie de reflexiones
meramente personales.
Todos los días vamos a la escuela a dejar a los hijos o
hijas y encontramos gente estacionada en doble y hasta triple fila con una
conchudez que llama la atención: les importa un comino el estorbar, porque
finalmente, son los que piensan que “un poquito” no es malo, y además, es para
dejar a sus hijitos en la escuela, pensando que seguramente su pequeño heredero
es el único niño del mundo.
No pensar en los demás es egoísta, estúpido… y normal en
nuestros días.
No hay autoridad capaz de meter en cintura a estas
personas, al igual que los que transitan llamando a celulares; es muy común ver
damas con camionetas grandes y lujosas, con el niño en brazos, el celular en la
mano y además, con una falta de pericia para conducir que llama la atención,
por no decir que da miedo.
Luego, ver a la gente que ha pintado de azul la ciudad,
en el sentido de que todo mundo, en una actitud demasiado egoísta e ilegal
pintan los frentes de sus domicilios como si viviera alguien con alguna
discapacidad física. Se olvidan que este “privilegio” es para apoyar a quien lo
necesita, y no a quien maneja una aparente falta de capacidad intelectual y
ciudadana. No somos dueños de los frentes de casa, y la ley obliga a la gente a
NO estacionarse en las cocheras, pero nada más.
Todo mundo, en el centro de la ciudad, tiene pintado de
amarillo o azul, como si fueran los dueños de las calles, y eso estorba, enoja,
incomoda…
Por otra parte, miles transitan sin placas ni permiso: de
todas edades y condiciones socioeconómicas, como si les importara menos que
nada el cumplir con la ley, pero lo más grave es que se les permita hacerlo, o
transitar con placas vencidas. ¿Dónde está el hecho de cumplir con la ley, o de
acatarla?
Vamos a la presidencia municipal a pedir que nos condonen
los recargos por no pagar predial a tiempo, y conseguimos que nos quiten ese
dinero que merecemos desembolsar por incumplidos. Nadie puede pretextar no
tener recursos para pagarlo: tenemos un año para juntarlo si somos precavidos,
pero si lo dejamos para el último minuto, seguramente tendremos problemas.
Luego, la forma en que hacemos declaraciones fiscales,
procurando evadir lo más que se pueda. En ese sentido, quizá tengamos razón en
el sentido de que no vemos claro con la autoridad: los principales reclamos
ciudadanos están siendo ignorados, y los servicios públicos y bienes no se
encuentran a la altura de una ciudad como la nuestra.
Total, que aquí es “normal” circular sin placas,
estacionarse donde sea, manejar bebiendo alcohol, o sin licencia o con el
celular y el niño en la mano, y violar cuanta disposición existe, entre
semáforos, lugares de aparcamiento y todo lo que se pueda.
Estamos a merced de los que gustan de incumplir la ley,
pero más grave aún, que no tenemos gente que se dedique a hacerla cumplir.
¿Dónde quedó el estado de derecho?
Imaginemos qué sucedería si nos proponemos cumplir con la
ley, evitando abusos y demás, quitando esos letreros de exclusividad y de
discapacidad que no son reales, procurando transitar con placas, con licencia
vigente, a un límite de velocidad marcado por la ley, y evitar el manejo de
vehículos en estado inconveniente.
Sería otro Victoria, otro Tamaulipas y otro México, sin
lugar a dudas.
Pero nos pasa de noche la necesidad de pensar en la ley y
sobre todo, en los demás, porque, finalmente, la ley se hizo para que todos
pudiéramos convivir en forma armónica y pacífica, que todos tengamos el respeto
hacia los demás, pero sobre todo, al estado de derecho, a la ley y a la
autoridad.
Cierto es que la autoridad no se da a respetar por las
acciones abusivas de que somos objeto a diario y a la falta de respuesta en las
necesidades de todos, pero si les mostramos el respeto que deben tener –aunque
no lo merezcan-, si les exigimos cumplimiento y cumplimos, otra cosa será de
nuestra muy querida capital tamaulipeca.
Merecemos un poco más que vivir dentro de tanta violación
a las leyes, de tanta apatía por parte de nosotros mismos. Seamos congruentes:
si exigimos a la autoridad cumplimiento, cumplamos con todas las leyes, o de lo
contrario, aguantemos en silencio.
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entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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